DICCIONARIO MÉDICO

Opsonización

La opsonización es el proceso por el que las opsoninas recubren la superficie de un patógeno para que los fagocitos lo reconozcan e ingieran con más eficacia. Las dos vías principales son la mediada por anticuerpos IgG y la mediada por el fragmento C3b del complemento; sin ninguna de las dos, muchas bacterias encapsuladas escapan a la fagocitosis.

Qué es la opsonización

El sustantivo deriva de opsonina, el término que Almroth Wright acuñó en 1903 a partir del griego ὄψον. La palabra "opsonización" en sí es algo más tardía: los diccionarios etimológicos la documentan en 1907, ya como nombre del proceso completo y no solo de la sustancia que lo desencadena.

Wright no se conformó con describir el fenómeno. Ideó también una forma de medirlo: el índice opsónico, un cociente que expresaba cuánto mejoraba el suero de un paciente la fagocitosis de una bacteria concreta frente a un suero de control. Con él ajustaba, en la era anterior a los antibióticos, la pauta de sus vacunas de bacterias muertas, un tratamiento hoy abandonado pero que convirtió su laboratorio en uno de los más visitados de la inmunología temprana. El índice ya no se emplea en la práctica clínica actual.

Las dos vías del marcaje

La vía mediada por anticuerpos empieza cuando la IgG une su región variable al antígeno de la superficie bacteriana. Al hacerlo, expone hacia el exterior su fragmento Fc, la porción constante del anticuerpo. Los neutrófilos y los macrófagos llevan en su membrana tres clases de receptores para esa porción (FcγRI o CD64, FcγRII o CD32, FcγRIII o CD16), que difieren en afinidad y en el tipo de célula donde predominan. En cuanto uno de ellos reconoce el Fc, el fagocito internaliza el complejo bacteria-anticuerpo.

La segunda vía no necesita anticuerpos. El sistema del complemento se activa por tres rutas distintas (la clásica, ligada a complejos antígeno-anticuerpo; la alternativa, espontánea sobre superficies microbianas; y la de las lectinas, que arranca cuando la lectina de unión a manosa reconoce azúcares de la pared bacteriana), y las tres convergen en la formación de la C3 convertasa. Esta escinde la proteína C3 y deposita su fragmento C3b directamente sobre la membrana del patógeno. Ahí lo reconoce el receptor CD35, también llamado CR1, junto con el receptor CR3.

Ambas vías se refuerzan. Cuando CR3 reconoce el C3b depositado junto a un complejo ya marcado por IgG, la eficiencia de la fagocitosis mediada por los receptores Fc aumenta de forma notable. Un patógeno cubierto simultáneamente por las dos opsoninas se elimina con más rapidez que si dependiera de una sola vía.

Relevancia fisiológica

Las bacterias encapsuladas ilustran bien lo que ocurre cuando falla el marcaje. Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae tipo b y Neisseria meningitidis recubren su pared con una cápsula de polisacáridos que impide el contacto directo entre el fagocito y la bacteria. Sin opsonina de por medio, el neutrófilo o el macrófago no tiene dónde agarrarse. Solo cuando la IgG específica o el C3b cubren esa cápsula, la bacteria queda al alcance del fagocito.

El bazo desempeña aquí un papel central, porque sus macrófagos filtran de la sangre las bacterias ya opsonizadas con una eficiencia que otros órganos no igualan. Por eso las personas con asplenia, ya sea congénita o secundaria a una esplenectomía, presentan un riesgo de infección grave por bacterias encapsuladas entre 12 y 25 veces superior al de la población general. Las deficiencias de componentes tempranos del complemento producen un efecto parecido, aunque por una vía distinta: sin C3b que depositar, la opsonización del complemento simplemente no llega a producirse.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo opsonización que fagocitosis?

No son la misma etapa. El marcaje del patógeno con opsoninas es un paso previo; la fagocitosis, la ingestión y destrucción posteriores, es el paso siguiente. Algunas bacterias pueden fagocitarse sin haber sido opsonizadas antes, aunque con mucha menos eficacia.

¿Qué fue el índice opsónico?

Una medida de laboratorio, hoy en desuso, que Wright desarrolló para cuantificar la capacidad opsonizante del suero de un paciente. Se calculaba comparando, al microscopio, el número medio de bacterias engullidas por fagocito en el suero del paciente frente a un suero de referencia. Un índice superior a 1 indicaba una opsonización más eficaz que la del control; uno inferior a 1, menos eficaz. El propio Wright distinguió tres fases en la respuesta del índice tras una vacuna de bacterias muertas: una caída inicial, una recuperación progresiva y, por último, una fase de máximo rendimiento que consideraba el momento óptimo del ciclo. El procedimiento era laborioso y poco reproducible, razón por la que cayó en desuso mucho antes de que llegaran los antibióticos.

¿Toda infección requiere opsonización previa?

No. Muchas partículas y microorganismos pueden fagocitarse directamente, sin opsoninas de por medio, sobre todo cuando exponen patrones moleculares que los receptores del fagocito reconocen sin intermediarios. La opsonización mejora la eficiencia del proceso, pero no siempre es la condición que lo hace posible.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Respuesta inmunitaria. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Sistema del complemento.
  3. Sociedad Británica de Inmunología. Sistema del complemento.
  4. Cirugía Española. Prevención de la sepsis en pacientes esplenectomizados.

Entradas relacionadas

  • Opsonina. La molécula que media la opsonización; la IgG y el C3b son las dos principales.
  • Fagocitosis. El proceso celular de ingestión y destrucción del patógeno ya opsonizado.
  • Fagocito. La célula que reconoce a la opsonina y ejecuta la fagocitosis.
  • CD35. El receptor CR1 que reconoce el C3b depositado sobre el patógeno.
  • Inmunoglobulina G. El anticuerpo responsable de la vía de opsonización mediada por anticuerpos.
  • Sistema del complemento. La cascada de proteínas que genera el C3b por tres vías distintas.
  • Asplenia. La ausencia de bazo, con el consiguiente riesgo de infección por bacterias encapsuladas mal opsonizadas.

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