DICCIONARIO MÉDICO
Glándula
Glándula: estructura anatómica constituida por células epiteliales especializadas en la síntesis y liberación de sustancias (hormonas, enzimas, moco u otros productos) necesarias para la regulación de funciones biológicas. Según el destino de su secreción, las glándulas se dividen en exocrinas, endocrinas y anficrinas (mixtas). El término procede del latín glandula, diminutivo de glans, glandis («bellota»), y fue acuñado originalmente para designar las amígdalas palatinas, cuya morfología redondeada recordaba a los anatomistas clásicos la forma de ese fruto. Con el tiempo la palabra amplió su alcance hasta englobar cualquier agrupación celular organizada cuya función principal sea producir y liberar una sustancia específica. Desde el punto de vista histológico, una glándula consta de dos componentes: el parénquima, formado por las células secretoras propiamente dichas, y el estroma, tejido conjuntivo de soporte que aporta la vascularización, la inervación y la estructura mecánica del órgano. Las células secretoras se organizan en unidades funcionales denominadas adenómeros, cuya morfología varía según el tipo glandular. La división más extendida en histología atiende al lugar al que la glándula vierte su producto. Las glándulas exocrinas disponen de un sistema de conductos que canaliza la secreción hacia una superficie corporal externa (la piel, por ejemplo) o hacia la luz de una cavidad interna, como el tubo digestivo. Sudoríparas, salivales y sebáceas pertenecen a este grupo. Las glándulas endocrinas carecen de conducto excretor. Sus productos, las hormonas, pasan directamente al líquido intersticial y de ahí al torrente sanguíneo, lo que les permite actuar sobre órganos distantes. El tiroides, las suprarrenales y la hipófisis son ejemplos representativos. Existe un tercer grupo, las glándulas anficrinas, que reúnen ambas funciones en un mismo órgano. El páncreas ilustra bien esta categoría: sus acinos exocrinos vierten enzimas digestivas al duodeno a través del conducto pancreático, mientras que los islotes de Langerhans liberan insulina y glucagón a la sangre. Dentro de las exocrinas, la forma del adenómero permite distinguir varios tipos. Las glándulas tubulares presentan una unidad secretora alargada con luz estrecha, como las criptas intestinales descritas por Lieberkühn. Las glándulas alveolares muestran un adenómero esférico o en forma de saco con una cavidad central amplia (la glándula mamaria es el ejemplo más conocido). Cuando el adenómero tiene aspecto piriforme y una luz muy reducida, se habla de glándula acinar; el páncreas exocrino pertenece a esta variante. Si el conducto excretor no se ramifica, la glándula se denomina simple. Resulta compuesta cuando el conducto se bifurca y conduce a múltiples adenómeros. Hay también formas combinadas (tubuloalveolares, tubuloacinares) en las que coexisten adenómeros de distinta morfología dentro de la misma glándula, algo frecuente en las glándulas salivales mayores. La forma en que la célula libera su producto constituye otro criterio de clasificación. En la secreción merocrina (también llamada ecrina), la célula expulsa el contenido por exocitosis sin sufrir daño estructural; las glándulas sudoríparas ecrinas operan así. En la secreción apocrina, la porción apical de la célula se desprende junto con el producto secretado; la célula pierde parte de su citoplasma, pero sobrevive y regenera la zona perdida. Las glándulas sudoríparas apocrinas de la axila siguen este patrón, aunque investigaciones recientes han demostrado que en ellas interviene también un componente merocrino. La secreción holocrina implica la destrucción completa de la célula, cuyo contenido íntegro pasa al conducto glandular. Las glándulas sebáceas de la piel funcionan de este modo: la célula acumula lípidos en su citoplasma hasta que se desintegra y libera el sebo. El nombre nació de la observación macroscópica. Los primeros anatomistas que emplearon el latín glandula se referían a las amígdalas palatinas, formaciones ovaladas y compactas cuyo aspecto evocaba una bellota (glans) en miniatura. Cuando la anatomía moderna descubrió que existían muchos otros órganos con función secretora, el término se generalizó sin que nadie se detuviera a cuestionar la metáfora original. Sí. El estómago reúne en su mucosa al menos cuatro tipos de células secretoras distintas: las mucosas superficiales, las principales (productoras de pepsinógeno), las oxínticas (ácido clorhídrico) y células endocrinas dispersas que liberan hormonas como la gastrina. Una sola glándula gástrica puede albergar varios de estos tipos en su pared. La célula caliciforme del epitelio intestinal y respiratorio es el ejemplo clásico de glándula unicelular. No necesita conducto excretor: sintetiza mucina y la vierte directamente sobre la superficie epitelial para proteger la mucosa. Ambos son adenómeros esféricos, pero no son idénticos. El acino tiene una luz interna muy pequeña o prácticamente inexistente, con células en disposición piriforme apretada. El alvéolo, en cambio, posee una cavidad central amplia y bien definida, rodeada por un epitelio cúbico simple. La distinción es relevante en el diagnóstico histológico porque cada patrón orienta hacia un tipo glandular diferente.Qué es una glándula
Clasificación según el destino de la secreción
Clasificación morfológica de las glándulas exocrinas
Mecanismos de secreción
Preguntas frecuentes
¿Por qué «glándula» significa literalmente «pequeña bellota»?
¿Puede una misma glándula producir sustancias muy diferentes?
¿Existen glándulas formadas por una sola célula?
¿Qué diferencia hay entre un acino y un alvéolo glandular?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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