DICCIONARIO MÉDICO

Anemia

La anemia es la disminución de la concentración de hemoglobina en sangre por debajo de los umbrales considerados normales para la edad, el sexo y el estado fisiológico. No es una enfermedad en sí misma sino un signo clínico común a un conjunto muy amplio de procesos, desde los déficits nutricionales hasta las enfermedades hematológicas, renales, infecciosas o hereditarias. El término procede del griego ἀναιμία (anaimía), literalmente "carencia de sangre", y está documentado ya en textos de Aristóteles del siglo IV antes de nuestra era. La Organización Mundial de la Salud estima que la anemia afectaba en 2021 a aproximadamente 1.900 millones de personas en todo el mundo, lo que la sitúa entre las tres principales causas de años de vida vividos con discapacidad a escala global.

Qué es la anemia

La anemia se define, desde el punto de vista conceptual y operativo, como una disminución de la cantidad de hemoglobina en sangre por debajo de un umbral establecido en función de la edad, el sexo y el estado fisiológico del individuo. La hemoglobina es la proteína contenida en los hematíes (o glóbulos rojos) que se encarga de transportar el oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos; cuando su concentración cae, la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre se reduce y aparece el conjunto de manifestaciones clínicas que se agrupan bajo la denominación de síndrome anémico. Aunque en la práctica se acompaña habitualmente de una disminución del número de eritrocitos y del hematocrito, la cifra que define la anemia es, por convención internacional, la hemoglobina.

Conviene subrayar desde el principio una idea central: la anemia no es una enfermedad, sino un signo. Igual que la fiebre o la ictericia, señala que algo está sucediendo, pero no dice qué. Por eso la aproximación clínica a un paciente con anemia no se agota en documentar la cifra de hemoglobina: exige siempre identificar la causa subyacente, que puede ir desde un déficit nutricional banal hasta una enfermedad hematológica grave. Esta naturaleza sindrómica explica la amplitud de los tipos de anemias reconocidas en la literatura (ferropénica, megaloblástica, hemolítica, aplásica, falciforme, talasemia, refractaria, inflamatoria crónica y muchas otras): todas comparten el denominador común de la hemoglobina baja y se diferencian por el mecanismo y la causa que las producen.

La etimología del término es una de las mejor documentadas del vocabulario médico. "Anemia" procede del griego ἀναιμία (anaimía), voz compuesta formada por el prefijo privativo ἀν- (an-, "no" o "sin") y αἷμα (haîma, "sangre"), y significa literalmente "carencia de sangre" o "ausencia de sangre". El término aparece ya en los tratados biológicos de Aristóteles, en el siglo IV antes de nuestra era, con ese sentido general de empobrecimiento sanguíneo. Se reintrodujo como término técnico en el latín científico moderno en 1731 bajo la forma anaemia, y pasó al francés como anémie en 1761. De esta misma raíz griega αἷμα proceden la mayor parte de los tecnicismos relacionados con la sangre que componen el vocabulario hematológico actual: hematíe, hematocrito, hemoglobina, hemólisis, hemorragia, hemograma, hemostasia o hematoma. Es, por tanto, uno de los nudos léxicos centrales de la medicina clásica, plenamente vivo dos mil cuatrocientos años después de su primera aparición escrita.

Criterios diagnósticos: los umbrales de hemoglobina según la OMS

Para que la definición conceptual de anemia pueda aplicarse en la práctica se necesitan umbrales numéricos precisos. Esos umbrales los fija desde 1968 la Organización Mundial de la Salud, que en 2024 publicó una revisión completa bajo el título Haemoglobin concentrations for the diagnosis of anaemia and assessment of severity, la primera actualización sustantiva de los criterios en más de cinco décadas. Los umbrales actuales, expresados en gramos de hemoglobina por litro de sangre venosa, distinguen por edad, sexo y situación de embarazo:

  • Niños de 6 a 23 meses: hemoglobina inferior a 105 g/L.
  • Niños de 24 a 59 meses: hemoglobina inferior a 110 g/L.
  • Niños y niñas de 5 a 11 años: hemoglobina inferior a 115 g/L.
  • Adolescentes y adultos de 12 a 14 años y mujeres no embarazadas de 15 a 65 años: hemoglobina inferior a 120 g/L.
  • Hombres de 15 a 65 años: hemoglobina inferior a 130 g/L.
  • Durante el embarazo, los umbrales se ajustan por trimestre: inferior a 110 g/L en el primer y tercer trimestre, e inferior a 105 g/L en el segundo trimestre.

