DICCIONARIO MÉDICO

Laberintitis

La laberintitis es la inflamación del laberinto, la estructura del oído interno que alberga los órganos de la audición y del equilibrio. Su rasgo clínico distintivo es la afectación simultánea de ambas funciones: produce vértigo intenso acompañado de pérdida auditiva y, con frecuencia, acúfenos. La causa más habitual es una infección viral que sigue a un proceso respiratorio de las vías altas; la forma bacteriana, menos frecuente, constituye una complicación grave de la otitis media.

Qué es la laberintitis

La laberintitis es un proceso inflamatorio que afecta al laberinto del oído interno, es decir, al conjunto de cavidades que contienen tanto la cóclea (órgano de la audición) como el aparato vestibular (órgano del equilibrio). Se trata de una entidad que, desde el punto de vista nosológico, no designa una enfermedad única sino un cuadro inflamatorio del oído interno que puede obedecer a causas muy distintas —virales, bacterianas, tóxicas o autoinmunes— y cuya gravedad varía desde formas benignas y autolimitadas hasta variantes supuradas con riesgo de secuelas permanentes.

La característica que define clínicamente a la laberintitis y la distingue de otros procesos vertiginosos periféricos es la afectación simultánea de la función auditiva y la vestibular. El paciente experimenta vértigo rotatorio intenso —con sensación de giro del entorno o del propio cuerpo— y, al mismo tiempo, una disminución de la audición (hipoacusia neurosensorial) en el oído afectado, a menudo acompañada de acúfenos. Esta doble afectación refleja que la inflamación alcanza las dos ramas funcionales del laberinto: la coclear y la vestibular.

La etimología del término resulta especialmente elocuente. "Laberintitis" se forma a partir de laberinto y el sufijo griego -ῖτις (-itis), que indica inflamación. La voz laberinto procede del griego λαβύρινθος (labýrinthos), palabra de etimología debatida pero probablemente vinculada a λάβρυς (lábrys), el hacha sacrificial de doble filo que era uno de los símbolos más sagrados de la civilización minoica. La relación mitológica con el célebre laberinto de Cnosos —la estructura intrincada que, según la tradición, construyó Dédalo para encerrar al Minotauro— explica el sentido metafórico del término: un espacio de recorrido complejo del que resulta difícil salir. La aplicación anatómica de la palabra laberinto para designar la parte más interna del oído se documenta en textos médicos europeos desde finales del siglo XVII, cuando los anatomistas reconocieron que la complejidad de las cavidades óseas del oído interno —con sus conductos semicirculares, el vestíbulo y la cóclea en espiral— evocaba la intrincada estructura de un laberinto.

Anatomía funcional del laberinto: el contexto fisiológico

Para comprender por qué la laberintitis produce simultáneamente vértigo e hipoacusia conviene conocer la organización del laberinto. El oído interno se aloja en la porción petrosa del hueso temporal y está constituido por dos estructuras concéntricas: el laberinto óseo, una cáscara de hueso compacto que define la forma general de las cavidades, y el laberinto membranoso, un sistema de conductos y sacos que sigue los contornos del anterior y está lleno de un líquido denominado endolinfa. Entre ambos laberintos circula otro líquido, la perilinfa. La composición iónica de estos dos líquidos es muy diferente —la endolinfa es rica en potasio, la perilinfa en sodio— y este gradiente es esencial para la transducción de las señales sensoriales.

Funcionalmente, el laberinto se divide en dos compartimentos. El laberinto anterior o cóclea es un tubo enrollado en espiral (de ahí su nombre, del griego κοχλίας, kochlías, "caracol") que alberga el órgano de Corti, responsable de transformar las ondas sonoras en impulsos nerviosos. El laberinto posterior o vestibular comprende tres conductos semicirculares orientados en planos perpendiculares entre sí —anterior, posterior y lateral—, más dos cavidades llamadas utrículo y sáculo. Los conductos semicirculares detectan las aceleraciones rotatorias de la cabeza; el utrículo y el sáculo detectan la posición de la cabeza respecto a la gravedad y las aceleraciones lineales. Toda la información auditiva y vestibular viaja al cerebro a través de las dos ramas del nervio vestibulococlear (VIII par craneal): la rama coclear para la audición y la rama vestibular para el equilibrio.

