DICCIONARIO MÉDICO
Anabolismo
El anabolismo es la fase constructiva del metabolismo, en la que el organismo sintetiza moléculas complejas a partir de precursores más sencillos. Estas reacciones consumen energía, sobre todo en forma de ATP, y son las responsables del crecimiento tisular, la reparación celular y el almacenamiento de reservas energéticas. Se denomina anabolismo al conjunto de reacciones bioquímicas mediante las cuales la célula construye moléculas de alto peso molecular (proteínas, lípidos, ácidos nucleicos, polisacáridos) a partir de componentes más pequeños. Son reacciones endergónicas: necesitan un aporte externo de energía para llevarse a cabo. Esa energía la proporciona, en la inmensa mayoría de los casos, la hidrólisis del ATP. La palabra procede del inglés anabolism, formado sobre el griego ἀναβολή (anabolḗ, «acción de lanzar hacia arriba»), a partir de ἀνά (aná, «hacia arriba») y βάλλειν (bállein, «lanzar»). La metáfora es elocuente: frente al catabolismo, que «derriba» estructuras moleculares para liberar energía, el anabolismo las «levanta». La Real Academia Española de la Lengua recoge el vocablo con la acepción de «conjunto de procesos metabólicos de síntesis de moléculas complejas a partir de otras más sencillas». En español, su primera documentación conocida es de 1902: Miguel de Unamuno la empleó en sus Ensayos con un sentido figurado, refiriéndose a períodos de «anabolismo espiritual» en los que leía y asimilaba ideas antes de pasar a la escritura. El anabolismo no ocurre en un solo paso. Se reconocen tres etapas encadenadas, y conviene separarlas para entender cómo una molécula de glucosa o un aminoácido libre acaban formando parte de una estructura tan compleja como una proteína funcional o un depósito de glucógeno. En la primera, el organismo produce o incorpora los precursores básicos: aminoácidos procedentes de la digestión de proteínas alimentarias, monosacáridos obtenidos de la hidrólisis de glúcidos, ácidos grasos liberados de los triglicéridos y bases nitrogenadas necesarias para los ácidos nucleicos. Son piezas elementales, y la célula las obtiene tanto de la dieta como de su propio reciclaje interno. Viene después la activación de esos precursores. No basta con tener los ladrillos; hay que «cargarlos» con energía para que puedan reaccionar. Aquí interviene el ATP, que cede uno de sus grupos fosfato y transfiere al precursor la energía necesaria para la siguiente reacción. Algunas rutas requieren también poder reductor en forma de NADPH, sobre todo la síntesis de ácidos grasos. La tercera etapa es el ensamblaje propiamente dicho. Las enzimas catalizan la formación de enlaces covalentes entre los precursores activados, generando polímeros cada vez más grandes: cadenas polipeptídicas, polisacáridos de reserva, lípidos de membrana, filamentos de ADN y ARN. No todo se monta igual de rápido. La síntesis de una cadena polipeptídica de tamaño medio en un ribosoma bacteriano tarda unos segundos; la replicación completa del ADN de una célula humana puede llevar varias horas. Cada tejido del organismo privilegia unas rutas sobre otras, dependiendo de su función y de las señales hormonales que recibe. Hay cuatro vías que merecen mención por su relevancia clínica y fisiológica. Síntesis de proteínas. Los ribosomas del citoplasma leen la información del ARN mensajero y unen aminoácidos mediante enlaces peptídicos. Es el proceso anabólico que más directamente se asocia al crecimiento muscular y a la regeneración tisular, y consume una fracción considerable del ATP celular total (algunas estimaciones sitúan el gasto en torno al 30 % del ATP de una célula en división activa). Glucogenogénesis. Cuando la concentración de glucosa en sangre sube tras una comida, las células hepáticas y musculares la retiran del torrente sanguíneo y la almacenan en forma de glucógeno, un polisacárido ramificado. La ruta inversa, la glucogenólisis, libera esa glucosa cuando el organismo la necesita entre comidas o durante el ejercicio. El hígado puede almacenar entre 80 y 110 gramos de glucógeno, el músculo esquelético bastante más, aunque con una diferencia: el glucógeno muscular se consume localmente y no se vierte a la sangre. Lipogénesis. En situación de excedente calórico, el citosol hepático convierte el exceso de acetil-CoA en ácidos grasos, que se esterifican con glicerol para formar triglicéridos. Esos triglicéridos se empaquetan en lipoproteínas y se transportan al tejido adiposo. Es, en términos energéticos, la vía de almacenamiento a largo plazo. Síntesis de nucleótidos y ácidos nucleicos. Cada vez que una célula se divide, debe duplicar íntegramente su material genético. Eso exige fabricar miles de millones de nucleótidos