DICCIONARIO MÉDICO
Anemia inflamatoria crónica
La anemia inflamatoria crónica —también denominada anemia de enfermedad crónica, anemia de la inflamación o anemia de trastornos crónicos— es un tipo de anemia que se desarrolla en personas con enfermedades que producen una activación prolongada del sistema inmunitario, como infecciones crónicas, enfermedades autoinmunes, cáncer o enfermedad renal crónica. Es la segunda causa de anemia más frecuente en el mundo después de la anemia ferropénica y la más frecuente en pacientes hospitalizados. Suele ser de intensidad leve o moderada, normocítica y normocrómica. La anemia inflamatoria crónica es una anemia arregenerativa —la médula ósea no responde con un aumento adecuado de la producción de eritrocitos— que aparece en el contexto de una enfermedad que mantiene activo el sistema inmunitario de forma prolongada. Las situaciones clínicas que la producen con mayor frecuencia son las enfermedades autoinmunes (artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, enfermedad inflamatoria intestinal), las infecciones crónicas (tuberculosis, VIH, osteomielitis, endocarditis), las neoplasias y la enfermedad renal crónica. También puede observarse en la insuficiencia cardíaca, la obesidad y, de forma aguda, en pacientes críticos hospitalizados. El nombre del trastorno ha evolucionado a lo largo de las últimas décadas. La denominación clásica era "anemia de enfermedad crónica" (anemia of chronic disease, ACD), pero este nombre resultó impreciso porque la anemia no aparece en todas las enfermedades crónicas y, además, puede desarrollarse rápidamente en procesos agudos como la sepsis. Por ello, la literatura hematológica contemporánea prefiere el término "anemia de la inflamación" (anemia of inflammation), que refleja mejor el mecanismo causal: la activación del sistema inmunitario y la liberación de citocinas inflamatorias. La denominación "anemia inflamatoria crónica" que recoge este diccionario combina ambos conceptos: el mecanismo inflamatorio y el carácter habitualmente prolongado del proceso subyacente. Desde el punto de vista etimológico, "inflamatoria" procede del latín inflammare, "encender" o "prender fuego", en alusión al calor, enrojecimiento e hinchazón que caracterizan la respuesta inflamatoria; y "crónica" procede del griego χρόνος (chrónos), "tiempo", indicando que el proceso se prolonga en el tiempo. La combinación describe así una anemia producida por un estado inflamatorio que se mantiene activo de forma sostenida. El mecanismo central de la anemia inflamatoria crónica es la alteración de la disponibilidad del hierro provocada por la hepcidina, un péptido producido por el hígado que actúa como regulador maestro del metabolismo del hierro. En condiciones normales, la hepcidina se eleva cuando las reservas de hierro son altas y desciende cuando son bajas, regulando así la absorción intestinal y la liberación del hierro almacenado en los macrófagos. En la inflamación, las citocinas proinflamatorias —especialmente la interleucina-6 (IL-6)— estimulan la producción hepática de hepcidina de forma muy intensa, independientemente del estado real de las reservas de hierro. La hepcidina actúa bloqueando la ferroportina, la única proteína de membrana capaz de exportar hierro desde el interior de las células (enterocitos intestinales y macrófagos) hacia el plasma sanguíneo. Al degradarse la ferroportina, se producen dos efectos simultáneos: el hierro de la dieta deja de absorberse en el intestino y el hierro reciclado de los eritrocitos envejecidos queda retenido dentro de los macrófagos del sistema reticuloendotelial, sin poder llegar al plasma. El resultado es una hiposideremia —hierro sérico bajo— con ferritina normal o elevada: el organismo tiene hierro almacenado, pero no puede utilizarlo para fabricar hemoglobina. A este mecanismo principal se suman otros factores que contribuyen a la anemia: la disminución de la producción de eritropoyetina (la hormona renal que estimula la producción de glóbulos rojos), la menor respuesta de la médula ósea a la eritropoyetina disponible y un acortamiento leve de la vida media de los eritrocitos por aumento de la hemofagocitosis (destrucción de glóbulos rojos por macrófagos activados). Todos estos factores son consecuencia directa de la acción de las citocinas inflamatorias sobre la eritropoyesis. Existe una interpretación teleológica de este fenómeno que ayuda a comprender su lógica biológica: el "secuestro" de hierro en los macrófagos es una estrategia defensiva del organismo. Al retirar el hierro de la circulación, el sistema inmunitario priva a los microorganismos patógenos de un nutriente esencial para su crecimiento y multiplicación. Es una defensa eficaz frente a la infección, pero tiene como efecto colateral la limitación de la producción de hemoglobina y, por tanto, la aparición de anemia. La anemia inflamatoria crónica se presenta típicamente como una anemia de intensidad leve o moderada (hemoglobina habitualmente entre 8 y 