DICCIONARIO MÉDICO
Catabolismo
El catabolismo es la fase del metabolismo en la que el organismo degrada moléculas orgánicas complejas (glúcidos, lípidos, proteínas) para transformarlas en compuestos más simples, liberando energía química que se conserva en forma de ATP. Junto con el anabolismo, constituye una de las dos vertientes del metabolismo celular. La célula necesita energía para prácticamente todo: mantener gradientes iónicos, sintetizar proteínas, contraerse, dividirse. Esa energía procede de la ruptura controlada de enlaces químicos en moléculas orgánicas. El catabolismo es, precisamente, el conjunto de rutas enzimáticas que ejecutan esa ruptura de forma escalonada, paso a paso, de modo que la energía se libere en cantidades manejables y se capture en moléculas transportadoras (ATP, NADH, FADH₂) en vez de disiparse como calor. La palabra proviene del griego κατά (katá, hacia abajo) y βάλλειν (bállein, lanzar, arrojar), con el sufijo -ismo. El sentido etimológico es algo así como la acción de derribar o descomponer, una metáfora bastante exacta de lo que ocurre a nivel molecular. El término lo introdujo la fisiología del siglo XIX para distinguirlo del anabolismo (de ἀνά, aná, hacia arriba, y βάλλειν), acuñado con la misma lógica pero en sentido opuesto. Aunque existen centenares de reacciones catabólicas, la bioquímica las organiza en unas pocas vías troncales que confluyen en un embudo metabólico. La glucólisis es la primera. Ocurre en el citoplasma y degrada una molécula de glucosa (seis carbonos) en dos moléculas de piruvato (tres carbonos cada una), generando dos ATP y dos NADH. Se trata de una vía anaeróbica: no requiere oxígeno. Prácticamente todas las células del organismo la emplean, y durante mucho tiempo fue probablemente la única fuente de energía de los organismos primitivos, antes de que la atmósfera acumulara oxígeno suficiente. En presencia de oxígeno, el piruvato entra en la mitocondria, se convierte en acetil-CoA y alimenta el ciclo de Krebs (ciclo del ácido cítrico). Esta ruta no produce directamente grandes cantidades de ATP, pero sí genera abundantes equivalentes reductores (NADH y FADH₂) que se canalizan hacia la cadena de transporte de electrones, donde la mayor parte de la energía se convierte finalmente en ATP. El rendimiento neto de la oxidación completa de una molécula de glucosa ronda los 30-32 ATP, según las estimaciones actuales. Los lípidos siguen otra ruta. La lipólisis libera ácidos grasos del tejido adiposo, y la betaoxidación los fragmenta en unidades de dos carbonos (acetil-CoA) que también entran en el ciclo de Krebs. Un ácido graso de cadena larga produce mucha más energía que una molécula de glucosa, lo que explica por qué las reservas de grasa son el principal almacén energético del organismo. Las proteínas entran en el catabolismo cuando sus aminoácidos se desaminan (pierden el grupo amino, que se elimina como urea) y los esqueletos carbonados resultantes alimentan distintos puntos del ciclo de Krebs o de la glucólisis. La proteólisis intracelular, mediada por el sistema ubiquitina-proteasoma, contribuye también al reciclaje de proteínas dañadas o innecesarias. El organismo no cataboliza a ritmo constante. La regulación es fina y depende del estado nutricional, la actividad física y las señales hormonales. El glucagón, secretado por las células alfa del páncreas cuando la glucemia desciende, activa la degradación de glucógeno hepático (glucogenólisis) y la gluconeogénesis. La adrenalina hace algo parecido en situaciones de estrés agudo, movilizando reservas energéticas con rapidez. El cortisol, principal glucocorticoide, favorece la proteólisis muscular y la liberación de aminoácidos al torrente sanguíneo para que el hígado los transforme en glucosa. Las hormonas tiroideas aceleran el metabolismo global. La insulina, en cambio, actúa como freno del catabolismo: tras una comida, la elevación de insulina inhibe la lipólisis, la proteólisis y la glucogenólisis, favoreciendo la ruta anabólica de almacenamiento. En estados patológicos como sepsis, politraumatismo grave o quemaduras extensas, el catabolismo proteico se dispara. La masa muscular se degrada a un ritmo que puede superar los 200 gramos de proteína al día, un fenómeno que compromete la recuperación funcional y aumenta la morbimortalidad. Este hipercatabolismo resulta de la acción combinada de citoquinas proinflamatorias (interleucina-6, TNF-alfa), cortisol elevado y resistencia periférica a la insulina. Los productos finales de las reacciones catabólicas (los catabolitos) son eliminados del organismo por distintas vías: el CO₂ se expulsa por los pulmones, la urea se excreta por el riñón, la bilirrubina se elimina por la bilis. La acumulación de catabolitos por fallo en su eliminación es, de hecho, la base fisiopatológica de cuadros como la uremia o la hiperbilirrubinemia. Del griego κατά (katá, hacia abajo) y βάλλειν (bállein, lanzar), con el sufijo -ismo. Literalmente: la actividad de derribar o descomponer. No. El metabolismo abarca las dos vertientes: catabolismo (degradación) y anabolismo (síntesis). El catabolismo es solo la mitad destructiva del metabolismo. Anaeróbica. No requiere oxígeno. El oxígeno interviene después, en la cadena de transporte de electrones mitocondrial, pero la glucólisis en sí ocurre en el citoplasma sin participación de oxígeno. Se produce un balance negativo de masa corporal. En situaciones fisiológicas como el ayuno prolongado o el ejercicio intenso, esto es transitorio. En enfermedades graves (sepsis, caquexia tumoral, quemaduras), el desequilibrio sostenido puede ser una amenaza vital. Si desea profundizar en conceptos asociados al catabolismo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el catabolismo
Rutas catabólicas principales
Regulación hormonal
Catabolismo acelerado en la enfermedad
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra catabolismo?
¿Es lo mismo catabolismo que metabolismo?
¿La glucólisis es aeróbica o anaeróbica?
¿Qué ocurre cuando el catabolismo supera al anabolismo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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