nuevos y ensamblarlos en la secuencia correcta. Fuera de la replicación, la célula mantiene también una producción continua de ARN ribosómico, ARN mensajero y ARN de transferencia para sostener la síntesis proteica. El equilibrio entre anabolismo y catabolismo no es fijo: oscila a lo largo del día según la ingesta de alimentos, la actividad física y el estado hormonal. Tras una comida, la insulina secretada por el páncreas favorece la captación de glucosa, la síntesis de glucógeno y la formación de triglicéridos. La hormona del crecimiento y la testosterona estimulan la síntesis proteica en el músculo, el hueso y otros tejidos. En ayunas o bajo estrés fisiológico, el balance se desplaza hacia el catabolismo, y la célula pasa a degradar sus propias reservas para obtener energía. Este acoplamiento depende de la disponibilidad de ATP. El catabolismo genera ATP al degradar glucosa (en la glucólisis y el ciclo de Krebs) y ácidos grasos; el anabolismo lo consume para construir moléculas nuevas. Un organismo adulto sano puede hidrolizar y regenerar una cantidad de ATP equivalente a su propio peso corporal en un solo día, cifra que da idea de la magnitud de este recambio continuo. La confusión entre ambos términos es frecuente, pero la distinción conceptual es sencilla. Las reacciones anabólicas consumen energía para formar enlaces y construir moléculas complejas. Las catabólicas rompen esos enlaces y liberan energía. No son opuestas en el sentido de que una anule a la otra: coexisten permanentemente en la célula, y la prevalencia de una u otra fase depende de la situación fisiológica. En una célula muscular en reposo, después de una comida rica en proteínas, predomina el anabolismo; esa misma célula, horas después, en ayunas y durante un esfuerzo intenso, estará consumiendo sus reservas por vías catabólicas. Existe además un tercer grupo de rutas, las anfibólicas, que funcionan en ambos sentidos. El ciclo de Krebs es el ejemplo clásico: degrada acetil-CoA para producir equivalentes reductores, pero también exporta intermediarios (citrato, oxalacetato, α-cetoglutarato) que alimentan vías biosintéticas del anabolismo. Del griego ἀνά (aná, «hacia arriba») y βάλλειν (bállein, «lanzar»), a través del inglés anabolism. La imagen es la de «lanzar hacia arriba», es decir, construir estructuras moleculares complejas a partir de piezas sencillas. El DRAE registra el término como anglicismo de raíz griega. Sí, en la práctica se usan como sinónimos. La RANM define el anabolismo como la «fase del metabolismo celular durante la cual se constituyen moléculas complejas a partir de elementos más simples», que es exactamente lo que describe la palabra biosíntesis. La diferencia, si acaso, es de perspectiva: anabolismo subraya el carácter de fase metabólica global, mientras que biosíntesis se emplea más cuando se habla de una ruta concreta (biosíntesis de ácidos grasos, biosíntesis del colesterol). No. Predomina en el estado posprandial porque la insulina lo estimula, pero nunca se detiene del todo. Incluso durante el ayuno, la célula mantiene procesos anabólicos sin los que la célula no podría subsistir: reparación del ADN, renovación de proteínas dañadas, síntesis de enzimas que participan en funciones vitales. Lo que cambia es la proporción: en ayunas, el catabolismo aporta más energía de la que el anabolismo consume; después de comer, el balance se invierte. Los esteroides anabólicos son derivados sintéticos de la testosterona que potencian la síntesis proteica, sobre todo en el músculo esquelético. El nombre «anabolizante» alude precisamente a esa capacidad de intensificar las reacciones anabólicas. Su uso sin indicación médica conlleva efectos adversos graves. Progresivamente. La síntesis proteica muscular se vuelve menos eficiente a partir de la cuarta o quinta década de la vida, y los niveles de varias hormonas anabólicas (hormona del crecimiento, testosterona, estrógenos) descienden con los años. Esa combinación contribuye a la pérdida gradual de masa muscular que acompaña al envejecimiento. Si desea profundizar en conceptos asociados al anabolismo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el anabolismo
Las tres etapas del proceso anabólico
Rutas anabólicas principales en fisiología humana
Regulación hormonal y acoplamiento con el catabolismo
Diferenciación con el catabolismo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra anabolismo?
¿Es lo mismo anabolismo que biosíntesis?
¿El anabolismo solo ocurre después de comer?
¿Qué relación tienen los esteroides anabolizantes con el anabolismo?
¿Disminuye el anabolismo con la edad?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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