DICCIONARIO MÉDICO
Laberinto
El laberinto es el nombre anatómico del oído interno: el conjunto de cavidades excavadas en el hueso temporal que albergan los órganos de la audición y del equilibrio. Está formado por dos estructuras encajadas una dentro de otra, el laberinto óseo y el laberinto membranoso, separadas por un líquido. El nombre alude a la complejidad de esas galerías, que a los anatomistas antiguos les recordó el laberinto del mito griego. En anatomía, "laberinto" y "oído interno" son la misma cosa. Se trata de la porción más profunda del oído, situada en la parte más dura del hueso temporal, la porción petrosa, también llamada peñasco por su dureza pétrea. Allí, protegido por hueso denso, se aloja un sistema de cámaras y conductos en el que conviven dos sentidos distintos: el que capta los sonidos y el que informa al cerebro de la posición y los movimientos de la cabeza. Esa doble función explica su organización. Una parte del laberinto, la cóclea o caracol, enrollada en espiral, se ocupa de la audición. La otra, el aparato vestibular, formado por el vestíbulo y tres conductos semicirculares, se ocupa del equilibrio. Ambos comparten paredes, líquidos y el nervio que lleva su información al cerebro, el vestibulococlear. La palabra designa en realidad dos estructuras superpuestas. El laberinto óseo es la cáscara externa: una serie de cavidades labradas en el hueso, con tres piezas reconocibles, el vestíbulo en el centro, los tres conductos semicirculares hacia atrás y la cóclea hacia delante. Dentro de esa cáscara, siguiendo su contorno pero sin llegar a llenarla, flota el laberinto membranoso, un delicado sistema de sacos y tubos de pared fina que contiene las células sensoriales. Entre uno y otro hay líquido, y no es el mismo a cada lado de la pared. El espacio que queda entre el hueso y la membrana está ocupado por perilinfa, de composición parecida a la del líquido que rodea las células del cuerpo. El interior del laberinto membranoso, en cambio, está lleno de endolinfa, rica en potasio y muy distinta de la anterior. Los dos líquidos no se mezclan, y esa separación es la que permite que las células sensoriales generen las señales de la audición y del equilibrio. Cuando esa maquinaria se altera aparecen trastornos como la enfermedad de Ménière o la laberintitis. Pocas palabras de la anatomía tienen un origen tan literario. "Laberinto" viene del latín labyrinthus y este del griego λαβύρινθος (labýrinthos), un término de etimología discutida que la mayoría de los lingüistas relaciona con λάβρυς (lábrys), voz de origen cario o lidio que nombraba el hacha de doble filo, uno de los símbolos rituales de la civilización minoica de Creta. De ahí procede el sentido figurado que todos conocemos. La tradición mitológica situaba en Cnosos un edificio de galerías tan enrevesadas que resultaba imposible salir de él, construido por el artesano Dédalo por encargo del rey Minos para encerrar al Minotauro. Cuando los anatomistas europeos del siglo XVII describieron las cavidades del oído interno, con sus conductos curvos y su caracol enroscado, la comparación se impuso por sí sola. La Real Academia Española todavía recoge esa acepción: el laberinto es el "conjunto de cavidades y conductos que constituyen el oído interno de los vertebrados". Sí. Son dos formas de nombrar la misma región del oído. "Oído interno" es el término descriptivo y "laberinto" el clásico, heredado de la anatomía antigua. Porque los dos sentidos funcionan con el mismo principio físico. Tanto la audición como el equilibrio se basan en células sensoriales que detectan el movimiento de un líquido: en la cóclea, ese movimiento lo provoca el sonido; en el aparato vestibular, los giros y las inclinaciones de la cabeza. Compartir mecanismo permitió que la evolución reuniera ambas funciones en un mismo bloque de cavidades. Son los dos líquidos del oído interno. La perilinfa ocupa el hueco entre el laberinto óseo y el membranoso; la endolinfa llena el interior del membranoso. Se diferencian en su composición, sobre todo en la cantidad de potasio, y esa diferencia es la base del funcionamiento de las células sensoriales. Si desea recorrer las estructuras del oído interno, puede consultar:Qué es el laberinto
El laberinto óseo y el laberinto membranoso
Un nombre tomado de la mitología
Preguntas frecuentes
¿Laberinto y oído interno son lo mismo?
¿Por qué el mismo órgano se encarga de oír y del equilibrio?
¿Qué son la perilinfa y la endolinfa?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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