DICCIONARIO MÉDICO
Metabolismo
El metabolismo es el conjunto de reacciones químicas y físicas que las células realizan de forma continua para obtener energía, construir sus propias estructuras y eliminar los productos de desecho. Comprende dos fases opuestas, el catabolismo y el anabolismo, coordinadas por un sistema de enzimas y hormonas que ajusta su ritmo a las necesidades de cada tejido. El término procede del griego μεταβολή (metabolḗ), «cambio», formado a partir de meta, que indica transición, y ballein, «lanzar» o «arrojar». Lo acuñó el fisiólogo alemán Theodor Schwann (1810-1882) en 1839, buscando una palabra capaz de describir la transformación constante de la materia viva. El Diccionario de la Real Academia Española lo recoge hoy como el conjunto de reacciones químicas que efectúan las células de los seres vivos con el fin de sintetizar o degradar sustancias. Bajo esa definición conviven procesos muy distintos entre sí: la respiración celular, la síntesis de una proteína muscular, la degradación de un fármaco en el hígado o la producción de calor corporal. Todos comparten un mismo principio, la conservación y transformación de la energía, aunque sus vías bioquímicas apenas se parezcan entre ellas. El metabolismo se organiza en dos fases. El catabolismo degrada moléculas complejas (glúcidos, lípidos, proteínas) en unidades más simples y libera energía que la célula almacena en forma de ATP. El anabolismo recorre el camino contrario: consume esa energía para construir las macromoléculas que el organismo necesita, ya sea para crecer, repararse o formar reservas. Ninguna célula funciona en un solo sentido de manera permanente. El equilibrio entre ambas fases cambia según el momento del día, el estado nutricional y la actividad de cada tejido, un fenómeno que la fisiología conoce como flexibilidad metabólica. El resultado neto define el balance metabólico. Puede ampliar esta distinción en las entradas dedicadas al catabolismo y al anabolismo. Cada reacción metabólica depende de una enzima específica, y la velocidad de la vía completa suele regularse en uno o dos puntos clave mediante mecanismos alostéricos: la acumulación del producto final frena a la enzima que inicia la ruta. A esta regulación local se suma un control hormonal a distancia, en el que participan la insulina y el glucagón, la hormona de crecimiento, el cortisol y las hormonas tiroideas. Las hormonas tiroideas, por ejemplo, elevan el consumo de oxígeno de casi todos los tejidos del organismo, con la notable excepción del cerebro adulto, cuyo gasto energético apenas depende de ellas. Esa combinación de control enzimático rápido y control hormonal más lento permite que el metabolismo se adapte tanto a un cambio súbito, como un esfuerzo físico, como a una situación sostenida, como el ayuno prolongado o el crecimiento infantil. Algunos calificativos que acompañan a la palabra metabolismo no describen procesos aislados, sino el mismo conjunto de reacciones observado desde ángulos distintos. El metabolismo basal es el gasto energético mínimo que el organismo necesita en reposo absoluto, mientras que el metabolismo intermediario agrupa las rutas centrales, como la glucólisis o el ciclo de Krebs, que conectan el catabolismo de los distintos nutrientes entre sí. Cuando el aporte de oxígeno no basta para sostener la demanda energética, el organismo recurre al metabolismo anaeróbico, una vía mucho menos eficiente pero disponible de inmediato. Determinados órganos tienen, además, un perfil metabólico propio: el metabolismo cerebral depende casi por completo de la glucosa, y el metabolismo renal combina la producción de glucosa con la eliminación de residuos nitrogenados. El hierro sigue su propio circuito. El metabolismo del hierro regula la absorción, el transporte y el reciclaje de un elemento que el cuerpo apenas puede eliminar de forma activa. Algo parecido ocurre con el metabolismo de las proteínas, centrado en el recambio de aminoácidos y en la eliminación del nitrógeno sobrante en forma de urea, y con el metabolismo ácido-base, que no transforma nutrientes sino que mantiene estable el pH de la sangre. El término deriva del griego μεταβολή (metabolḗ), que significa «cambio». Theodor Schwann, fisiólogo alemán conocido también por su papel en la formulación de la teoría celular, lo introdujo en 1839 dentro de un tratado de fisiología. Buscaba un nombre para la capacidad de los seres vivos de transformar químicamente la materia que incorporan. La palabra pasó después a otras lenguas europeas, entre ellas el español, donde la Real Academia la incorporó con el sentido fisiológico que conserva hoy. No, al menos no de forma relevante ni duradera. MedlinePlus recoge este mito entre las creencias más extendidas sobre el metabolismo, y aclara que ni el ejercicio puntual ni ciertos alimentos elevan de manera significativa el gasto energético en reposo. Entre el 50 y el 70 % del gasto energético total de una persona sedentaria corresponde al metabolismo basal. El resto se reparte entre la actividad física y el efecto térmico de los alimentos, es decir, la energía que el propio organismo emplea en digerirlos. No exactamente. La nutrición abarca todo el proceso, desde la ingestión y digestión de los alimentos hasta su absorción, mientras que el metabolismo empieza una vez que los nutrientes ya están dentro de la célula. Son conceptos sucesivos, no equivalentes. No. El cese completo y definitivo del metabolismo celular equivale, por definición, a la muerte del tejido o del organismo.Qué es el metabolismo
Catabolismo y anabolismo
Regulación: un control en varios niveles
Las variantes del metabolismo según el contexto fisiológico
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra metabolismo?
¿El café o las dietas milagro aceleran el metabolismo?
¿Qué porcentaje de la energía diaria consume el metabolismo basal?
¿Metabolismo y nutrición son sinónimos?
¿Puede vivir un organismo sin metabolismo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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