DICCIONARIO MÉDICO
Espiración
La espiración es la fase del ciclo respiratorio en la que el aire contenido en los pulmones se expulsa hacia el exterior. En condiciones de reposo se produce de forma pasiva, por la retracción elástica del tejido pulmonar y la pared torácica; cuando la demanda ventilatoria aumenta (ejercicio, tos, fonación), interviene la musculatura espiratoria de forma activa. En fisiología respiratoria, la espiración designa la salida de aire desde los alvéolos pulmonares hacia la atmósfera. Constituye la segunda de las dos fases de la ventilación pulmonar; la primera, la inspiración, introduce aire rico en oxígeno. Entre ambas se completa un ciclo que, en un adulto en reposo, se repite entre 12 y 16 veces por minuto. El término procede del latín exspiratio, formado por el prefijo ex- (hacia fuera) y el verbo spirare (soplar, respirar). En la literatura médica clásica, spirare se empleaba tanto para el acto de exhalar como para el fenómeno vital en sentido amplio, lo que explica que «espirar» conserve en español un doble significado: exhalar aire y fallecer. La forma exspirare se documenta ya en Celso (siglo I d. C.) referida al movimiento del aire fuera del pecho. Durante la inspiración, el diafragma desciende y los músculos intercostales externos elevan las costillas, con lo que la cavidad torácica se expande y genera una presión intraalveolar inferior a la atmosférica. El aire entra. El tejido pulmonar y la pared torácica almacenan energía elástica, como un muelle que se estira. Cuando esos músculos dejan de contraerse, la energía acumulada impulsa la retracción del pulmón. La presión intraalveolar supera entonces la presión atmosférica y el aire fluye hacia fuera. Ese mecanismo basta, en reposo, para vaciar el volumen corriente sin gasto muscular apreciable. No interviene ningún músculo de forma activa; la espiración es, en esta situación, un proceso puramente pasivo. Conviene recordar que la tensión superficial en la interfaz aire-líquido de los alvéolos contribuye a la fuerza de retracción, pero también podría provocar su colapso si no existiera el surfactante pulmonar, que reduce esa tensión de manera proporcional a la disminución del radio alveolar durante la espiración. La distinción entre espiración pasiva y espiración activa tiene relevancia tanto en la fisiología del ejercicio como en la práctica clínica. En reposo, la retracción elástica del pulmón y la caja torácica expulsan el aire sin contracción muscular voluntaria. El proceso es silencioso y consume muy poca energía. Cuando el organismo necesita vaciar los pulmones con mayor rapidez o profundidad, se reclutan los músculos abdominales (recto, oblicuos, transverso) y los intercostales internos. Los abdominales empujan el diafragma hacia arriba; los intercostales internos deprimen las costillas. Esa contracción muscular transforma la espiración en un acto voluntario que puede superar el volumen corriente habitual y alcanzar el volumen de reserva espiratorio. Ni siquiera con ese esfuerzo máximo el pulmón se vacía del todo: siempre queda un remanente de aire, el volumen residual, que impide el colapso alveolar completo. Un dato que pasa inadvertido fuera de la neumología es que la espiración dura más que la inspiración. En respiración tranquila la proporción habitual se sitúa en torno a 1:2 (aproximadamente 1,5 segundos de inspiración por 2,5 de espiración, en un ciclo de 4 segundos). La razón es sencilla: la retracción elástica expulsa el aire de forma gradual, sin la fuerza muscular activa que acelera la fase inspiratoria. Esa proporción se altera en varias circunstancias. Durante el ejercicio intenso, la fase espiratoria se acorta porque la musculatura abdominal acelera el vaciado. En procesos obstructivos como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva, la espiración se prolonga más allá de lo normal debido al estrechamiento bronquial que frena la salida del aire. Ese alargamiento espiratorio es precisamente uno de los signos que se valoran en la auscultación y en la espirometría. Del latín exspiratio, compuesto por ex- (fuera) y spirare (soplar). En textos médicos romanos ya se usaba para describir la salida del aire del pecho. Que «espirar» signifique también morir no es casualidad: para la mentalidad clásica, el último aliento equivalía al final de la vida. No. Solo en reposo. En cuanto la demanda ventilatoria aumenta (ejercicio, habla, canto, tos, maniobras de esfuerzo) se activan los músculos abdominales y los intercostales internos para acelerar o profundizar la salida de aire. Porque en reposo depende de la retracción elástica del pulmón, un proceso gradual que no cuenta con la contracción muscular activa que impulsa la inspiración. La relación habitual es de 1:2, aunque varía con el ejercicio y con determinadas patologías bronquiales. Sí y no. En la práctica clínica se usan como sinónimos para referirse a la salida de aire de los pulmones. Pero «expiración» incorpora el prefijo ex- de forma más visible, mientras que «espiración» lo ha asimilado fonéticamente. El verbo expirar conserva además la acepción de fallecer, lo que ocasionalmente genera confusión fuera del contexto clínico. Si desea profundizar en conceptos asociados a la espiración, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la espiración
Mecánica de la fase espiratoria
Espiración pasiva y espiración activa
Tiempos del ciclo y relación inspiración-espiración
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra espiración?
¿La espiración es siempre pasiva?
¿Por qué la espiración dura más que la inspiración?
¿Es lo mismo espiración que expiración?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026