DICCIONARIO MÉDICO
Acueducto
En anatomía, un acueducto es un conducto óseo o cavitario estrecho por el que circula un líquido del organismo. El término se aplica sobre todo al acueducto cerebral (un canal del mesencéfalo que conecta el tercer y el cuarto ventrículo y por el que pasa el líquido cefalorraquídeo) y a dos canales del oído interno: el acueducto del vestíbulo y el acueducto del caracol. La palabra procede del latín aquaeductus, "conducción de agua", y se incorporó al vocabulario anatómico como metáfora de las grandes obras hidráulicas romanas. Un acueducto, en sentido médico, no es una sola estructura sino una categoría: cualquier conducto estrecho excavado en un hueso o entre cavidades anatómicas que sirva para el paso de un líquido recibe este nombre. La nomenclatura anatómica reserva la voz para unos pocos conductos muy concretos, todos ellos compartiendo la misma idea geométrica: un canal angosto, alargado y de paso obligado para el fluido que conduce. Etimológicamente, "acueducto" deriva del latín aquaeductus, palabra compuesta por aqua (agua) y ductus (conducto, de ducere, conducir o llevar). En la Antigua Roma designaba las grandes obras de ingeniería que llevaban agua desde manantiales lejanos hasta las ciudades, casi siempre por canales superficiales sostenidos sobre arcadas. Cuando los anatomistas del Renacimiento describieron conductos estrechos en el cuerpo por los que pasaba líquido, recurrieron a la misma palabra por analogía visual y funcional. La Real Academia Española recoge la voz con su sentido general de "conducto artificial por donde va el agua". En la práctica clínica, cuando se habla de "el acueducto" sin más calificativo, suele referirse al acueducto cerebral. Los otros, los del oído interno, se nombran siempre con su complemento anatómico explícito. El acueducto cerebral, conocido también como acueducto del mesencéfalo y, tradicionalmente, como acueducto de Silvio, es un conducto estrecho del sistema nervioso central que comunica el tercer ventrículo con el cuarto. Lo atraviesa el líquido cefalorraquídeo producido por los plexos coroideos en su trayecto desde las cavidades supratentoriales hasta los espacios subaracnoideos. Mide alrededor de 15 a 20 mm de longitud, con un diámetro reducido, de entre uno y dos milímetros en el adulto. Su localización es precisa: discurre por el centro del mesencéfalo, parte del tronco del encéfalo, rodeado por la sustancia gris periacueductal, una estructura con papel propio en la modulación del dolor y de las respuestas emocionales. Por encima del acueducto se sitúa el techo del mesencéfalo (con los tubérculos cuadrigéminos); por debajo y delante, los pedúnculos cerebrales. La importancia clínica del acueducto cerebral es directa: por su pequeño calibre constituye uno de los puntos más vulnerables del circuito del líquido cefalorraquídeo. Cualquier estrechamiento, tabicación o compresión externa puede interrumpir el flujo y dar lugar a hidrocefalia obstructiva. La estenosis del acueducto, congénita o adquirida, es de hecho una de las causas clásicas de hidrocefalia no comunicante. Mucho menos conocidos fuera del ámbito otorrinolaringológico, los dos acueductos del oído interno son canales óseos excavados en la porción petrosa del hueso temporal que comunican el laberinto con el endocráneo. No conducen aire ni guardan función auditiva directa: su papel es servir de paso a los líquidos del oído interno y a sus envolturas. Acueducto del vestíbulo. Canal óseo estrecho que se extiende desde la pared medial del vestíbulo hasta la cara posterior del peñasco temporal, donde se abre cerca de la fosa craneal posterior. Por su interior discurren el conducto y el saco endolinfáticos, estructuras membranosas que alojan la endolinfa del laberinto vestibular. Su tamaño y morfología tienen relevancia clínica: la dilatación del acueducto vestibular es una de las malformaciones congénitas del oído interno mejor documentadas y se asocia a hipoacusia neurosensorial fluctuante. Acueducto del caracol o coclear. Canal óseo, también dentro del peñasco temporal, que comunica la rampa timpánica de la cóclea con los espacios subaracnoideos de la fosa cerebelosa. Aloja al conducto perilinfático y permite la continuidad entre el líquido perilinfático del oído interno y el líquido cefalorraquídeo. Esta conexión, sutil pero anatómicamente real, explica por qué algunos cambios de presión intracraneal se transmiten al laberinto. Durante siglos al acueducto cerebral se le llamó "acueducto de Silvio". La nomenclatura anatómica vigente, sin embargo, prefiere el descriptivo "acueducto del mesencéfalo" o "acueducto cerebral", y considera obsoleto