DICCIONARIO MÉDICO

Hipersensibilidad tipo II (tipo 2)

La hipersensibilidad tipo II es la reacción inmunitaria en la que anticuerpos IgG o IgM se dirigen contra antígenos situados en la superficie de células propias o en componentes de la matriz extracelular. La unión del anticuerpo activa el complemento, recluta células citotóxicas o marca la célula diana para su destrucción por fagocitosis. Es el mecanismo de la anemia hemolítica autoinmune, la reacción transfusional y otras enfermedades autoinmunes órgano-específicas.

Qué es la hipersensibilidad tipo II

Su rasgo definitorio está en el blanco al que apunta: aquí los anticuerpos, de clase IgG o IgM, reconocen antígenos que están fijos, anclados a la membrana de una célula propia o integrados en la matriz de un tejido. Este segundo tipo de la clasificación de Gell y Coombs, también llamado citotóxico o mediado por anticuerpos, se separa así del tipo I, donde los anticuerpos eran IgE y perseguían un alérgeno que flotaba en solución. Aquí el objetivo no flota, está pegado a una estructura, y esa unión pone en marcha mecanismos que acaban destruyendo la célula o trastocando su funcionamiento.

El calificativo "citotóxica" viene del griego κύτος (kýtos), "célula", y del latín toxicum, "veneno", y describe bien el desenlace más frecuente: la muerte de la célula diana. No siempre acaba así. En algunas enfermedades de tipo II el anticuerpo no destruye la célula, sino que se fija a un receptor de su superficie y lo bloquea o lo estimula. Por eso hay quien prefiere una etiqueta más larga pero más fiel, "hipersensibilidad mediada por anticuerpos dirigidos contra la célula", antes que "citotóxica" a secas.

Mecanismos de daño tisular

Cuando el anticuerpo se ha unido al antígeno de la superficie, el daño puede llegar por tres vías, que además pueden solaparse.

Activación del complemento. La vía clásica arranca cuando la porción Fc del anticuerpo IgG o IgM, ya unido al antígeno, engancha el componente C1q. La cascada avanza hasta montar el complejo de ataque a la membrana (C5b-C9), que perfora la célula y la deshace por lisis osmótica. De paso, los fragmentos C3b y C4b que se van generando recubren la célula diana y la marcan para la opsonización y la fagocitosis por los macrófagos.

Citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos, la ADCC. Varias células efectoras, sobre todo las NK, aunque también macrófagos, neutrófilos y eosinófilos, detectan la porción Fc de la IgG pegada a la célula diana mediante su receptor FcγRIII (CD16). Una vez acopladas, descargan perforina y granzimas que matan la célula sin que haga falta activar el complemento.

Disfunción por anticuerpos antirreceptor. El tercer mecanismo no mata a nadie: altera la función. El anticuerpo puede bloquear un receptor e impedir que su ligando natural se una, como en la miastenia gravis, donde los anticuerpos contra el receptor de acetilcolina cortan la transmisión neuromuscular; o puede hacer lo contrario, estimular el receptor imitando al ligando, como en la enfermedad de Graves-Basedow, donde los anticuerpos contra el receptor de TSH mantienen la tiroides encendida sin freno.

Ejemplos clínicos representativos

El ejemplo más limpio es la anemia hemolítica autoinmune: autoanticuerpos IgG, los llamados "calientes", o IgM, los "fríos", se fijan a antígenos de la membrana del glóbulo rojo, que termina eliminado por el bazo o roto por el complemento. Con la reacción transfusional por incompatibilidad ABO el mecanismo es el mismo, solo que el antígeno pertenece al donante y los anticuerpos son los naturales del receptor. Y en la enfermedad hemolítica del recién nacido son anticuerpos maternos anti-Rh los que cruzan la placenta para atacar los eritrocitos del feto.

Otra cara la muestra el síndrome de Goodpasture: el antígeno no está en una célula que circula, sino en el colágeno tipo IV de la membrana basal del glomérulo y del alvéolo. Los anticuerpos anti-membrana basal encienden a la vez una glomerulonefritis que progresa deprisa y una hemorragia pulmonar, de modo que el riñón y el pulmón se resienten en paralelo.

En la miastenia gravis y en la enfermedad de Graves-Basedow, ya se ha visto, no hay citólisis: el anticuerpo no mata la célula, le bloquea o le sobreestimula el receptor. Ese matiz, destruir frente a desajustar, es lo que empujó a algunos inmunólogos a reclamar una subcategoría propia dentro del tipo II, aunque la clasificación de Gell y Coombs las mantiene bajo el mismo techo.

Qué distingue al tipo II de los otros tres

El sello del tipo II es que el antígeno está quieto, sujeto a una célula o a un tejido, y no disuelto en el plasma. Ahí se separa del tipo III, donde antígeno y anticuerpo flotan libres, se encuentran en la sangre y forman complejos inmunes solubles que solo después se depositan en los tejidos. La frontera es nítida sobre el papel, aunque en la clínica algunas enfermedades, el lupus entre ellas, mezclan rasgos de los dos. Con el tipo I la distancia es de isotipo, IgG e IgM en lugar de IgE. Frente al tipo IV es aún mayor: allí no interviene ningún anticuerpo, el daño lo firman los linfocitos T.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama hipersensibilidad "citotóxica"?

Porque en la mayoría de los casos el anticuerpo acaba matando la célula diana, sea activando el complemento, facilitando su fagocitosis o llamando a las células NK para que la destruyan. El nombre, eso sí, se queda corto: en la miastenia gravis o en la enfermedad de Graves el anticuerpo no mata la célula, le estropea el receptor.

¿Es lo mismo hipersensibilidad tipo II que enfermedad autoinmune?

No. El tipo II es un mecanismo, no un diagnóstico: la transfusión ABO incompatible funciona por tipo II y no es autoinmune, porque el antígeno viene de fuera. A la inversa, el lupus es autoinmune y actúa sobre todo por tipo III.

¿Cuánto tarda en aparecer una reacción de tipo II?

Depende del mecanismo, pero suele haber señales entre unas horas y uno o dos días después del contacto con el antígeno. Hay una excepción rápida: la reacción transfusional aguda por incompatibilidad ABO puede dar la cara en minutos, porque el receptor ya lleva encima anticuerpos naturales preformados. En las enfermedades autoinmunes crónicas la historia es distinta, con autoanticuerpos que se producen sin descanso y un daño que avanza poco a poco.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Anemia hemolítica inmunitaria. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. Fernandez J. Generalidades sobre los trastornos alérgicos y atópicos. Manual MSD, versión para profesionales.
  3. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Anemia hemolítica inmunitaria inducida por medicamentos. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  4. Real Academia Nacional de Medicina de España. Hipersensibilidad. Diccionario de términos médicos.

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