DICCIONARIO MÉDICO
Transferrina
La transferrina es la glucoproteína plasmática que capta el hierro absorbido en el intestino, o liberado por el reciclaje de hematíes viejos, y lo reparte por la sangre hasta las células que lo necesitan. La palabra es joven para el vocabulario médico: no viene del griego ni del latín clásico, sino de una decisión de nomenclatura tomada a mediados del siglo XX. En 1947, los bioquímicos suecos Carl-Gustaf Holmberg y Carl-Bertil Laurell bautizaron así a la proteína que acababan de caracterizar, combinando el inglés transfer con el sufijo -ina propio de las proteínas. No llegaron solos. En Estados Unidos, Schade y Caroline habían aislado un componente fijador de hierro casi idéntico en el plasma humano ya en 1946, y el propio Schade propuso en 1948 un nombre rival, siderofilina, que remitía directamente a su afinidad por el hierro. Ganó transferrina. Siderofilina sobrevive hoy solo como sinónimo ocasional en algunos textos europeos. Desde el punto de vista bioquímico es una única cadena polipeptídica de unos 80 kilodalton, plegada en dos regiones globulares casi simétricas, los lóbulos N y C, unidas por un segmento corto. Cada lóbulo aloja un ion de hierro férrico (Fe³⁺), aunque no lo hace en solitario: necesita la ayuda de un anión, casi siempre bicarbonato, que actúa como una especie de pinza molecular sin la que el hierro no queda bien sujeto. La molécula circula por el plasma en tres estados posibles, según cuántos de esos huecos tenga ocupados: vacía (apotransferrina), con un solo hierro (monoférrica) o con los dos (holotransferrina, la forma que el organismo prefiere para entregar el metal a los tejidos). En una persona sana coexisten en la sangre las tres formas a la vez, y la proporción entre ellas cambia constantemente según el ritmo de absorción intestinal y de fabricación de glóbulos rojos. El paso del hierro desde la transferrina hasta el interior de la célula corre a cargo de un receptor de membrana, CD71, mediante un ciclo de endocitosis que se describe con detalle en la ficha de ese receptor. Existe un segundo receptor, TFR2, expresado sobre todo en el hígado, que también capta transferrina cargada de hierro, aunque su papel parece ligado más a detectar los niveles de hierro circulante que a repartir el metal por el resto del organismo. Su principal lugar de síntesis es el hígado, aunque no el único: el gen TF, situado en el cromosoma 3, se expresa también, en menor medida, en otros tejidos. La transferrina, además, no trabaja sola ni siquiera dentro de su propia función. Pertenece a una familia de proteínas transportadoras de hierro con un plegamiento común: la lactoferrina de la leche y las lágrimas, aislada por Sørensen en 1939 y caracterizada por Johansson en 1958, y la ovotransferrina o conalbúmina de la clara de huevo, descrita por Alderton y su equipo en 1946, el mismo año del hallazgo de Schade y Caroline en plasma humano. Las tres comparten el mecanismo de los dos lóbulos. Solo la transferrina sérica cumple, en el ser humano, la función de reparto sistémico del hierro; las otras dos actúan sobre todo como defensa antimicrobiana, privando a las bacterias del hierro que necesitan para multiplicarse. Conviene no confundir tampoco la transferrina con la ferritina: esta almacena el hierro dentro de las células, mientras que aquella lo transporta por la sangre. Y el hierro total no es la proteína en sí, sino la magnitud de laboratorio que mide precisamente el hierro que va unido a ella. No. A diferencia de la inmensa mayoría del vocabulario médico, nace en pleno siglo XX, del inglés científico y no de las lenguas clásicas. La acuñaron en 1947 Holmberg y Laurell, y su fecha de nacimiento consta con una precisión que rara vez alcanzan los términos de raíz grecolatina. Sí, aunque de forma menos eficiente y sin ningún papel fisiológico relevante. En el laboratorio se ha unido a metales como el galio, el indio o el titanio, que ocupan el mismo sitio que el hierro en la molécula. Esa promiscuidad tiene una aplicación real: el galio radiactivo empleado en algunas pruebas de imagen de medicina nuclear aprovecha precisamente esta vía de entrada a las células. No toda. Coexisten permanentemente las formas vacía, monoférrica y diférrica, en proporciones que varían de un momento a otro. Forma parte de una familia con plegamiento común que incluye la lactoferrina y la ovotransferrina, ya mencionadas. Además, la molécula no es idéntica en todas las personas: en 1957, Oliver Smithies detectó, mediante electroforesis en gel de almidón, la existencia de variantes genéticas de la transferrina que circulan con distinta movilidad eléctrica. Ese hallazgo abrió un campo de estudio, la genética de poblaciones a través de los polimorfismos proteicos, que durante décadas sirvió para trazar el parentesco entre grupos humanos antes de que la secuenciación del ADN lo hiciera posible de forma directa.Qué es la transferrina
Función y transporte del hierro
Origen y familia de proteínas
Preguntas frecuentes
¿Es transferrina una palabra griega o latina, como tantos términos médicos?
¿Puede la transferrina transportar otros metales además del hierro?
¿Toda la transferrina de la sangre va cargada de hierro?
¿Qué relación tiene con otras proteínas del organismo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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