DICCIONARIO MÉDICO
Amoniuria
La amoniuria es la presencia de ion amonio (NH₄⁺) en la orina. Lejos de ser un hallazgo patológico, constituye uno de los mecanismos habituales mediante los que el riñón excreta ácido y contribuye al equilibrio ácido-base del organismo. El término procede de la unión de «amonio» (del latín sal ammoniacum, a su vez ligado al dios egipcio Amón) y el sufijo griego -ouría (de οὖρον, oûron, «orina»), que aparece en numerosos vocablos nefrológicos: albuminuria, glucosuria, hematuria. Designa, literalmente, «orina con amonio». En la práctica clínica actual el vocablo se usa poco como sustantivo aislado. Lo habitual es hablar de «excreción urinaria de amonio» cuando se quiere cuantificar cuánto NH₄⁺ elimina el riñón en 24 horas, dato que adquiere valor en el estudio de las acidosis metabólicas y en la diferenciación de sus causas. La mayor parte del amonio que aparece en la orina no procede del filtrado glomerular. Se genera dentro de las propias células del túbulo renal, sobre todo en el túbulo proximal, a partir de la desaminación de la glutamina plasmática. La enzima glutaminasa escinde la glutamina en glutamato y NH₄⁺; una segunda desaminación del glutamato libera un segundo NH₄⁺ y genera alfa-cetoglutarato, que acaba metabolizándose hasta bicarbonato nuevo. Cada molécula de glutamina puede rendir, por tanto, dos iones amonio y dos moléculas de bicarbonato. El NH₄⁺ producido en el túbulo proximal se secreta a la luz tubular, se reabsorbe parcialmente en el asa de Henle y se acumula en la médula renal gracias a un sistema de reciclaje medular. En el conducto colector, las células intercaladas tipo A secretan protones a la luz, donde el amoníaco (NH₃) difundido desde el intersticio capta esos H⁺ para convertirse de nuevo en NH₄⁺ y quedar atrapado en la orina. Ese «atrapamiento iónico» es la clave de la eficacia del sistema: el amonio funciona como un vehículo desechable que arrastra hidrógeno al exterior sin necesidad de acidificar la orina hasta niveles extremos. En condiciones normales, el riñón excreta entre 30 y 40 mEq de amonio al día. Esa cifra puede multiplicarse varias veces cuando el organismo afronta una sobrecarga ácida mantenida (por ejemplo, en cetoacidosis diabética o en acidosis láctica), gracias a que la actividad de la glutaminasa renal aumenta en respuesta al descenso del pH intracelular. La adaptación no es inmediata. Necesita entre tres y cinco días para alcanzar su rendimiento máximo, lo que explica por qué los primeros días de una acidosis aguda resultan más difíciles de compensar que los de una acidosis crónica ya establecida. Cuando la excreción urinaria de amonio es inapropiadamente baja en presencia de acidosis metabólica, el dato orienta hacia un defecto tubular. Es una de las pistas que permiten sospechar una acidosis tubular renal, situación en la que el túbulo no consigue secretar H⁺ con normalidad, no produce suficiente amonio, o ambas cosas a la vez. La prueba de sobrecarga de cloruro amónico se ha empleado clásicamente para provocar una acidificación y comprobar si el riñón responde con el incremento esperado de amoniuria. De «amonio», raíz latina vinculada al templo del dios Amón en Libia, donde se recogía la sal amoniacal, y del griego οὖρον (oûron), «orina». Es una formación análoga a albuminuria, cetonuria o proteinuria, donde el primer componente nombra la sustancia y el segundo indica su presencia en la orina. No. El amonio es un componente normal de la orina. El riñón lo produce de forma fisiológica para excretar la carga ácida del metabolismo. Lo que tiene valor clínico no es su presencia, sino su cantidad en relación con el contexto: una cifra baja en un paciente con acidosis sugiere un problema tubular; una cifra elevada tras una sobrecarga ácida indica que el mecanismo renal funciona correctamente. Se cuantifica el NH₄⁺ en orina de 24 horas mediante métodos enzimáticos o colorimétricos. En la práctica hospitalaria es más frecuente estimarla de forma indirecta a través de la brecha aniónica urinaria: cuando la orina contiene mucho amonio, la brecha aniónica se hace negativa, lo que permite inferir una respuesta renal adecuada sin necesidad de medir directamente el ion. Sí, parcialmente. El olor amoniacal de la orina, sobre todo si lleva horas sin refrigerar, se debe a que ciertas bacterias desdoblan la urea urinaria y liberan amoníaco gaseoso. No refleja necesariamente una amoniuria elevada en el momento de la micción, sino la acción bacteriana posterior sobre la urea. Si desea profundizar en conceptos vinculados a la amoniuria, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la amoniuria
Origen tubular del amonio urinario
Significado de la excreción de amonio en la regulación del pH
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «amoniuria»?
¿La amoniuria es siempre patológica?
¿Cómo se mide la amoniuria?
¿Tiene relación con el olor fuerte de algunas muestras de orina?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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