DICCIONARIO MÉDICO

Antiandrógeno

Un antiandrógeno es un fármaco capaz de inhibir los efectos biológicos de los andrógenos, las hormonas sexuales responsables del desarrollo y mantenimiento de los caracteres masculinos. Los antiandrógenos intervienen en puntos distintos de la cadena hormonal: algunos bloquean el receptor celular, otros frenan la síntesis de la hormona y un tercer grupo impide la conversión de testosterona en su forma más activa. Su empleo abarca campos tan dispares como la oncología urológica, la dermatología y la endocrinología reproductiva.

Qué es un antiandrógeno

Desde una perspectiva farmacológica, se denomina antiandrógeno a toda sustancia que antagoniza o suprime la acción de los andrógenos en los tejidos diana. El término combina el prefijo griego ἀντί (antí, "contra") con la voz andrógeno, compuesta a su vez de ἀνήρ, ἀνδρός (anḗr, andrós, "varón") y el sufijo -geno (del griego γεν-, "que engendra"). Literalmente, un antiandrógeno es un agente que actúa "contra aquello que engendra lo masculino".

Para entender qué hace un antiandrógeno conviene recordar el recorrido normal de los andrógenos. La testosterona, el andrógeno circulante principal, es producida en gran medida por los testículos bajo el estímulo de la hormona luteinizante (LH) secretada por la hipófisis. Las glándulas suprarrenales aportan una fracción menor. Ya en el tejido diana, la testosterona puede transformarse en dihidrotestosterona (DHT) mediante la enzima 5α-reductasa, y la DHT es varias veces más potente que su precursora en ciertos tejidos, como la próstata y el folículo piloso. El antiandrógeno puede interrumpir este proceso en cualquiera de sus etapas.

Mecanismos de acción

No todos los antiandrógenos operan del mismo modo. Según el punto de la cadena hormonal donde actúan, se distinguen tres estrategias principales.

Antagonistas del receptor de andrógenos. Compiten con la testosterona y la DHT por el sitio de unión en el receptor androgénico intracelular. Al ocupar ese receptor sin activarlo, impiden que la hormona ejerza sus efectos sobre el núcleo celular. Es el mecanismo que define al antiandrógeno en sentido estricto. La flutamida, de estructura no esteroidea, fue uno de los primeros agentes de este grupo en alcanzar uso clínico generalizado a finales de la década de 1980.

Inhibidores de la síntesis de andrógenos. Bloquean enzimas que participan en la producción de testosterona, ya sea en las gónadas o en las glándulas suprarrenales. Algunos actúan sobre la enzima CYP17A1, que cataliza pasos clave en la biosíntesis esteroidea. El resultado es una caída en los niveles circulantes de andrógenos, no solo un bloqueo del receptor.

Inhibidores de la 5α-reductasa. No reducen la cantidad de testosterona en sangre, pero impiden su conversión en DHT dentro de los tejidos. La próstata y el cuero cabelludo son los dos territorios donde este mecanismo tiene mayor repercusión clínica, porque en ambos la DHT ejerce un papel preponderante. Es frecuente que estos compuestos se mencionen junto a los antiandrógenos, si bien en rigor no antagonizan al receptor androgénico sino que limitan la formación de un metabolito activo.

Clasificación según la estructura química

Aparte de la clasificación por mecanismo, los antiandrógenos suelen dividirse en dos familias según su estructura molecular.

Antiandrógenos esteroideos. Derivan del núcleo esteroideo y, por ello, pueden interaccionar con otros receptores hormonales (el de progesterona, por ejemplo, o el de glucocorticoides). Esa falta de selectividad explica parte de sus efectos secundarios, pero también les confiere acciones adicionales como la capacidad de inhibir la secreción de gonadotropinas por la hipófisis, lo que reduce indirectamente la producción de testosterona.

Antiandrógenos no esteroideos. Carecen del núcleo esteroideo y son más selectivos para el receptor androgénico. No suelen interactuar con otros receptores hormonales y, como consecuencia, no inhiben por sí solos la secreción de gonadotropinas. Son los que con más propiedad se denominan "antiandrógenos puros", porque su mecanismo se limita al bloqueo del receptor. La flutamida, introducida en clínica en 1989, fue el prototipo. Las generaciones posteriores han mejorado la afinidad por el receptor y el perfil de tolerancia.

Contextos clínicos en los que se emplean antiandrógenos

El diccionario alberga una entrada específica para el antiandrógeno en el contexto del cáncer de próstata, donde su uso constituye una de las estrategias del control hormonal de la enfermedad. Fuera de la oncología, los antiandrógenos interesan en otros ámbitos.

En dermatología, se recurre a ellos para atenuar las manifestaciones cutáneas del exceso de andrógenos: alopecia androgénica, acné grave con componente hormonal e hirsutismo en mujeres con hiperandrogenismo. La AEDV (Asociación Española de Dermatología y Venereología) incluye los antiandrógenos entre las opciones terapéuticas en el abordaje del hirsutismo moderado a grave, especialmente cuando se acompaña de alteraciones menstruales.