Cuando la inflamación afecta al laberinto, altera tanto la composición de los líquidos del oído interno como la función de las células ciliadas sensoriales de la cóclea y del aparato vestibular. El resultado es que el cerebro recibe señales erróneas o asimétricas —un oído envía información distinta a la del otro—, lo que genera la percepción ilusoria de movimiento (vértigo) y el nistagmo (movimiento involuntario y rítmico de los ojos), además de pérdida auditiva en el lado afectado.

Clasificación de la laberintitis

La clasificación clásica de la laberintitis distingue tres formas principales según su etiología y gravedad, una distinción con implicaciones directas sobre el pronóstico.

Laberintitis viral (o neurolaberintitis viral). Es la forma más frecuente. Se produce habitualmente tras una infección vírica de las vías respiratorias altas —gripe, resfriado común, mononucleosis— o en el contexto de enfermedades víricas sistémicas como la parotiditis, el sarampión, la varicela o la infección por citomegalovirus. El virus alcanza el laberinto por vía hematógena (a través de la sangre) o por contigüidad desde las vías respiratorias. El cuadro típico es un episodio agudo de vértigo rotatorio intenso con hipoacusia neurosensorial unilateral y acúfenos, de inicio brusco, que dura varios días y se resuelve progresivamente a lo largo de semanas. En la mayoría de los casos la audición se recupera por completo, aunque en un pequeño porcentaje puede quedar una hipoacusia residual permanente.

Laberintitis serosa (o tóxica). En esta forma no hay invasión directa del laberinto por microorganismos, sino que las toxinas bacterianas o los mediadores inflamatorios de una infección del oído medio atraviesan las membranas de la ventana oval o la ventana redonda y provocan una inflamación estéril del oído interno. Es una complicación relativamente frecuente de la otitis media aguda o crónica. Produce vértigo de intensidad moderada, nistagmo y una hipoacusia neurosensorial que suele ser transitoria. Si se resuelve la infección del oído medio, la función laberíntica se recupera habitualmente en 48 a 72 horas.

Laberintitis purulenta (o supurada). Es la forma más grave. Se produce cuando las bacterias invaden directamente el laberinto, ya sea por extensión de una otitis media aguda o crónica —especialmente cuando existe un colesteatoma—, por una meningitis bacteriana, por una fractura del hueso temporal o, más raramente, por una fístula iatrogénica durante una cirugía otológica. El cuadro clínico es severo: vértigo muy intenso, hipoacusia neurosensorial profunda e incluso cofosis (pérdida total de la audición en el oído afectado), junto con fiebre y afectación del estado general. A diferencia de las formas viral y serosa, la laberintitis purulenta destruye las estructuras sensoriales del oído interno y la pérdida auditiva suele ser irreversible. Esta forma es hoy mucho menos frecuente que en la era preantibiótica.

Diferenciación con entidades relacionadas

Varios cuadros clínicos producen vértigo agudo y pueden confundirse con la laberintitis. La distinción es relevante porque el mecanismo, el pronóstico y el manejo son diferentes en cada caso.

La neuronitis vestibular es la entidad que más frecuentemente se confunde con la laberintitis. Ambas producen vértigo rotatorio agudo de inicio brusco, náuseas e inestabilidad, y ambas se atribuyen generalmente a una infección viral. La diferencia clave es que en la neuronitis vestibular la inflamación afecta exclusivamente a la rama vestibular del nervio vestibulococlear, de modo que no hay pérdida auditiva ni acúfenos: el paciente tiene vértigo intenso pero oye con normalidad. Si el paciente presenta vértigo y hipoacusia, el cuadro es una laberintitis, no una neuronitis.

La enfermedad de Ménière comparte con la laberintitis la tríada de vértigo, hipoacusia y acúfenos, pero su patrón temporal es distinto: la enfermedad de Ménière cursa con episodios recurrentes de vértigo —típicamente de 20 minutos a varias horas de duración—, una hipoacusia fluctuante que empeora con cada crisis y sensación de plenitud ótica. La laberintitis, en cambio, produce un episodio único y prolongado de vértigo con hipoacusia que no fluctúa, y tiene una etiología infecciosa o inflamatoria identificable.

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se distingue con facilidad porque produce episodios brevísimos de vértigo (segundos a un minuto) desencadenados estrictamente por cambios posturales de la cabeza —al acostarse, girarse en la cama o mirar hacia arriba—, sin hipoacusia ni acúfenos. Se debe al desprendimiento de otolitos (partículas de carbonato cálcico) dentro de los conductos semicirculares, no a un proceso inflamatorio.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra "laberintitis"?