Los mismos umbrales, expresados en las unidades habituales en la práctica clínica española (gramos por decilitro), corresponden aproximadamente a 13 g/dL en el hombre adulto, 12 g/dL en la mujer adulta no embarazada y 11 g/dL durante el embarazo: cifras que muchos profesionales recuerdan como la "regla del 13-12-11" y que siguen siendo válidas en la revisión de 2024. La severidad de la anemia, por su parte, se clasifica internacionalmente en tres grados —leve, moderada y severa—, con una cuarta categoría "muy severa" reservada a situaciones específicas como el embarazo, donde se sitúa por debajo de los 4 g/dL.

Dos matices importantes. En primer lugar, estos umbrales se refieren a sangre venosa medida en condiciones estandarizadas, y no son directamente trasladables a valores obtenidos por punción capilar, que tiene una variabilidad mayor. En segundo lugar, los criterios son válidos para la población adulta hasta los 65 años; en el paciente anciano la propia OMS reconoce que la evidencia es limitada y que la aplicación automática de los mismos umbrales requiere cautela clínica.

Los tres mecanismos fisiopatológicos de la anemia

Todas las anemias conocidas, por muy distintas que parezcan clínicamente, pueden reconducirse a tres mecanismos fisiopatológicos básicos o a la combinación de dos o más de ellos. Este esquema de tres columnas es la columna vertebral conceptual que permite ordenar y entender el enorme catálogo de tipos de anemia.

Producción insuficiente de hematíes. La médula ósea, tejido donde se fabrican los glóbulos rojos, no genera un número adecuado de eritrocitos. Esto puede deberse a la falta de materias primas (hierro, vitamina B₁₂, ácido fólico, proteínas), a una señal hormonal insuficiente (déficit de eritropoyetina en la insuficiencia renal crónica), a una enfermedad primaria de la médula (aplasia medular, síndromes mielodisplásicos, infiltración por células tumorales) o a un efecto tóxico sobre ella (quimioterapia, radioterapia, agentes ambientales). La anemia ferropénica y la anemia megaloblástica son los ejemplos más frecuentes del primer subgrupo.

Destrucción acelerada de hematíes. Los eritrocitos, que en condiciones normales circulan entre 110 y 120 días, son destruidos prematuramente. A este proceso se le denomina hemólisis. La destrucción puede estar causada por defectos propios del hematíe, habitualmente hereditarios (alteraciones de la hemoglobina en la anemia falciforme y las talasemias, alteraciones enzimáticas, alteraciones de la membrana como la esferocitosis), o bien por factores externos al hematíe (anticuerpos en las anemias hemolíticas autoinmunes, mecanismos traumáticos en las anemias microangiopáticas, agentes tóxicos o infecciosos). Cuando la destrucción supera la capacidad de reposición de la médula, aparece la anemia hemolítica.

Pérdida de hematíes. La sangre se pierde del sistema circulatorio por hemorragia, aguda o crónica. Una hemorragia aguda importante —una hemorragia digestiva masiva, un traumatismo grave, una cirugía complicada— produce una anemia de instauración rápida cuya gravedad depende más de la velocidad de la pérdida que de la cifra absoluta de hemoglobina. Las pérdidas crónicas, mucho más frecuentes y a menudo ocultas, son la causa más común de anemia ferropénica en la población adulta: menstruación abundante, pérdidas digestivas lentas por úlceras, divertículos, pólipos o tumores, hematuria mantenida. En estos casos la anemia se instala lentamente, el organismo se adapta y los síntomas pueden ser muy discretos durante meses hasta que la hemoglobina cae por debajo de un umbral crítico.

Los tres mecanismos no son excluyentes. Muchas anemias reales combinan varios —por ejemplo, la anemia del cáncer mezcla producción insuficiente, destrucción por fenómenos inflamatorios y pérdidas ocultas—, y su estudio clínico busca precisamente ponderar el peso de cada uno.

Clasificaciones conceptuales de la anemia

Además del esquema fisiopatológico de tres mecanismos, la práctica hematológica utiliza dos clasificaciones conceptuales complementarias que conviene conocer porque estructuran el vocabulario del cluster.

