DICCIONARIO MÉDICO
Osteoclastoma
El osteoclastoma, denominado también tumor de células gigantes del hueso (TCG), es una neoplasia ósea generalmente benigna pero localmente agresiva. Se compone de células mononucleares estromales (que constituyen el componente verdaderamente tumoral) y de células gigantes multinucleadas con morfología similar a la de los osteoclastos. Representa entre el 4 y el 5 % de los tumores óseos primarios y aparece con mayor frecuencia entre la segunda y la cuarta décadas de la vida. Tres raíces griegas convergen en el nombre: osteo- (de ὀστέον, ostéon, hueso), -clasto- (de κλαστός, klastós, roto, derivado del verbo κλάω, romper) y -oma (tumor). Literalmente, «tumor de las células que rompen hueso», en alusión a los osteoclastos que dominan el cuadro histológico. Es una denominación descriptiva que se impuso en la práctica clínica antes de que se comprendiera la biología celular de la lesión. Sir Astley Cooper publicó en 1818 los primeros dibujos macroscópicos de lo que hoy reconocemos como un tumor de células gigantes, localizado en la cabeza del peroné. Cooper lo denominó «fungus medullary exostosis». Hasta la introducción del microscopio en la clínica, hacia 1845, no fue posible distinguirlo de otras lesiones óseas. Ese año, H. Lebert describió por primera vez células gigantes multinucleadas y células fusiformes en el tejido tumoral. En 1940, Henry Jaffe y Louis Lichtenstein establecieron la identidad clinicorradiológica e histológica del TCG como entidad diferenciada, separándolo definitivamente del osteosarcoma y de otras lesiones con células gigantes. Bajo el microscopio, el osteoclastoma presenta dos poblaciones celulares. Las células estromales mononucleares, de morfología fusiforme, son las verdaderas responsables de la proliferación neoplásica. Junto a ellas aparecen abundantes células gigantes multinucleadas (los «gigantocitos»), que se asemejan morfológicamente a los osteoclastos normales y son las que provocan la destrucción ósea característica de la lesión. Estas células gigantes no son neoplásicas en sentido estricto; se consideran un componente reactivo reclutado por las señales moleculares del estroma tumoral. Esa composición bifásica explica un comportamiento biológico peculiar. El TCG es una neoplasia benigna por definición histológica, pero posee una agresividad local notable: destruye el hueso cortical circundante, puede expandirse hacia los tejidos blandos y recidiva con frecuencia tras su extirpación (las cifras oscilan entre el 20 y el 40 % según las series). En un porcentaje pequeño de casos, inferior al 2 %, se han documentado metástasis pulmonares sin que exista transformación maligna histológica previa, un fenómeno inusual entre los tumores óseos benignos. El osteoclastoma se asienta de forma casi constante en la epífisis de los huesos largos, con extensión frecuente hacia la metáfisis. La rodilla concentra entre el 50 y el 65 % de los casos: fémur distal y tibia proximal son las localizaciones más habituales. Le siguen el radio distal (alrededor del 12 %) y el sacro. La afectación de huesos pequeños de manos y pies o del esqueleto axial es muy infrecuente. Cuando aparece en el sacro o el ilíaco, suele alcanzar un tamaño considerable antes de hacerse evidente. La incidencia se sitúa en torno a un caso por millón de habitantes y año. El pico de edad está entre los 20 y los 40 años, con un ligero predominio femenino (relación aproximada de 2:1 en algunas series, aunque otras no encuentran diferencia significativa). Antes del cierre fisario es muy infrecuente; por encima de los 50 años, también. La OMS clasifica actualmente esta lesión dentro de los tumores osteoclásticos de células gigantes del hueso y ha tendido a abandonar la denominación «osteoclastoma» en favor de «giant cell tumour of bone» en la nomenclatura internacional, aunque el uso clínico del término persiste ampliamente en español. Del griego ὀστέον (ostéon, hueso), κλαστός (klastós, roto, fragmentado) y el sufijo -oma (tumor). El nombre hace referencia a las células gigantes multinucleadas del tumor, que se parecen a los osteoclastos y, como ellos, destruyen tejido óseo. No. Son entidades completamente distintas. El osteosarcoma es un sarcoma maligno que produce osteoide tumoral y tiene una biología agresiva con potencial metastásico alto. El osteoclastoma es una neoplasia benigna (aunque localmente agresiva) que no produce osteoide. La confusión entre ambos existió históricamente hasta que Jaffe y Lichtenstein delimitaron las dos entidades en 1940. Ocurre, pero es infrecuente. La transformación maligna se documenta en un pequeño porcentaje de casos, a veces décadas después de la lesión original. También se han descrito metástasis pulmonares sin cambio histológico maligno previo, lo que convierte al osteoclastoma en una de las pocas neoplasias benignas con capacidad metastásica documentada. Sir Astley Cooper, cirujano inglés, en 1818. Publicó los primeros dibujos macroscópicos de una lesión en la cabeza del peroné que hoy se identifica como un tumor de células gigantes. Lo llamó «fungus medullary exostosis», un nombre que se mantuvo hasta que la microscopía permitió caracterizar mejor la lesión. Si desea ampliar conceptos vinculados al osteoclastoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el osteoclastoma
Composición celular y comportamiento biológico
Localización y epidemiología
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra osteoclastoma?
¿Es lo mismo osteoclastoma que osteosarcoma?
¿Puede un osteoclastoma volverse maligno?
¿Quién describió el osteoclastoma por primera vez?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026