DICCIONARIO MÉDICO
Oído interno
El oído interno es la porción más profunda del oído, excavada en el hueso temporal. Alberga dos sistemas sensoriales distintos dentro de una misma estructura ósea, el laberinto: la cóclea, que transforma la vibración sonora en señal nerviosa, y el aparato vestibular, que informa al cerebro sobre la posición y el movimiento de la cabeza. La Real Academia Española lo define como la parte del oído alojada en el hueso temporal que comprende el laberinto, órgano del equilibrio, y el caracol o cóclea, órgano de la audición. Esa definición resume de qué se trata en realidad el oído interno: no una estructura única, sino dos sistemas sensoriales distintos que comparten espacio, líquidos y buena parte de su desarrollo embrionario, aunque procesan información completamente distinta. Anatómicamente, el conjunto recibe el nombre de laberinto: una cáscara de hueso compacto (el laberinto óseo) que aloja en su interior un sistema de conductos membranosos de paredes finas (el laberinto membranoso), suspendido y bañado por dos líquidos de composición iónica distinta. "Interno" procede del latín internus, y en la nomenclatura anatómica internacional la división se designa como auris interna, en paralelo a auris externa y auris media. La cóclea, o caracol, es un conducto óseo enrollado sobre sí mismo casi tres vueltas, que aloja el órgano de Corti y las células ciliadas responsables de la audición. Es la única parte del oído interno dedicada al sonido. El resto del laberinto forma el aparato vestibular: el vestíbulo, una cavidad central que aloja dos sacos (el utrículo y el sáculo), y los tres canales semicirculares, orientados en ángulos rectos entre sí. Ninguna de estas estructuras interviene en la audición; su función es exclusivamente postural. Dentro de la cóclea, la vibración que llega desde el oído medio a través de la ventana oval desplaza el líquido que la llena y hace oscilar la membrana basilar. Las células ciliadas apoyadas sobre esa membrana convierten el movimiento mecánico en impulso eléctrico, que viaja al cerebro por la rama coclear del nervio vestibulococlear. Cada zona de la cóclea responde a una frecuencia distinta, de modo que los sonidos agudos y los graves activan poblaciones de células ciliadas diferentes. El aparato vestibular funciona con una lógica mecánica distinta. El utrículo y el sáculo contienen cristales de carbonato de calcio (otolitos) apoyados sobre una capa gelatinosa; la gravedad los desplaza cuando la cabeza se inclina o acelera en línea recta, y ese desplazamiento estimula las células ciliadas subyacentes. Los canales semicirculares, en cambio, detectan el giro: el líquido que contienen se retrasa por inercia respecto al movimiento del cráneo, y esa diferencia mueve una estructura gelatinosa, la cúpula, que activa las células sensoriales. Ambas señales llegan al cerebro por la rama vestibular del mismo octavo par craneal. El oído interno se distingue del oído medio por su contenido y por el medio en el que trabaja. El oído medio es una cavidad aérea; el oído interno está lleno de líquido (perilinfa y endolinfa) y no se comunica con el aire exterior en ningún punto. La comunicación entre ambos se limita a dos aberturas selladas: la ventana oval, cerrada por la platina del estribo, y la ventana redonda, cubierta por una membrana fibrosa. No hay huesecillos ni cavidad aérea propiamente dicha en el oído interno; toda su mecánica ocurre en el interior del laberinto. Las enfermedades del oído interno se agrupan, según la estructura afectada, en varios grupos. La pérdida auditiva de origen coclear o del nervio auditivo se clasifica como hipoacusia neurosensorial, y en su forma más grave da lugar a la sordera. Los procesos inflamatorios del laberinto se agrupan bajo el nombre de laberintitis. Y los tumores benignos del nervio vestibulococlear, que crecen precisamente en el conducto donde ese nervio abandona el oído interno, se conocen como neurinoma acústico. Cada entidad tiene entrada propia en el diccionario. Porque su sistema de cavidades óseas, con la cóclea enrollada, el vestíbulo central y los tres canales semicirculares en distintos planos, recordó a los anatomistas del siglo XVII la complejidad del laberinto mitológico de Creta. El nombre es descriptivo y muy anterior a la comprensión de su función real. Sí. La cóclea y el aparato vestibular comparten espacio y líquidos, pero funcionan de manera independiente y reciben inervación por ramas separadas del mismo nervio. Una lesión puede afectar a una de las dos funciones sin comprometer la otra, aunque su proximidad anatómica hace que muchas enfermedades del oído interno acaben afectando a ambas. Los dos líquidos que llenan el oído interno. La perilinfa, de composición similar al líquido cefalorraquídeo, ocupa el espacio entre el laberinto óseo y el membranoso. La endolinfa, rica en potasio, llena el interior del laberinto membranoso. Su diferencia de composición iónica es indispensable para que las células ciliadas generen el impulso nervioso. No siempre, aunque es la causa más frecuente. El aparato vestibular es la fuente principal de la sensación de giro, pero el equilibrio depende también de la vista y de los receptores de posición de músculos y articulaciones, de modo que un trastorno en cualquiera de esos sistemas puede producir una sensación similar. Si desea profundizar en conceptos asociados al oído interno, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el oído interno
Las dos mitades del oído interno
Función: audición y equilibrio en un mismo espacio
Diferenciación con el oído medio
Clasificación de sus alteraciones
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "laberinto" al oído interno?
¿Es posible perder el equilibrio sin perder audición, o al revés?
¿Qué son la perilinfa y la endolinfa?
¿El vértigo siempre indica un problema del oído interno?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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