DICCIONARIO MÉDICO
Cisterna
En medicina, el término cisterna designa un espacio o cavidad delimitada por membranas que actúa como reservorio de líquido. Se emplea tanto en neuroanatomía, donde las cisternas subaracnoideas contienen líquido cefalorraquídeo, como en biología celular, donde las cisternas son los sáculos aplanados que componen orgánulos como el retículo endoplasmático o el complejo de Golgi. La palabra cisterna procede del latín cisterna, derivado a su vez de cista (caja, cofre), que tiene su raíz en el griego κίστη (kístē, receptáculo). El sufijo -erna, presente también en voces como taberna, caverna o lucerna, forma nombres de lugar o instrumento. La idea original es la de un depósito cerrado que almacena agua, y la medicina adoptó esta imagen porque, tanto en el encéfalo como dentro de la célula, las cisternas son compartimentos que contienen líquido y lo hacen circular de forma controlada. El uso anatómico del término se consolidó en el siglo XVII, cuando la descripción de los espacios meníngeos y del sistema linfático obligó a nombrar estructuras que no eran vasos ni cavidades ventriculares, sino dilataciones intermedias. En biología celular, la adopción fue más tardía: se generalizó a mediados del siglo XX con la microscopía electrónica, que reveló los sáculos membranosos de los orgánulos intracelulares. En neuroanatomía, las cisternas son ensanchamientos del espacio subaracnoideo, la zona comprendida entre la aracnoides y la piamadre. Dado que la piamadre se adhiere a la superficie cerebral siguiendo cada surco y circunvolución, mientras que la aracnoides pasa como un puente sobre las depresiones, se forman cámaras de volumen variable que acumulan líquido cefalorraquídeo, vasos sanguíneos y trayectos de nervios craneales. Tabiques aracnoideos fenestrados compartimentan estos espacios, que sin embargo se comunican libremente entre sí. Las cisternas subaracnoideas se clasifican habitualmente en cuatro grupos topográficos. Las de la fosa posterior incluyen la cisterna magna (la de mayor volumen de todo el encéfalo), la cisterna pontina y la cisterna pontocerebelosa. Las perimesencefálicas rodean el tronco del encéfalo y entre ellas destaca la cisterna interpeduncular y la cisterna cuadrigeminal o de la vena de Galeno. Existen además cisternas supraselares y retrotalámicas que completan el mapa, pero la cisterna magna sigue siendo la referencia principal en neuroimagen porque recibe directamente el líquido cefalorraquídeo que sale del cuarto ventrículo a través de los agujeros de Magendie y de Luschka. Fuera del sistema nervioso, la anatomía clásica describe otra cisterna de relevancia: la cisterna del quilo (también llamada cisterna de Pecquet), una dilatación sacular situada en el retroperitoneo, por delante de las primeras vértebras lumbares. Actúa como punto de confluencia de los troncos linfáticos lumbares y del tronco intestinal antes de que la linfa ascienda por el conducto torácico. Jean Pecquet la describió en 1651, y su hallazgo constituyó la primera demostración de que los vasos quilíferos no desembocaban en el hígado, como se creía, sino en el sistema venoso. En el interior de las células eucariotas, cisterna designa cada uno de los sáculos membranosos aplanados que se apilan para formar orgánulos de procesamiento. Las cisternas del retículo endoplasmático rugoso son láminas paralelas tapizadas de ribosomas en su cara citoplásmica; allí se sintetizan, pliegan y modifican las proteínas destinadas a la secreción o a la membrana plasmática. Las cisternas del complejo de Golgi se organizan en pilas (dictiosomas) con una cara cis receptora y una cara trans emisora, y se encargan de la glicosilación, el empaquetamiento y la distribución de macromoléculas. En ambos casos, el nombre responde a la misma lógica que en la anatomía macroscópica: cavidades acotadas por membrana que contienen y canalizan un contenido líquido. Del latín cisterna, formado sobre cista (caja), que a su vez procede del griego κίστη (kístē). Originalmente designaba un depósito subterráneo para almacenar agua. La medicina tomó el término porque las estructuras que nombra comparten esa idea: espacios cerrados que almacenan y distribuyen líquido. No. Los ventrículos cerebrales son cavidades internas del encéfalo revestidas de epéndimo, donde se produce la mayor parte del líquido cefalorraquídeo. Las cisternas, en cambio, son espacios extracerebrales situados entre las meninges. Ambos forman parte de la misma circulación, pero ocupan localizaciones anatómicas distintas y tienen paredes de naturaleza diferente. Solo comparten el nombre y la analogía funcional. Las cisternas del Golgi o del retículo endoplasmático son estructuras intracelulares de escala nanométrica, visibles únicamente con microscopía electrónica. Las cisternas subaracnoideas y la cisterna del quilo pertenecen a la anatomía macroscópica. Sí. La cisternografía es la técnica de imagen que permite estudiar las cisternas subaracnoideas, ya sea mediante la inyección de contraste con tomografía computarizada, con resonancia magnética o con radiotrazadores (cisternografía isotópica). La punción de la cisterna magna (punción suboccipital) fue durante décadas un método habitual de obtención de líquido cefalorraquídeo, aunque hoy se reserva para situaciones en las que la punción lumbar no es viable. Si desea profundizar en conceptos asociados a las cisternas en medicina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una cisterna en el contexto médico
Cisternas subaracnoideas
La cisterna del quilo en el sistema linfático
Cisternas en la biología celular
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cisterna?
¿Es lo mismo una cisterna subaracnoidea que un ventrículo cerebral?
¿Las cisternas celulares tienen relación con las cisternas anatómicas?
¿Se puede explorar una cisterna subaracnoidea?
Referencias
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