DICCIONARIO MÉDICO
Láser CO2
El láser de CO₂ (dióxido de carbono) es un tipo de láser de gas que emite en el infrarrojo lejano, a una longitud de onda de 10.600 nm. Esa longitud de onda coincide con un pico de absorción máxima del agua intracelular, lo que permite vaporizar tejido biológico capa a capa con una precisión micrométrica. Es uno de los láseres más versátiles de la medicina: se utiliza en dermatología, cirugía general, ginecología, otorrinolaringología y neurocirugía. El medio activo de este láser es una mezcla gaseosa de dióxido de carbono (CO₂), nitrógeno y helio. Cuando una descarga eléctrica excita las moléculas de CO₂, estas emiten fotones en la región infrarroja del espectro a 10.600 nm, una longitud de onda invisible al ojo humano. El primer láser de CO₂ fue construido en 1964 por Kumar Patel en los Laboratorios Bell, apenas cuatro años después del láser de rubí de Maiman. Patel buscaba un láser con mayor potencia y eficiencia que los de gas disponibles hasta entonces, y lo consiguió: el CO₂ ofrecía una eficiencia de conversión energética muy superior a la de cualquier otro láser de la época. En el terreno médico, la clave de su eficacia radica en un dato físico concreto: el agua —que constituye entre el 60 y el 80 % de los tejidos blandos— absorbe intensamente la radiación a 10.600 nm. Cuando el haz alcanza el tejido, la energía se convierte en calor de forma casi instantánea, el agua intracelular hierve y la célula se vaporiza. El resultado es una ablación limpia, con una zona de daño térmico lateral muy estrecha —del orden de 50 a 100 micras—, que permite al cirujano controlar la profundidad del corte con precisión micrométrica. El láser de CO₂ puede operar en modo continuo o en modo pulsado. En modo continuo emite un haz ininterrumpido y se comporta esencialmente como un bisturí de luz, útil para cortar y vaporizar de forma rápida. En modo pulsado, la energía se libera en ráfagas ultracortas que minimizan la difusión de calor hacia el tejido circundante, lo que reduce la zona de daño térmico y favorece la cicatrización. Una variante que ha transformado la dermatología es el láser de CO₂ fraccionado: en lugar de tratar toda la superficie, el haz se divide en miles de columnas microscópicas que crean microlesiones separadas por islotes de tejido intacto. Esos islotes actúan como reservorio de células sanas que aceleran la reparación, lo que reduce considerablemente el tiempo de recuperación frente a la ablación convencional. La estimulación de nuevo colágeno en la dermis es el efecto biológico que subyace al rejuvenecimiento cutáneo con este láser. Dermatología y cirugía cutánea. Es el campo donde más se ha extendido el uso del CO₂. En modo ablativo, permite eliminar lesiones benignas (queratosis seborreicas, verrugas víricas, xantelasmas) y algunas lesiones premalignas (queratosis actínicas), así como vaporizar cicatrices de acné, estrías y arrugas. El CO₂ fraccionado ha desplazado en gran medida al abordaje ablativo clásico porque obtiene resultados comparables con menor tiempo de inactividad. Ginecología. El láser de CO₂ se emplea en la vaporización de condilomas vulvares y cervicales, en la conización cervical y en procedimientos de rejuvenecimiento vaginal para la atrofia mucosa posmenopáusica. Su precisión permite tratar lesiones intraepiteliales sin apenas afectar al estroma subyacente. Otorrinolaringología. En cirugía laríngea, el CO₂ acoplado a un microscopio operatorio permite resecar lesiones de las cuerdas vocales (pólipos, nódulos, papilomatosis laríngea) con un daño térmico mínimo al tejido circundante, lo que preserva mejor la calidad de la voz que la cirugía fría convencional. Cirugía general y neurocirugía. El CO₂ en modo continuo funciona como bisturí luminoso en resecciones hepáticas, mastectomías y otros procedimientos donde se desea un corte hemostático. En neurocirugía se utiliza para vaporizar tumores intracraneales accesibles, aprovechando la escasa penetración del haz (la energía se agota en las primeras décimas de milímetro de tejido), lo que reduce el riesgo de lesionar estructuras profundas. CO₂ frente a láser de argón. El argón emite en el visible (488-514 nm) y es absorbido por melanina y hemoglobina; el CO₂, en el infrarrojo (10.600 nm), y es absorbido por el agua. El argón coagula; el CO₂ vaporiza. Sus territorios clínicos son esencialmente complementarios: el argón domina la retina, el CO₂ domina la piel y la cirugía de tejidos blandos. CO₂ frente a láser Nd:YAG. El YAG emite a 1.064 nm y penetra mucho más profundamente en el tejido (hasta 4-6 mm) que el CO₂ (que se agota en menos de 0,1 mm). Eso hace al YAG útil para lesiones vasculares profundas y para la ablación de tumores voluminosos, pero inadecuado para procedimientos de superficie donde se requiere control micrométrico de la profundidad, que es precisamente el territorio del CO₂. CO₂ frente a láser excimer. El excimer emite en el ultravioleta (193 nm) y actúa por fotoablación fría —rompe enlaces moleculares sin calor—. Su dominio es la córnea (LASIK, PRK). El CO₂, por su efecto térmico, no tiene aplicación en cirugía refractiva. Porque su longitud de onda (10.600 nm) coincide con un pico de absorción máxima del agua, que es el componente principal de los tejidos blandos. La energía se convierte en calor casi instantáneamente, el agua intracelular hierve y la célula se destruye de forma controlada. Esa correspondencia entre longitud de onda y cromóforo (el agua) es la que explica su precisión. El láser es el mismo; lo que cambia es el modo de entrega de la energía. En el fraccionado, el haz se fragmenta en miles de columnas microscópicas que dejan islotes de tejido intacto entre las zonas tratadas. Eso acelera la cicatrización y reduce el tiempo de recuperación respecto a la ablación completa, a costa de requerir en ocasiones más de una sesión. Kumar Patel, en 1964, en los Laboratorios Bell de Estados Unidos. Buscaba un láser de gas con mayor potencia y eficiencia que los existentes. El CO₂ resultó ser notablemente más eficiente que el láser de helio-neón y permitió por primera vez potencias de salida útiles para aplicaciones industriales y, poco después, quirúrgicas. No, aunque la dermatología estética concentra un volumen importante de procedimientos. El CO₂ tiene aplicaciones quirúrgicas consolidadas en ginecología (condilomas, conización cervical), otorrinolaringología (cirugía de cuerdas vocales, papilomatosis laríngea), cirugía general (resecciones hepáticas, mastectomías) y neurocirugía (vaporización de tumores). Es uno de los láseres más transversales de la medicina. Si desea profundizar en los tipos de láser y las técnicas quirúrgicas asociadas, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el láser de CO₂
Modos de emisión y su relevancia clínica
Aplicaciones médicas principales
Diferenciación con otros láseres del cluster
Preguntas frecuentes
¿Por qué el láser de CO₂ vaporiza el tejido con tanta eficacia?
¿Es lo mismo un láser de CO₂ que un láser de CO₂ fraccionado?
¿Quién inventó el láser de CO₂?
¿El láser de CO₂ solo se usa en estética?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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