DICCIONARIO MÉDICO
Pericarditis constrictiva
La pericarditis constrictiva es una enfermedad crónica del pericardio en la que el engrosamiento, la fibrosis y, con frecuencia, la calcificación de esta membrana impiden el llenado normal de las cavidades cardíacas durante la diástole. A diferencia de los cuadros agudos, suele aparecer como secuela tardía de un proceso inflamatorio previo, aunque en un porcentaje relevante de los casos no llega a identificarse ninguna causa. El término pericarditis combina tres raíces griegas: perí (alrededor), kardía (corazón) e -itis (inflamación); el Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico de la Universidad de Salamanca sitúa su primera documentación en inglés en 1799, dentro de la expansión de neologismos médicos que trajo consigo la nosología moderna. El adjetivo constrictiva, en cambio, procede del latín constrictivus, derivado del verbo constringere: apretar, comprimir, ceñir. La suma de ambas raíces describe con bastante fidelidad lo que ocurre en esta enfermedad, una membrana que debería ceder ante cada latido y que, en su lugar, oprime el corazón desde fuera. En condiciones normales, el pericardio es un saco fibroelástico de dos hojas que permite que el corazón se expanda con cada latido sin apenas oponer resistencia. Cuando se engrosa, llegando en ocasiones a medir entre 4 y 20 milímetros frente al milímetro o dos habituales, y cuando además se calcifica, pierde por completo esa capacidad de estirarse. El músculo cardíaco, mientras tanto, conserva su fuerza. Es un problema puramente mecánico, impuesto desde fuera. Durante la primera fase de la diástole, la sangre entra con rapidez en los ventrículos porque la presión intracavitaria es baja. En la pericarditis constrictiva, ese llenado inicial se interrumpe de forma abrupta en cuanto el volumen sanguíneo alcanza el límite que impone el pericardio rígido, y el corazón deja de dilatarse aunque todavía quede sangre por recibir. Se genera así una desigualdad marcada entre una primera mitad de diástole casi normal y una segunda mitad prácticamente anulada. Esta restricción eleva las presiones de llenado en las cuatro cavidades hasta igualarlas entre sí, un fenómeno que en cardiología se conoce como equalización. El organismo compensa reteniendo sodio y agua para sostener el gasto cardíaco, lo que a su vez agrava la congestión venosa. De esa cadena derivan buena parte de los hallazgos exploratorios propios de la enfermedad. En los países en desarrollo, la tuberculosis continúa siendo la causa identificable más frecuente. En los países de renta alta ganan peso, en cambio, la cirugía cardíaca previa y la radioterapia torácica, seguidas de las enfermedades del tejido conectivo como la artritis reumatoide o el lupus, la uremia, los traumatismos y ciertos fármacos. Pese a la mejora de las técnicas diagnósticas, la mayoría de los casos siguen clasificándose como idiopáticos, sin causa reconocible. La enfermedad predomina en varones, con una proporción aproximada de tres hombres por cada mujer, sin que la literatura ofrezca una explicación fisiológica firme para esa diferencia. Existe además una variante transitoria: un patrón de constricción reversible que puede persistir entre dos y tres meses tras un episodio de pericarditis aguda y resolverse después sin dejar secuelas, algo que conviene tener presente antes de asumir que un cuadro reciente es ya definitivo. La pericarditis constrictiva plantea uno de los ejercicios de diagnóstico diferencial más exigentes de la cardiología clínica. Comparte manifestaciones con la miocardiopatía restrictiva, en la que la rigidez no procede del pericardio sino del propio músculo cardíaco, y con el taponamiento cardíaco, causado por una acumulación aguda de líquido en ese mismo espacio. Un hallazgo que ayuda a orientar el diagnóstico hacia el origen pericárdico es el signo de Kussmaul, el aumento paradójico de la presión venosa yugular durante la inspiración. Su ausencia, sin embargo, no permite descartar la enfermedad. De la suma de dos términos con historia propia: pericarditis, del griego clásico, y constrictiva, del latín constringere. El primero describe la inflamación alrededor del corazón; el segundo, la acción de apretar. Juntos ofrecen una descripción bastante literal de lo que sucede en este cuadro. No. Aunque ambas producen un llenado ventricular limitado y síntomas muy parecidos, el origen es distinto: en la pericarditis constrictiva el problema reside en el pericardio, una estructura externa al músculo cardíaco; en la miocardiopatía restrictiva, la rigidez afecta directamente al miocardio. Diferenciarlas exige, con frecuencia, pruebas de imagen avanzadas. Sí, en algunos casos. La llamada constricción transitoria aparece semanas después de una pericarditis aguda y puede desaparecer de manera espontánea en dos o tres meses. Las series clínicas describen una proporción cercana a tres varones por cada mujer. La literatura médica, sin embargo, no ofrece todavía una explicación fisiológica firme para esta diferencia; se trata, por ahora, de una observación epidemiológica más que de un mecanismo comprendido. Consulte también la información clínica completa sobre la pericarditis Si busca información sobre los síntomas, las pruebas diagnósticas y el tratamiento de esta enfermedad, puede consultar la página de pericarditis elaborada por el Departamento de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra.Qué es la pericarditis constrictiva
Mecanismo y consecuencias hemodinámicas
Causas y perfil epidemiológico
Diferenciación con otras entidades
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede exactamente el nombre de la enfermedad?
¿Es lo mismo que la miocardiopatía restrictiva?
¿Existe una forma que se resuelva por sí sola?
¿Por qué afecta más a los hombres que a las mujeres?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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