Clasificación morfológica, según el tamaño del hematíe (medido por el volumen corpuscular medio o VCM). Distingue tres subgrupos: anemia microcítica, cuando los eritrocitos son más pequeños de lo normal (VCM por debajo de 80 fL); anemia normocítica, con eritrocitos de tamaño conservado; y anemia macrocítica, con eritrocitos de tamaño aumentado (VCM por encima de 100 fL). Esta clasificación, muy utilizada en la práctica por su sencillez, orienta ya hacia grandes grupos causales: las microcíticas suelen reflejar problemas en la síntesis de hemoglobina (ferropenia, talasemia), las macrocíticas problemas en la maduración del ADN (déficit de vitamina B₁₂ o ácido fólico) o toxicidad medular, y las normocíticas abarcan un grupo muy heterogéneo que incluye la anemia por pérdidas agudas, las anemias hemolíticas y las anemias de enfermedad crónica.

Clasificación según la respuesta medular, basada en el recuento de reticulocitos (hematíes jóvenes recién salidos de la médula). Diferencia entre anemia regenerativa, con reticulocitos elevados porque la médula responde fabricando nuevos hematíes (típica de las hemolíticas y de las hemorrágicas agudas), y anemia hiporregenerativa, con reticulocitos normales o bajos porque la médula no es capaz de responder (característica de los déficits nutricionales, las enfermedades crónicas y las patologías propias de la médula ósea).

Dimensión epidemiológica: la carga global de la anemia

La anemia es uno de los problemas de salud pública más prevalentes a escala mundial. La Organización Mundial de la Salud, en su hoja informativa vigente, estima que en 2019 padecían anemia aproximadamente el 30 % de las mujeres no embarazadas y el 37 % de las embarazadas de 15 a 49 años, así como el 40 % de los niños de 6 a 59 meses. Un análisis posterior del Estudio de la Carga Global de Enfermedad cifró en 2021 en aproximadamente 1.900 millones de personas —en torno al 24 % de la población mundial— el número total de afectados, y situó la anemia entre las tres principales causas de años de vida vividos con discapacidad a nivel global.

La causa nutricional más importante a escala mundial es, con gran diferencia, la deficiencia de hierro, hasta el punto de que a menudo se usan como sinónimos "anemia" y "anemia por deficiencia de hierro", lo cual es impreciso pero refleja el peso epidemiológico de esta forma. Otros determinantes mayores de la carga global son las hemoglobinopatías hereditarias (talasemias y drepanocitosis, especialmente en el área mediterránea, África subsahariana, Oriente Medio y el subcontinente indio), las carencias de vitamina B₁₂, ácido fólico, vitamina A y riboflavina, y las infecciones parasitarias y crónicas como el paludismo, la tuberculosis o el VIH en las regiones donde son endémicas. La reducción de la anemia en mujeres de 15 a 49 años es, de hecho, una de las seis Metas mundiales de nutrición fijadas por la Asamblea Mundial de la Salud y uno de los objetivos específicos de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Diferenciación con entidades relacionadas

Conviene delimitar la anemia frente a otras situaciones con las que se confunde o con las que comparte terreno conceptual.

Frente a la policitemia, la relación es de simetría conceptual: si la anemia es el descenso de la hemoglobina y los hematíes por debajo del umbral, la policitemia es el aumento por encima del límite superior. La policitemia vera, además, es una enfermedad hematológica clonal concreta. Frente a la hemoglobinopatía, el término se refiere a cualquier alteración estructural o de síntesis de la molécula de hemoglobina; algunas hemoglobinopatías —talasemias, anemia falciforme— producen anemia, pero otras cursan sin anemia manifiesta. Frente a la hemólisis, la relación es la de mecanismo versus consecuencia: puede existir hemólisis sin anemia si la médula compensa la destrucción aumentando la producción. Frente al concepto genérico de ferropenia, la distinción es importante y a menudo mal entendida: la ferropenia es el déficit de hierro en el organismo y precede a la anemia, que solo aparece cuando el déficit es suficientemente prolongado o intenso para afectar a la síntesis de hemoglobina. Muchos pacientes tienen ferropenia sin anemia, un estado con sus propias consecuencias clínicas y que debe reconocerse.

Preguntas frecuentes

¿De dónde procede la palabra "anemia"?

