DICCIONARIO MÉDICO
Hematocrito
El hematocrito es el porcentaje del volumen total de sangre que ocupan los glóbulos rojos. Se expresa como un número seguido del signo %: un hematocrito de 42 significa que, de cada 100 mililitros de sangre, 42 corresponden a eritrocitos empaquetados y los 58 restantes a plasma, leucocitos y plaquetas. Es uno de los parámetros que informa el hemograma. Antes de designar una cifra, "hematocrito" fue el nombre del instrumento. La palabra combina dos raíces griegas: αἷμα (haîma), "sangre", y κρίνειν (krínein), "separar" o "juzgar"; el conjunto viene a decir "lo que separa la sangre". A finales del siglo XIX, los fisiólogos suecos Magnus Blix y Sven Gustaf Hedin idearon un dispositivo de centrifugación capaz de fraccionar la sangre en sus componentes: los eritrocitos —más densos— se compactaban en el fondo del tubo, el plasma quedaba arriba y entre ambos aparecía una fina franja intermedia de leucocitos y plaquetas. La proporción que el paquete de eritrocitos ocupaba en la columna total daba la medida. Con el tiempo, la palabra migró del aparato al dato: hoy "hematocrito" ya no se refiere a la centrífuga, sino al valor que se obtiene de ella. Los valores de referencia varían con el sexo y la edad. En varones adultos, el intervalo habitual se sitúa entre el 40 y el 54 %; en mujeres adultas, entre el 36 y el 48 %. La diferencia obedece en gran parte a la estimulación de la eritropoyesis por los andrógenos, que elevan la masa eritrocitaria en los varones, y al efecto de las pérdidas menstruales, que la reducen periódicamente en las mujeres —aunque este segundo factor pesa menos de lo que la divulgación general suele asumir—. El procedimiento clásico, denominado microhematocrito, consiste en llenar un capilar de vidrio con sangre anticoagulada y centrifugarlo a alta velocidad durante unos cinco minutos. Al detenerse la centrífuga, se lee directamente en una regleta la altura del paquete eritrocitario respecto al total. Es un método sencillo, barato y todavía se considera la referencia para calibrar los analizadores automáticos. En la práctica hospitalaria actual, sin embargo, el hematocrito rara vez se mide así. Los contadores hematológicos lo calculan de forma indirecta: multiplican el volumen corpuscular medio (VCM) por el recuento de eritrocitos y dividen entre diez. El resultado coincide razonablemente con el de la centrifugación, pero no al cien por cien, porque el método clásico incluye una pequeña cantidad de plasma atrapado entre los eritrocitos compactados —el llamado trapped plasma— que infla ligeramente la cifra. Esa discrepancia es menor del 3 % y rara vez tiene repercusión clínica, pero conviene conocerla para no sorprenderse si los dos métodos discrepan en un caso concreto. Existe también una relación empírica útil: en condiciones normales, el hematocrito en porcentaje equivale aproximadamente a tres veces la hemoglobina en g/dL. La regla no es exacta, pero permite detectar rápidamente incoherencias entre ambos valores. Un punto que merece atención: el hematocrito no es un recuento absoluto de eritrocitos, sino un cociente entre el volumen de eritrocitos y el volumen total de sangre. Cualquiera de los dos componentes del cociente puede cambiar. Si la masa eritrocitaria se reduce —por ejemplo, en una anemia— el hematocrito descenderá. Pero también descenderá si el volumen plasmático aumenta aunque la masa eritrocitaria se mantenga intacta, como sucede de forma fisiológica durante el embarazo, donde la expansión del plasma "diluye" los eritrocitos sin que haya disminuido su número real. Basta invertir el razonamiento. Un hematocrito elevado puede indicar un exceso real de eritrocitos —policitemia— o simplemente una contracción del plasma, como ocurre en la deshidratación. En altitudes elevadas, donde la disponibilidad de oxígeno es menor, el organismo responde aumentando la producción de eritrocitos a través de la eritropoyetina renal, y el hematocrito sube sin que exista enfermedad. De ahí que las poblaciones que viven a gran altitud presenten valores de referencia superiores a los de las poblaciones costeras. Del griego αἷμα (haîma), "sangre", y κρίνειν (krínein), "separar". El término designaba originalmente al aparato que centrifugaba la sangre para fraccionarla en sus componentes, y con el tiempo pasó a nombrar el dato numérico que se obtiene de esa separación. No. La hemoglobina cuantifica la proteína transportadora de oxígeno; el hematocrito mide qué fracción de la sangre ocupan los eritrocitos. Se mueven en paralelo, pero aportan información distinta. Depende del laboratorio. El método original lo mide directamente, centrifugando un capilar de sangre y leyendo la proporción de eritrocitos en la columna. Los analizadores automáticos, que son los habituales hoy, lo calculan a partir del recuento de eritrocitos y del volumen corpuscular medio. Porque el volumen de plasma se expande proporcionalmente más que la masa de eritrocitos. No se pierden glóbulos rojos; se diluyen en un volumen mayor de plasma. Es lo que en hematología se denomina anemia dilucional o fisiológica del embarazo: el organismo necesita más líquido circulante para atender a la placenta y al feto, y esa expansión reduce el hematocrito sin que haya disminuido la producción de eritrocitos. Dentro de ciertos límites, el descenso se considera normal y esperable. Si desea profundizar en conceptos asociados al hematocrito, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el hematocrito
Centrifugación directa y cálculo automatizado
Aumento y disminución del hematocrito
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra hematocrito?
¿Hematocrito y hemoglobina miden lo mismo?
¿El hematocrito se mide o se calcula?
¿Por qué el hematocrito es más bajo durante el embarazo?
Referencias
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