DICCIONARIO MÉDICO
Metabolismo del hierro
El metabolismo del hierro es el conjunto de procesos que regulan la absorción intestinal, el transporte sanguíneo, el almacenamiento y el reciclaje de este mineral, necesario para la síntesis de hemoglobina y el transporte de oxígeno. El organismo carece de un mecanismo activo para eliminar el exceso de hierro, por lo que su control depende casi por completo de ajustar cuánto se absorbe. El cuerpo de un adulto sano contiene entre 3 y 5 gramos de hierro, repartidos sobre todo entre la hemoglobina de los glóbulos rojos y las reservas del hígado, el bazo y la médula ósea. La mayor parte de ese hierro no procede de la dieta del día, sino del reciclaje continuo de glóbulos rojos envejecidos, un circuito interno mucho más activo que la absorción intestinal diaria. La dieta aporta hierro en dos formas químicas distintas. El hierro hemo, presente en la carne, el pescado y las aves, se absorbe con más eficiencia que el hierro no hemo de origen vegetal, presente en legumbres, frutos secos y cereales. Esta diferencia de biodisponibilidad es uno de los motivos por los que la dieta influye en las reservas de hierro de cada persona. La absorción tiene lugar en el duodeno. El hierro no hemo, en su forma férrica (Fe3+), se reduce primero a hierro ferroso (Fe2+) mediante la enzima citocromo duodenal b, y entra después en el enterocito a través del transportador de metales divalentes DMT1. El hierro hemo sigue una vía distinta, todavía no completamente esclarecida, en la que interviene una proteína transportadora específica. Una vez dentro de la célula intestinal, el hierro tiene dos destinos posibles: quedar almacenado como ferritina, la proteína de depósito, o exportarse al plasma a través de la ferroportina, el único transportador conocido capaz de sacar hierro de una célula. El hierro que permanece almacenado en el enterocito se pierde cuando esta célula se descama, en un plazo de pocos días. Al salir de la célula, el hierro se oxida de nuevo a su forma férrica y se une a la transferrina, la proteína plasmática que lo transporta hasta los tejidos que lo necesitan. Casi todas las células del organismo poseen receptores de transferrina en su membrana, aunque la médula ósea, donde se fabrican los glóbulos rojos, capta con diferencia la mayor proporción. El almacenamiento a largo plazo corresponde a la ferritina, presente sobre todo en el hígado, el bazo y la médula ósea. Su concentración en sangre refleja de forma razonablemente fiel el tamaño de las reservas corporales de hierro, razón por la que se emplea como parámetro analítico habitual para valorarlas. La hepcidina, un péptido producido por el hígado, es el principal regulador del metabolismo del hierro. Actúa uniéndose a la ferroportina y provocando su degradación, lo que bloquea la salida de hierro tanto del enterocito como de los macrófagos encargados de reciclarlo. Cuando las reservas de hierro son abundantes, el hígado sintetiza más hepcidina, y la absorción intestinal se frena. Si las reservas escasean, ocurre lo contrario: la producción de hepcidina cae, la ferroportina permanece activa, y tanto la absorción como la liberación de hierro almacenado aumentan. La inflamación altera este equilibrio por una vía distinta, ya que ciertas citocinas estimulan la síntesis de hepcidina con independencia del estado real de las reservas, lo que reduce la disponibilidad de hierro durante los procesos inflamatorios prolongados. Porque sigue una vía de entrada al enterocito distinta y menos sensible a otros componentes de la dieta. El hierro no hemo, en cambio, compite con fitatos, taninos y calcio por la misma vía de absorción, lo que reduce su biodisponibilidad de forma variable según el resto de alimentos consumidos. La inflamación sostenida eleva la hepcidina de forma persistente, lo que mantiene el hierro secuestrado dentro de los macrófagos y del enterocito. El resultado es una anemia con reservas de hierro corporal normales o incluso elevadas, pero con escasa disponibilidad para la producción de hemoglobina. El recambio de hierro unido a la transferrina se produce, en condiciones normales, varias veces al día. Este ritmo supera con mucho el aporte que llega desde la dieta, lo que confirma que el reciclaje interno, no la absorción diaria, sostiene la mayor parte de las necesidades del organismo. No. Salvo por la menstruación, las hemorragias o las donaciones de sangre, el organismo carece de una vía activa para excretar hierro. Las pequeñas pérdidas diarias se producen sobre todo por la descamación de células cutáneas e intestinales.Qué es el metabolismo del hierro
Absorción intestinal
Transporte y almacenamiento
La hepcidina: la hormona reguladora
Preguntas frecuentes
¿Por qué el hierro hemo se absorbe mejor que el no hemo?
¿Qué relación hay entre la hepcidina y la anemia de las enfermedades crónicas?
¿Cuántas veces se recicla el hierro corporal al día?
¿El hierro almacenado se pierde con facilidad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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