Se forma a partir de laberinto y el sufijo griego -ῖτις (-itis), "inflamación". La palabra laberinto procede del griego λαβύρινθος (labýrinthos), cuyo origen se relaciona con λάβρυς (lábrys), el hacha de doble filo de la civilización minoica, y con el mítico laberinto de Cnosos construido por Dédalo. Los anatomistas del siglo XVII adoptaron el término para describir la intrincada arquitectura del oído interno —con sus conductos semicirculares, el vestíbulo y la cóclea en espiral—, una estructura cuya complejidad evoca un auténtico laberinto.

¿Es lo mismo laberintitis que neuronitis vestibular?

No, aunque ambos cuadros comparten muchos rasgos. La diferencia fundamental es que la laberintitis afecta a ambas funciones del oído interno —audición y equilibrio—, mientras que la neuronitis vestibular solo afecta al equilibrio: el paciente tiene vértigo pero oye con normalidad. Si hay hipoacusia o acúfenos además de vértigo, el cuadro apunta a una laberintitis.

¿La laberintitis es siempre grave?

No. La forma más frecuente es la laberintitis viral, que suele ser benigna y autolimitada: los síntomas más intensos se resuelven en unos días y la audición se recupera habitualmente en las semanas siguientes, aunque la inestabilidad residual puede durar hasta dos o tres meses. La forma grave es la laberintitis purulenta (bacteriana), que puede causar pérdida auditiva permanente y requiere intervención médica urgente. Esta forma es hoy poco frecuente gracias al uso generalizado de antibióticos para las otitis.

¿En qué se diferencia la laberintitis de la enfermedad de Ménière?

Aunque ambas producen vértigo, hipoacusia y acúfenos, su patrón es distinto. La laberintitis produce un episodio único y prolongado de vértigo con pérdida auditiva, generalmente tras una infección vírica o bacteriana. La enfermedad de Ménière cursa con crisis recurrentes de vértigo —de entre 20 minutos y varias horas— separadas por períodos de normalidad, con hipoacusia fluctuante que empeora progresivamente y sensación de presión o plenitud en el oído.

¿Es frecuente que la laberintitis deje sordera permanente?

En la forma viral, que es la más común, la audición se recupera en la mayoría de los casos, aunque un pequeño porcentaje de pacientes puede conservar una hipoacusia residual. La laberintitis serosa también suele resolverse sin secuelas auditivas si se trata la infección subyacente. La forma purulenta, en cambio, destruye las estructuras sensoriales del oído interno y la pérdida auditiva suele ser irreversible, pero afortunadamente esta variante es rara en la actualidad.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Laberintitis. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. Manual MSD, versión para público general. Laberintitis purulenta. Trastornos del oído interno.
  3. Vestibular Disorders Association (VeDA). Neuronitis vestibular y laberintitis. Recursos en español.
  4. Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). ¿Qué complicaciones pueden darse en una otitis media?.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a la laberintitis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Laberinto: la estructura del oído interno que alberga los órganos de la audición y del equilibrio.
  • Cóclea: el órgano en espiral del laberinto anterior responsable de la audición.
  • Aparato vestibular: el conjunto de estructuras del laberinto posterior que regulan el equilibrio.
  • Endolinfa: el líquido que llena el laberinto membranoso.
  • Perilinfa: el líquido que circula entre el laberinto óseo y el membranoso.
  • Nervio vestibulococlear: el VIII par craneal, que transmite la información auditiva y vestibular al cerebro.
  • Neuronitis vestibular: inflamación de la rama vestibular del nervio, que produce vértigo sin pérdida auditiva.
  • Enfermedad de Ménière: trastorno del oído interno con crisis recurrentes de vértigo, hipoacusia y acúfenos.
  • Nistagmo: movimiento involuntario y rítmico de los ojos, signo cardinal del vértigo periférico.
  • Hipoacusia: disminución de la capacidad auditiva.
  • Acúfeno: percepción de un ruido o zumbido en el oído sin estímulo externo.
  • Electronistagmografía: prueba que registra los movimientos oculares para evaluar la función vestibular.
  • Sordera: pérdida total o casi total de la audición.

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