el epónimo. La historia del nombre merece una nota. Hubo dos anatomistas que latinizaron su apellido como Sylvius. Jacobus Sylvius (Jacques Dubois, 1478-1555), profesor en París y maestro de Vesalio, fue uno de los grandes anatomistas del Renacimiento, fiel a las enseñanzas de Galeno. Franciscus Sylvius (Franz de le Boë, 1614-1672), un siglo posterior, enseñó en Leiden y se hizo célebre por su descripción del surco lateral del cerebro, que hoy conocemos como cisura de Silvio. La atribución del acueducto al uno o al otro nunca quedó del todo clara, y los textos clásicos los confunden con frecuencia. Lo más curioso es que ninguno de los dos lo describió por primera vez: la estructura era conocida desde Galeno, fue descrita con detalle en 1521 por Berengario da Carpi, y el término "acueducto" se aplicó a este conducto en 1587 por Arancio (Giulio Cesare Aranzio). Cuando Bartholin, discípulo de Franciscus Sylvius, publicó sus textos de anatomía en el siglo XVII, asoció el nombre de su maestro a varias estructuras cerebrales, y la costumbre cuajó. El término acueducto no debe confundirse con otros conductos del organismo, aun cuando algunos de ellos tengan funciones de paso de líquido. Agujeros interventriculares de Monro. Son los orificios que comunican los ventrículos laterales con el tercer ventrículo. Funcionalmente forman parte del mismo circuito de líquido cefalorraquídeo que el acueducto cerebral, pero no son conductos alargados sino aberturas. Conducto auditivo interno. Discurre también por el peñasco temporal y comunica el oído interno con la fosa craneal posterior, pero aloja a los pares craneales VII y VIII (nervios facial y vestibulococlear), no a un líquido. Pertenece al sistema nervioso, no al hidrodinámico del laberinto. Canal central de la médula espinal. Continúa caudalmente al cuarto ventrículo y, como el acueducto cerebral, contiene líquido cefalorraquídeo. Sin embargo, su longitud es mucho mayor y su localización claramente medular. Cisternas subaracnoideas. No son conductos sino espacios dilatados llenos de líquido cefalorraquídeo. La cisterna magna, en la base del cráneo, recibe el líquido que sale del cuarto ventrículo por los agujeros de Magendie y Luschka. Del latín aquaeductus, compuesto de aqua (agua) y ductus (conducto), participio de ducere, conducir. En la Roma antigua designaba las obras de ingeniería que llevaban agua a las ciudades, casi siempre sobre arcadas. Los anatomistas del Renacimiento adoptaron la palabra por analogía con esos canales para nombrar conductos estrechos del organismo por los que pasa un fluido. Sí. El acueducto de Silvio, el acueducto cerebral y el acueducto del mesencéfalo nombran la misma estructura: el conducto estrecho que une el tercer y el cuarto ventrículo a través del mesencéfalo. La nomenclatura anatómica actual, recogida en la Terminologia Anatomica internacional, prefiere las dos denominaciones descriptivas y considera el epónimo histórico una forma obsoleta. Tres con uso clínico habitual: el acueducto cerebral, el acueducto del vestíbulo y el acueducto del caracol o coclear. Los dos últimos están en el oído interno y son canales óseos del hueso temporal. Porque, por su pequeño calibre, es uno de los puntos más estrechos del recorrido del líquido cefalorraquídeo. Cualquier obstrucción a su paso, ya sea congénita, tumoral, inflamatoria o cicatricial, puede provocar hidrocefalia. Por su localización en el centro del mesencéfalo, las lesiones que lo afectan suelen acompañarse de signos neurológicos asociados a estructuras vecinas. Sí. La resonancia magnética es el método de elección para visualizar el acueducto cerebral y el flujo de líquido cefalorraquídeo a su través. Las técnicas de cine-flujo permiten incluso cuantificar el movimiento del líquido en su interior. Los acueductos del oído interno se evalúan habitualmente con tomografía computarizada de alta resolución del peñasco, complementada con resonancia magnética cuando se sospecha patología de los espacios endolinfáticos. Para profundizar en los conceptos asociados al acueducto, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un acueducto en anatomía
El acueducto cerebral o del mesencéfalo
Los acueductos del oído interno
La cuestión del epónimo: Silvio, los dos Silvios y el primer descriptor
Diferenciación con otros conductos del organismo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra acueducto?
¿Es lo mismo acueducto de Silvio que acueducto cerebral?
¿Cuántos acueductos hay en el cuerpo humano?
¿Por qué es importante el acueducto cerebral?
¿El acueducto se ve en una resonancia magnética?
Referencias
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