Dentro de la endocrinología reproductiva, el acetato de ciproterona (un antiandrógeno esteroideo) ha sido uno de los compuestos más utilizados en Europa para el manejo del hiperandrogenismo asociado a diversas entidades ováricas. La espironolactona, un diurético con efecto antiandrógeno secundario, se emplea con frecuencia con la misma finalidad en el ámbito anglosajón.

Un tercer contexto, cada vez más relevante, es la medicina de identidad de género, donde los antiandrógenos forman parte de las pautas de hormonización feminizante. No es un campo nuevo, pero la demanda clínica ha crecido en las últimas dos décadas y ha estimulado la revisión de los perfiles de seguridad a largo plazo de estos compuestos.

Diferenciación con los análogos de la GnRH

Los análogos de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH) suprimen la producción de testosterona por una vía distinta: actúan sobre la hipófisis y terminan por anular la señal que ordena a los testículos fabricar andrógenos. Son supresores de la producción, no bloqueadores del receptor. En la práctica, ambos grupos se combinan con frecuencia, porque al iniciar la administración de análogos de la GnRH puede producirse una elevación transitoria de testosterona (el llamado "efecto llamarada"), y el antiandrógeno bloquea los efectos de ese aumento temporal. Esa complementariedad ilustra bien las diferencias entre ambas familias.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra antiandrógeno?

De la unión del prefijo griego ἀντί (antí, "contra") y andrógeno, que a su vez procede de ἀνήρ (anḗr, "varón") y γεν- ("engendrar"). La traducción literal sería "contra lo que engendra lo masculino". El uso médico del término se consolidó en la segunda mitad del siglo XX, cuando aparecieron los primeros compuestos con esta acción como objetivo terapéutico deliberado.

¿Es lo mismo un antiandrógeno que un inhibidor de la 5α-reductasa?

Estrictamente, no. El antiandrógeno clásico bloquea el receptor donde se une la testosterona o la DHT, mientras que el inhibidor de la 5α-reductasa impide que la testosterona se convierta en DHT sin tocar el receptor. La diferencia no es solo teórica: los niveles de testosterona en sangre se mantienen o incluso suben con un inhibidor de la 5α-reductasa, mientras que con ciertos antiandrógenos pueden descender.

¿Un antiandrógeno puede producir ginecomastia?

Sí. Al bloquear la acción de los andrógenos, se altera el equilibrio entre andrógenos y estrógenos en el organismo. Esa desproporción puede estimular el tejido mamario en el varón. El fenómeno es más frecuente con los antiandrógenos no esteroideos, que no suprimen la secreción de gonadotropinas y, por tanto, permiten que la hipófisis mantenga o aumente la producción de testosterona, una parte de la cual se convierte en estradiol por aromatización periférica.

¿Los antiandrógenos se usan solo en varones?

No, también se emplean en mujeres. En pacientes con hiperandrogenismo, el exceso de andrógenos puede manifestarse como hirsutismo, acné persistente o alopecia de patrón androgénico. Los antiandrógenos ayudan a reducir estas manifestaciones. Su uso en mujeres en edad fértil exige precauciones anticonceptivas, porque la exposición de un feto masculino a un antiandrógeno puede alterar la diferenciación sexual normal, un riesgo que los endocrinólogos conocen bien y manejan de forma rutinaria.

Referencias

  1. Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Definición de antiandrógeno. Diccionario de cáncer.
  2. MedlinePlus en español. Terapia hormonal para el cáncer de próstata.
  3. Fundación Piel Sana, AEDV. Antiandrógenos. Wikiderma.
  4. MedlinePlus en español. Sobreproducción ovárica de andrógenos.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea ampliar conceptos vinculados a los antiandrógenos y la fisiología hormonal masculina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Andrógeno: hormona sexual masculina, como la testosterona, que influye en el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios.
  • Testosterona: principal andrógeno circulante, producido mayoritariamente en los testículos bajo control hipofisario.
  • Dihidrotestosterona: metabolito activo de la testosterona generado por la enzima 5α-reductasa en tejidos como la próstata y el folículo piloso.
  • Alopecia androgénica: pérdida de cabello con patrón progresivo relacionada con la acción de los andrógenos sobre el folículo piloso.
  • Virilización: aparición de caracteres sexuales masculinos en mujeres como consecuencia de un exceso de andrógenos.
  • Ginecomastia: aumento del tejido mamario en varones, que puede aparecer como efecto secundario de los antiandrógenos.
  • Antiandrógeno del cáncer de próstata: uso específico de los antiandrógenos en el contexto del carcinoma prostático hormonodependiente.
  • Gonadotropina: hormona hipofisaria (LH y FSH) que regula la función gonadal y la producción de esteroides sexuales.

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