DICCIONARIO MÉDICO
Pericardio
El pericardio es el saco fibroseroso que envuelve el corazón y la raíz de los grandes vasos. Está formado por dos capas —una fibrosa externa y una serosa interna de doble hoja— que, junto con el líquido pericárdico contenido entre ellas, protegen el corazón, lo fijan en el mediastino y reducen la fricción durante cada latido. El pericardio es la envoltura más externa del corazón. A diferencia del miocardio, que aporta la fuerza contráctil, y del endocardio, que tapiza las cavidades internas, el pericardio no participa en el bombeo de la sangre: su papel es mecánico y protector. Fija al corazón dentro del mediastino, lo aísla de las estructuras torácicas vecinas, limita su distensión aguda cuando aumenta el volumen sanguíneo y actúa como barrera frente a la propagación de infecciones procedentes de los pulmones o la pleura. El término viene del griego περικάρδιον (perikárdion), formado por περί (perí), "alrededor", y καρδία (kardía), "corazón": literalmente, "lo que está alrededor del corazón". Ya aparece en los textos hipocráticos, donde se describe como una membrana llena de un "humor acuoso". La RAE lo recoge como voz de la anatomía: "Envoltura del corazón, que está formada por dos membranas, una externa y fibrosa, y otra interna y serosa". El pericardio tiene dos componentes de naturaleza distinta. El pericardio fibroso es la capa más externa: un saco de tejido conectivo denso, resistente e inextensible, cuya base se fusiona con el tendón central del diafragma. Por delante se une al esternón mediante los ligamentos esternopericárdicos, y por detrás se relaciona con la columna y el esófago a través de tejido conectivo laxo. Esos anclajes son los que mantienen al corazón en su posición dentro del tórax y los que impiden que se desplace bruscamente durante los cambios de postura o los movimientos respiratorios. Dentro del saco fibroso se encuentra el pericardio seroso, una membrana mucho más fina que se organiza en dos hojas. La hoja parietal tapiza la superficie interna del pericardio fibroso y está firmemente adherida a él. La hoja visceral, que los anatomistas denominan epicardio, se adosa directamente a la superficie del miocardio y acompaña a las arterias coronarias y al tejido adiposo subepicárdico. Entre ambas hojas queda un espacio real pero virtual en condiciones normales: la cavidad pericárdica, que contiene entre 15 y 50 ml de líquido pericárdico seroso. Ese líquido, un ultrafiltrado del plasma, lubrica las dos superficies y permite que el corazón se contraiga y se relaje sin rozamiento. La función más evidente es la protección mecánica: el saco fibroso amortigua las fuerzas externas y constituye una barrera física frente a traumatismos torácicos. La lubricación que proporciona el líquido pericárdico evita la fricción entre el epicardio y la hoja parietal durante los millones de ciclos de sístole y diástole que el corazón ejecuta a lo largo de una vida. Menos intuitiva pero igualmente importante es la limitación de la distensión aguda. El pericardio fibroso, por su rigidez, impide que las cavidades cardíacas se dilaten más allá de cierto punto ante un aumento brusco de volumen. Esa misma propiedad explica, sin embargo, por qué una acumulación rápida de líquido en la cavidad pericárdica —un derrame pericárdico agudo— puede comprimir el corazón y provocar un taponamiento cardíaco: el saco no cede, y la presión se transmite hacia dentro. Por último, el pericardio actúa como barrera frente a infecciones procedentes de estructuras vecinas, como los pulmones o el mediastino. Del griego περικάρδιον (perikárdion), compuesto por περί (perí), "alrededor", y καρδία (kardía), "corazón". Significa literalmente "lo que rodea al corazón". La estructura ya se describe en los escritos hipocráticos como una membrana que contiene un líquido en torno al corazón. No exactamente. El epicardio es la hoja visceral del pericardio seroso, la que está pegada a la superficie del miocardio. Cuando se habla de "pericardio" sin más precisión, se alude al conjunto del saco fibroso y el seroso. El epicardio es, por tanto, una parte del pericardio, no un sinónimo. Entre 15 y 50 ml de líquido seroso, un ultrafiltrado del plasma. Esa cantidad basta para lubricar las superficies y reducir la fricción. Cuando el volumen aumenta de forma significativa se habla de derrame pericárdico, cuya gravedad depende tanto de la cantidad acumulada como de la velocidad con que se acumula. Sí. Existen personas con ausencia congénita parcial o total del pericardio que llevan una vida normal. Además, en determinadas intervenciones de cirugía cardíaca el pericardio se retira sin que ello impida la función del corazón. Lo habitual, no obstante, es que el cirujano lo cierre o lo reconstruya siempre que sea posible, porque su presencia contribuye a estabilizar la posición del corazón y a limitar la distensión de las cavidades. Si desea profundizar en conceptos asociados al pericardio, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el pericardio
Pericardio fibroso y pericardio seroso
Funciones del pericardio
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "pericardio"?
¿Es lo mismo el epicardio que el pericardio?
¿Cuánto líquido hay normalmente en el pericardio?
¿Se puede vivir sin pericardio?
Referencias
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