12 g/dL), normocítica y normocrómica, aunque en fases avanzadas o cuando se prolonga puede hacerse microcítica e hipocrómica, lo que la hace confundible con la anemia ferropénica. Los reticulocitos están bajos o inapropiadamente normales para el grado de anemia. El perfil férrico es el elemento clave para distinguirla: el hierro sérico está bajo (como en la ferropenia), pero la ferritina está normal o elevada (en la ferropenia está baja) y la transferrina o capacidad total de fijación del hierro (CTFH) está baja o normal (en la ferropenia está elevada). La combinación de hierro bajo con ferritina normal o elevada es la firma analítica de la anemia inflamatoria crónica. El diagnóstico diferencial más importante y más frecuente en la práctica clínica es con la anemia ferropénica. Ambas comparten el hallazgo de hierro sérico bajo, pero la ferritina —el marcador de las reservas corporales de hierro— está descendida en la ferropénica y normal o elevada en la inflamatoria. La distinción es clínicamente crucial porque el abordaje difiere: la administración de hierro, que es el pilar en la anemia ferropénica, puede resultar ineficaz o incluso contraproducente en la anemia inflamatoria crónica si las reservas de hierro ya son adecuadas. En la práctica, ambos tipos de anemia coexisten con frecuencia en un mismo paciente (anemia mixta), lo que complica la interpretación del perfil férrico. La anemia hipocrómica y la anemia microcítica son categorías morfológicas que pueden incluir tanto la anemia ferropénica como las fases avanzadas de la anemia inflamatoria crónica. No son diagnósticos en sí mismos, sino descripciones del aspecto de los eritrocitos que deben completarse con el estudio del metabolismo del hierro. La anemia hipoplásica comparte el mecanismo de producción insuficiente de eritrocitos, pero su causa es un fallo primario de la médula ósea (congénito o adquirido), no la acción de las citocinas inflamatorias sobre el metabolismo del hierro. Es un nombre descriptivo que combina tres conceptos. "Anemia" procede del griego ἀν- (an-), "sin", y αἷμα (haîma), "sangre". "Inflamatoria" procede del latín inflammare, "encender", en alusión a la respuesta inmunitaria que está en el origen de la anemia. "Crónica" procede del griego χρόνος (chrónos), "tiempo", indicando que el proceso se prolonga. El nombre refleja así el mecanismo: una anemia producida por la acción sostenida de la inflamación sobre el metabolismo del hierro y la eritropoyesis. Sí, son sinónimos. "Anemia de enfermedad crónica" (anemia of chronic disease) fue la denominación clásica. La literatura actual tiende a preferir "anemia de la inflamación" (anemia of inflammation) porque describe mejor el mecanismo causal y porque la anemia también puede aparecer en procesos agudos, no solo crónicos. El término "anemia inflamatoria crónica" que recoge este diccionario integra ambas perspectivas. En la anemia ferropénica el organismo carece de hierro: las reservas están agotadas y la ferritina está baja. En la anemia inflamatoria crónica el organismo tiene hierro almacenado, pero no puede utilizarlo: las citocinas inflamatorias estimulan la hepcidina, que bloquea la salida del hierro desde los macrófagos y el intestino. La ferritina está normal o elevada. La diferencia es clínicamente decisiva porque la respuesta al hierro oral es muy distinta en cada caso. La inflamación activa la producción de hepcidina, un péptido hepático que bloquea la ferroportina (la proteína que exporta hierro al plasma). El hierro queda retenido en los macrófagos y no llega a los eritroblastos de la médula ósea para fabricar hemoglobina. Esta retención se interpreta como un mecanismo de defensa del organismo: al retirar el hierro de la circulación, priva a los microorganismos patógenos de un nutriente esencial para su multiplicación. El efecto colateral es la anemia. Sí. Después de la anemia ferropénica, la anemia inflamatoria crónica es la causa de anemia más frecuente a escala mundial. Es particularmente prevalente en pacientes hospitalizados y en ancianos, donde puede representar más de la mitad de todos los cuadros de anemia. Consulte también la información clínica completa sobre la anemia Si busca información sobre síntomas, diagnóstico y tratamiento de la anemia, puede consultar la ficha completa de la anemia elaborada por el Servicio de Hematología y Hemoterapia de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la anemia inflamatoria crónica, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la anemia inflamatoria crónica
El mecanismo: la hepcidina y el "secuestro" de hierro
Perfil analítico: cómo se reconoce en el hemograma
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "anemia inflamatoria crónica"?
¿Es lo mismo "anemia inflamatoria crónica" que "anemia de enfermedad crónica"?
¿En qué se diferencia de la anemia ferropénica?
¿Por qué la inflamación produce anemia?
¿Es la segunda anemia más frecuente del mundo?
Referencias
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