DICCIONARIO MÉDICO
Hipersensibilidad tipo II (tipo 2)
La hipersensibilidad tipo II es la reacción inmunitaria en la que anticuerpos IgG o IgM se dirigen contra antígenos situados en la superficie de células propias o en componentes de la matriz extracelular. La unión del anticuerpo activa el complemento, recluta células citotóxicas o marca la célula diana para su destrucción por fagocitosis. Es el mecanismo de la anemia hemolítica autoinmune, la reacción transfusional y otras enfermedades autoinmunes órgano-específicas. La hipersensibilidad tipo II —también denominada citotóxica o mediada por anticuerpos— es el segundo tipo de la clasificación que Gell y Coombs establecieron en 1963. A diferencia de la hipersensibilidad tipo I, donde la IgE se une a un alérgeno soluble, en el tipo II los anticuerpos (IgG o IgM) reconocen antígenos que están fijos: anclados a la membrana de una célula o formando parte de la matriz extracelular de un tejido. Esa unión desencadena mecanismos efectores que terminan destruyendo la célula o alterando su función. El calificativo "citotóxica" —del griego κύτος (kýtos), "célula", y del latín toxicum, "veneno"— resume bien el resultado habitual: la muerte de la célula diana. Pero no siempre ocurre así. En algunas enfermedades de tipo II el anticuerpo no destruye la célula, sino que interfiere con un receptor de su superficie, bloqueando o estimulando su función. Por eso, algunos autores prefieren hablar de "hipersensibilidad mediada por anticuerpos dirigidos contra la célula" en lugar de "citotóxica" a secas. Una vez que el anticuerpo se ha unido al antígeno de la superficie celular, el daño puede producirse por tres vías principales, que no se excluyen entre sí. Activación del complemento. La vía clásica del complemento se activa cuando la porción Fc de un anticuerpo IgG o IgM, ya unido al antígeno, se une al componente C1q. La cascada prosigue hasta formar el complejo de ataque a la membrana (MAC, C5b-C9), que perfora la membrana celular y provoca la lisis osmótica de la célula. Además, los fragmentos C3b y C4b generados durante la cascada recubren la célula diana y la marcan para su opsonización y fagocitosis por macrófagos. Citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos (ADCC). Células efectoras —sobre todo células NK, pero también macrófagos, neutrófilos y eosinófilos— reconocen la porción Fc de la IgG unida a la célula diana a través de su receptor FcγRIII (CD16). Una vez acopladas, liberan perforina y granzimas que destruyen la célula sin necesidad de activar el complemento. Disfunción mediada por anticuerpos antirreceptor. Este tercer mecanismo no destruye la célula, sino que altera su actividad. El anticuerpo puede bloquear un receptor impidiendo que su ligando natural se una (como ocurre en la miastenia gravis, donde anticuerpos anti-receptor de acetilcolina impiden la transmisión neuromuscular) o, al contrario, puede estimular el receptor imitando al ligando (como en la enfermedad de Graves-Basedow, donde anticuerpos anti-receptor de TSH estimulan la tiroides de forma incontrolada). La anemia hemolítica autoinmune es quizá el ejemplo más directo: autoanticuerpos IgG (los llamados "anticuerpos calientes") o IgM ("anticuerpos fríos") se unen a antígenos de la membrana eritrocitaria y destruyen los glóbulos rojos mediante opsonización esplénica o lisis mediada por complemento. La reacción transfusional por incompatibilidad ABO sigue un mecanismo idéntico, salvo que aquí el antígeno es el del donante y los anticuerpos son naturales del receptor. La enfermedad hemolítica del recién nacido obedece al mismo principio, con anticuerpos maternos anti-Rh que cruzan la placenta y atacan los eritrocitos fetales. El síndrome de Goodpasture ilustra la variante en que el antígeno no está en una célula circulante, sino en el colágeno tipo IV de la membrana basal glomerular y alveolar. Los anticuerpos anti-membrana basal causan glomerulonefritis rápidamente progresiva y hemorragia pulmonar, un cuadro grave que combina afectación renal y respiratoria. En la miastenia gravis y en la enfermedad de Graves-Basedow, como se ha señalado, el daño no es citolítico: el anticuerpo no mata la célula sino que bloquea o sobreestimula su receptor. Este matiz funcional —destrucción frente a disfunción— es lo que llevó a algunos inmunólogos a proponer que estas enfermedades merecían una subcategoría aparte dentro del tipo II, aunque la clasificación de Gell y Coombs las incluye bajo el mismo paraguas. Lo que singulariza al tipo II es que el antígeno está fijo —en una célula o en un tejido—, no libre en solución. En la hipersensibilidad tipo III, por el contrario, antígeno y anticuerpo se encuentran libres en el plasma y forman complejos inmunes solubles que se depositan en los tejidos. Es una distinción conceptual clara, aunque en la práctica clínica algunas enfermedades (como el lupus) presentan componentes de ambos tipos. Respecto al tipo I, la diferencia es el isotipo: IgG/IgM frente a IgE. Y respecto al tipo IV, la diferencia es aún más radical: no intervienen anticuerpos, sino linfocitos T. Porque en la mayoría de sus manifestaciones el anticuerpo termina destruyendo la célula diana, ya sea activando el complemento, facilitando la fagocitosis o reclutando células NK que liberan sustancias líticas. Sin embargo, el nombre no es del todo exacto: en la miastenia gravis o la enfermedad de Graves, el anticuerpo no mata la célula sino que altera la función de su receptor. No necesariamente. El tipo II es un mecanismo inmunopatológico, no un diagnóstico. La reacción transfusional ABO es un tipo II clásico y no es una enfermedad autoinmune, porque el antígeno es ajeno. Muchas enfermedades autoinmunes —como la anemia hemolítica autoinmune o la miastenia gravis— sí operan por mecanismo de tipo II, pero otras lo hacen por tipo III (lupus) o tipo IV (esclerosis múltiple). Depende del mecanismo predominante, pero en general los primeros signos aparecen entre unas pocas horas y uno o dos días tras la exposición al antígeno. La reacción transfusional aguda por incompatibilidad ABO puede manifestarse en minutos, porque el receptor ya tiene anticuerpos naturales preformados. En las enfermedades autoinmunes crónicas, la producción sostenida de autoanticuerpos hace que el daño sea continuo y progresivo. Si desea profundizar en conceptos asociados a la hipersensibilidad tipo II, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la hipersensibilidad tipo II
Mecanismos de daño tisular
Ejemplos clínicos representativos
Diferencia con los otros tres tipos de Gell y Coombs
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama hipersensibilidad "citotóxica"?
¿Es lo mismo hipersensibilidad tipo II que enfermedad autoinmune?
¿Cuánto tarda en aparecer una reacción de tipo II?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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