Procede del griego ἀναιμία (anaimía), formado por el prefijo privativo ἀν- ("no" o "sin") y la raíz αἷμα (haîma, "sangre"). Significa, literalmente, "carencia de sangre". El término aparece ya en los tratados biológicos de Aristóteles en el siglo IV antes de nuestra era, y se reintrodujo como tecnicismo médico en el latín científico moderno en 1731, pasando al francés como anémie en 1761. De la misma raíz αἷμα procede buena parte del vocabulario hematológico actual: hematíe, hemoglobina, hemograma, hemólisis, hemorragia o hematoma, entre muchos otros términos.

¿Es lo mismo anemia que tener el hierro bajo?

No exactamente. Tener el hierro bajo es lo que se denomina ferropenia, y es una situación en la que los depósitos de hierro del organismo están reducidos. La anemia ferropénica aparece solo cuando esa ferropenia se mantiene lo suficiente o es lo bastante intensa para afectar a la síntesis de hemoglobina y hacer que su concentración caiga por debajo del umbral diagnóstico. Existen por tanto personas con ferropenia sin anemia, y personas con anemia cuya causa no es la falta de hierro (déficit de vitamina B₁₂, ácido fólico, enfermedades crónicas, hemólisis, enfermedades de la médula ósea). La distinción es importante porque el tratamiento no es el mismo.

¿La anemia es una enfermedad o un síntoma?

La anemia es un signo clínico, no una enfermedad en sí misma. Igual que la fiebre señala que algo está sucediendo pero no dice qué, la anemia indica que la concentración de hemoglobina está por debajo de lo normal, pero no identifica la causa. Esa causa puede ir desde un déficit nutricional corregible en unas semanas hasta una enfermedad hematológica grave. Por eso, el hallazgo de una anemia en un análisis nunca se agota en sí mismo: obliga siempre a investigar su origen, que es lo que va a determinar el tratamiento y el pronóstico.

¿Cuándo se considera que una persona tiene anemia según la OMS?

Según la guía de la OMS de 2024, se considera que una persona tiene anemia cuando su concentración de hemoglobina en sangre venosa es inferior a ciertos umbrales definidos por edad, sexo y estado fisiológico. Los valores de referencia, expresados en gramos por decilitro, son inferiores a 13 g/dL en el hombre adulto, inferiores a 12 g/dL en la mujer adulta no embarazada, inferiores a 11 g/dL durante el primer y tercer trimestre de embarazo e inferiores a 10,5 g/dL en el segundo trimestre. Para niños y adolescentes los umbrales son más bajos y varían por tramos de edad. Estos valores se refieren a sangre venosa medida en condiciones estandarizadas.

¿Cuántas personas tienen anemia en el mundo?

Las estimaciones más recientes, basadas en el Estudio de la Carga Global de Enfermedad, cifran en aproximadamente 1.900 millones el número de personas afectadas por anemia en el mundo en 2021, lo que supone en torno a una cuarta parte de la población mundial. La Organización Mundial de la Salud calcula, para 2019, prevalencias del 30 % en mujeres no embarazadas de 15 a 49 años, del 37 % en mujeres embarazadas de la misma franja de edad y del 40 % en niños menores de cinco años. La anemia figura entre las tres principales causas de años de vida vividos con discapacidad a escala global, y su reducción es uno de los objetivos específicos recogidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Referencias

  1. Universidad de Salamanca. Anemia. Dicciomed: diccionario médico-biológico, histórico y etimológico.
  2. Organización Mundial de la Salud. Anemia. Centro de prensa, hojas informativas.
  3. World Health Organization. Haemoglobin concentrations for the diagnosis of anaemia and assessment of severity. WHO guideline, 2024.
  4. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Anemia. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.

Consulte también la información clínica completa sobre la anemia

Si busca información sobre síntomas, tipos, diagnóstico y tratamiento de la anemia desde el punto de vista clínico, puede consultar la ficha completa de la enfermedad elaborada por el Servicio de Hematología y Hemoterapia de la Clínica Universidad de Navarra.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a la anemia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

La información proporcionada en este Diccionario Médico de la Clínica Universidad de Navarra tiene como objetivo principal ofrecer un contexto y entendimiento general sobre términos médicos y no debe ser utilizada como fuente única para tomar decisiones relacionadas con la salud. Esta información es meramente informativa y no sustituye en ningún caso el consejo, diagnóstico, tratamiento o recomendaciones de profesionales de la salud. Siempre es esencial consultar a un médico o especialista para tratar cualquier condición o síntoma médico. La Clínica Universidad de Navarra no se responsabiliza por el uso inapropiado o la interpretación de la información contenida en este diccionario.

© Clínica Universidad de Navarra 2026