DICCIONARIO MÉDICO
Cicatrización
La cicatrización es el conjunto de procesos biológicos mediante los cuales el organismo repara una lesión tisular. Se desarrolla en fases que se solapan parcialmente (hemostasia, inflamación, proliferación y remodelación) y su resultado final es la formación de una cicatriz, un tejido fibroso que sustituye al tejido dañado sin reproducir por completo su arquitectura original. En términos médicos, la cicatrización designa la secuencia coordinada de eventos celulares y moleculares que permiten cerrar una herida. No se trata de un mecanismo único sino de una cadena de respuestas que el organismo pone en marcha de forma casi inmediata tras la agresión tisular y que puede prolongarse durante meses o incluso años en su última etapa. El vocablo deriva del latín cicātrix, -īcis (señal de herida), al que se añade el sufijo -ación para expresar la acción o el proceso. La palabra española aparece documentada desde finales del siglo XV, vinculada al uso médico del término. En inglés se emplea wound healing o cicatrization (esta segunda forma, más culta y restringida a textos especializados), mientras que en francés se prefiere cicatrisation. Aunque la literatura clásica describía tres fases, la mayoría de los textos actuales de cirugía y dermatología separan la hemostasia como etapa inicial independiente. Conviene insistir en que los límites entre fases no son nítidos: cada una se inicia antes de que la anterior haya concluido del todo. Hemostasia. Comienza en los primeros segundos tras la lesión. Las plaquetas se adhieren al colágeno expuesto de la pared vascular dañada, se activan y liberan factores que reclutan más plaquetas. Se forma un tapón plaquetario que la cascada de coagulación consolida con una red de fibrina. El coágulo resultante no solo detiene la hemorragia: sirve de andamio provisional para las células que llegarán después. Fase inflamatoria. Se extiende durante los primeros tres a cinco días. Neutrófilos y macrófagos migran al lecho de la herida atraídos por señales químicas del coágulo. Los neutrófilos eliminan bacterias y tejido necrótico; los macrófagos, que llegan algo más tarde (hacia las 48-72 horas), asumen un doble papel: fagocitan restos celulares y, al mismo tiempo, secretan citocinas y factores de crecimiento que ponen en marcha la fase siguiente. Sin esta inflamación inicial controlada, la reparación se detiene. La supresión excesiva de la inflamación (por ejemplo, con corticoides en dosis altas) retarda la cicatrización. Fase proliferativa. Abarca desde el tercer o cuarto día hasta aproximadamente la tercera semana, según la extensión de la herida. Tres procesos ocurren en paralelo: los fibroblastos depositan colágeno nuevo y construyen una matriz extracelular provisional; brotes capilares crecen hacia el interior de la herida para restablecer el aporte de oxígeno (angiogénesis); y los queratinocitos proliferan desde los bordes y desde los restos de anejos cutáneos para revestir la superficie (reepitelización). El conjunto de colágeno nuevo, capilares neoformados y fibroblastos constituye lo que clínicamente se conoce como tejido de granulación, ese tejido húmedo, rojizo y granular que recubre las heridas abiertas. Fase de remodelación. Comienza hacia la tercera semana y puede durar entre seis meses y dos años. El colágeno tipo III depositado inicialmente se sustituye de forma progresiva por colágeno tipo I, más resistente y organizado. Las fibras se reorientan siguiendo las líneas de tensión mecánica del tejido. La red capilar provisional se reabsorbe y la cicatriz pierde el color rojizo. Pese a todo este trabajo de remodelación, la resistencia final de la cicatriz no supera el 70-80 % de la del tejido intacto. No todas las heridas cicatrizan del mismo modo. La clasificación clásica distingue tres intenciones, según la relación entre los bordes de la herida y la cantidad de tejido perdido. En la cicatrización por primera intención los bordes se aproximan directamente (mediante sutura, grapas o adhesivos), la brecha tisular es mínima y el resultado suele ser una cicatriz lineal discreta. Las incisiones quirúrgicas limpias son el ejemplo prototípico. Cuando la herida presenta pérdida de sustancia considerable, bordes separados o contaminación significativa, el cierre se produce por segunda intención: el lecho se rellena con tejido de granulación desde la profundidad hacia la superficie, y la contracción de los bordes colabora en el cierre. El proceso es más prolongado y la cicatriz resultante, más ancha y visible. Existe una tercera modalidad, la cicatrización por tercera intención o cierre primario diferido. Se recurre a ella cuando una herida inicialmente contaminada se deja abierta varios días para permitir la limpieza biológica del lecho y, una vez controlada la carga bacteriana, se cierra quirúrgicamente como si fuera primera intención. Esta estrategia combina la seguridad de la segunda intención con el resultado estético de la primera. El término procede de la medicina galénica medieval. En latín escolástico, intentio se usaba para referirse al «propósito» o la «dirección» que tomaba el proceso de curación. La expresión sanatio per primam intentionem aparece ya en textos quirúrgicos del siglo XIII, y sobrevivió sin cambios a la revolución científica. Depende mucho del tipo de herida, su localización y el estado general del paciente. Una incisión quirúrgica limpia y suturada puede considerarse clínicamente cerrada en una o dos semanas, pero la remodelación interna del colágeno continúa entre seis meses y dos años. Heridas abiertas extensas pueden tardar semanas solo en cubrirse de tejido de granulación. La diabetes mellitus, la malnutrición proteico-calórica, el tabaquismo, la insuficiencia venosa crónica, el uso prolongado de corticoides y la inmunosupresión figuran entre los más documentados. También influye la técnica quirúrgica: un cierre con excesiva tensión sobre los bordes aumenta el riesgo de dehiscencia o de cicatrización patológica. No. La regeneración reproduce el tejido original con su arquitectura y su función intactas; la cicatrización lo sustituye por tejido fibroso que carece de la estructura previa. Algunos tejidos humanos conservan capacidad regenerativa alta (el hígado, por ejemplo), pero la piel y la mayoría de los órganos reparan sus lesiones mediante cicatrización, no mediante regeneración. Si desea ampliar información sobre los conceptos vinculados a la cicatrización, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cicatrización
Las cuatro fases del proceso
Modalidades de cicatrización
Preguntas frecuentes
¿Por qué se emplea la palabra «intención» para describir el tipo de cicatrización?
¿Cuánto dura normalmente la cicatrización?
¿Qué factores retrasan la cicatrización?
¿Es lo mismo cicatrización que regeneración?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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