DICCIONARIO MÉDICO
Miocardio
El miocardio es la capa muscular del corazón, situada entre el endocardio y el epicardio. Está formado por células musculares estriadas de contracción involuntaria —los cardiomiocitos— que, al contraerse de forma rítmica y coordinada, generan la fuerza necesaria para impulsar la sangre a través de todo el sistema circulatorio. El miocardio constituye la porción contráctil de la pared cardíaca. Se trata de un tejido muscular estriado, pero a diferencia del músculo esquelético su contracción no depende de la voluntad: se genera de forma autónoma en las propias células cardíacas, una propiedad que los fisiólogos denominan autoexcitabilidad o despolarización miogénica. De las tres túnicas del corazón, es con diferencia la más gruesa, y su espesor varía considerablemente según la cámara que se examine. El término se forma a partir de dos raíces griegas: μῦς (mŷs), que significaba a la vez "músculo" y "ratón" —los anatomistas clásicos comparaban el abultamiento de un músculo bajo la piel con el movimiento de un pequeño roedor—, y καρδία (kardía), "corazón". La combinación latina myocardium se consolidó en la nomenclatura anatómica del siglo XIX, y la RAE recoge la voz "miocardio" como término propio del español médico. La unidad funcional del miocardio es el cardiomiocito: una célula alargada, ramificada, con uno o dos núcleos centrales y un citoplasma repleto de mitocondrias que sostienen una demanda energética que no se detiene ni un instante. Dentro de cada cardiomiocito se repiten en serie las sarcómeras, unidades contráctiles formadas por filamentos de actina y miosina cuyo deslizamiento mutuo produce el acortamiento de la célula. Pero lo que convierte al miocardio en un tejido singular no es solo la célula individual, sino la forma en que los cardiomiocitos se comunican entre sí. En los extremos de cada célula se sitúan los discos intercalares, estructuras que contienen uniones comunicantes (gap junctions) y desmosomas. Las uniones comunicantes permiten el paso directo de iones de una célula a la siguiente, de modo que un impulso eléctrico generado en el nodo sinusal se propaga con rapidez a todo el miocardio: las células funcionan, en la práctica, como un sincitio. Los desmosomas, por su parte, anclan mecánicamente las células y evitan que la tracción de cada contracción las separe. Dentro del propio miocardio discurre una parte del sistema de conducción del corazón. Las fibras de Purkinje, situadas en la capa subendocárdica, transmiten el estímulo a los ventrículos con una velocidad muy superior a la del miocardio contráctil ordinario. El espesor del miocardio refleja directamente el trabajo mecánico de cada cavidad. La pared del ventrículo izquierdo, que impulsa la sangre hacia la circulación sistémica —un circuito largo y de alta resistencia—, alcanza unos 10-15 mm en el adulto. El ventrículo derecho se queda en 3-5 mm, porque su circuito pulmonar ofrece mucha menos resistencia. Y las aurículas, que actúan sobre todo como cámaras receptoras, apenas superan los 2-3 mm. Un músculo que se contrae sin pausa necesita un aporte de oxígeno constante. A diferencia del músculo esquelético, que tolera breves periodos de deuda de oxígeno, el miocardio depende de un metabolismo aerobio casi ininterrumpido. Ese suministro lo proporcionan las arterias coronarias, que recorren la superficie del corazón y envían ramas perforantes hacia la profundidad de la pared miocárdica. El corazón se organiza en tres capas concéntricas. El endocardio es una fina membrana de endotelio que reviste la superficie interna de las cavidades y se continúa con la capa íntima de los grandes vasos; su superficie lisa contribuye a impedir la formación de trombos intracardíacos. El miocardio ocupa la posición intermedia y aporta la totalidad de la capacidad contráctil. Por fuera se encuentra el epicardio —la hoja visceral del pericardio seroso—, cubierto a su vez por el pericardio fibroso, un saco resistente anclado al diafragma y al esternón que protege al corazón, limita su distensión excesiva y, gracias al líquido que contiene la cavidad pericárdica, reduce la fricción con las estructuras vecinas durante cada sístole. De las raíces griegas μῦς (mŷs, "músculo") y καρδία (kardía, "corazón"). La primera de ellas significaba también "ratón", porque los anatomistas de la Antigüedad veían en el movimiento de un músculo bajo la piel algo parecido al de un roedor. De esa misma raíz derivan todas las voces médicas con el prefijo mio-: mialgia, miositis, miopatía. En la práctica clínica se usan como sinónimos. Técnicamente, "músculo cardíaco" es la expresión descriptiva que alude al tipo de tejido muscular (estriado, involuntario), mientras que "miocardio" designa la capa anatómica concreta que ese tejido forma en la pared del corazón. Involuntario. Su contracción se origina en las propias células cardíacas, en particular en el nodo sinusal, que actúa como marcapasos natural. El sistema nervioso autónomo modula la frecuencia y la fuerza de contracción, pero no la inicia. Porque impulsa la sangre hacia la circulación sistémica, un circuito extenso y de alta resistencia. El ventrículo derecho bombea sangre al circuito pulmonar, mucho más corto y con presiones más bajas, de modo que su pared no necesita el mismo grosor. Si desea profundizar en conceptos asociados al miocardio, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el miocardio
Cardiomiocitos, discos intercalares y sarcómeras
Grosor miocárdico e irrigación coronaria
Endocardio, miocardio y pericardio
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "miocardio"?
¿Es lo mismo miocardio que músculo cardíaco?
¿El miocardio es un músculo voluntario o involuntario?
¿Por qué es más grueso el miocardio del ventrículo izquierdo?
Referencias
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