DICCIONARIO MÉDICO
Pie caído
El pie caído es la incapacidad de levantar la parte anterior del pie durante la marcha, casi siempre por debilidad de los músculos dorsiflexores del tobillo. No es una enfermedad en sí misma, sino un signo clínico que traduce una alteración neurológica, muscular o mecánica subyacente. La lesión del nervio peroneo común a la altura de la cabeza del peroné es, con diferencia, su causa aislada más frecuente. También llamado pie paralítico, y cada vez más citado en la literatura española con el término inglés drop foot, el pie caído describe la postura en flexión plantar que adopta el pie cuando sus músculos dorsiflexores dejan de responder. Quien lo padece no puede colocar el pie en ángulo recto con la pierna ni sostenerlo mientras camina, de modo que la punta tiende a arrastrarse por el suelo o a golpearlo en cada paso. Conviene una precisión de entrada: el pie caído no es un cuadro cerrado en sí mismo, sino la traducción clínica de un problema situado en algún punto de la vía que conecta el cerebro con el músculo. Por eso pertenece, dentro de la nosología médica, a la categoría de signo y no a la de enfermedad, condición que comparte con otros patrones de marcha ya recogidos en este diccionario, como la cojera o la marcha atáxica. La palabra caída procede en última instancia del latín cadĕre, según se explica con más detalle en la entrada dedicada a la caída como evento clínico. Aquí el término se emplea en sentido descriptivo, no médico estricto: el pie no se cae al suelo, sino que pierde la capacidad de mantenerse elevado. La literatura clásica española utilizaba también la expresión «parálisis del ciático poplíteo externo», nombre que sigue apareciendo en algunos textos y que remite a la antigua denominación francesa del nervio peroneo común. Los músculos encargados de levantar la punta del pie ocupan el compartimento anterior de la pierna: el tibial anterior, principal motor de la dorsiflexión, junto con el extensor largo de los dedos, el extensor largo del dedo gordo y el tercer peroneo. Los cuatro comparten inervación, la del nervio peroneo profundo, rama terminal del nervio peroneo común, que a su vez procede del nervio ciático y de las raíces L4 a S1 de la médula espinal. Basta con que la señal se interrumpa en cualquier tramo de ese recorrido (corteza cerebral, médula, raíz, plexo, nervio periférico o el propio músculo) para que el resultado clínico sea el mismo: el pie deja de subir. Sin dorsiflexores activos, los músculos antagonistas, sobre todo el tríceps sural, quedan sin oposición y el pie reposa en flexión plantar, la postura que da nombre al cuadro. Por el punto de la vía nerviosa donde asienta el daño, el pie caído se agrupa en cuatro niveles. El central reúne las lesiones del cerebro o la médula espinal, como la apoplejía, la esclerosis lateral amiotrófica o la esclerosis múltiple, en las que el pie caído convive con otros signos propios de la primera neurona motora, como el aumento del tono o los reflejos vivos. El radicular corresponde a la compresión de la raíz L5, típica de una hernia discal lumbar baja. El troncular, el más frecuente en la consulta, afecta al nervio peroneo común en su trayecto superficial junto a la cabeza del peroné, un punto especialmente expuesto a la compresión externa: cruzar las piernas, permanecer en cuclillas o un yeso ajustado bastan para lesionarlo. El muscular, por último, agrupa miopatías que debilitan directamente al tibial anterior sin que exista lesión nerviosa alguna, como algunas formas de distrofia muscular. El pie caído se confunde a veces con el pie equino, y conviene separarlos. El primero es una postura dinámica: mientras el músculo conserve algo de elasticidad, un examinador puede llevar el pie a la posición neutra de forma pasiva. El pie equino, en cambio, es una deformidad estructural fija, con acortamiento del tendón de Aquiles, que no cede a la manipulación pasiva. De hecho, un pie caído mantenido durante meses sin que se trabaje su movilidad puede evolucionar hacia un pie equino por retracción progresiva del tríceps sural, así que ambos cuadros no son excluyentes sino, a veces, sucesivos. También conviene distinguir el nivel de la lesión por la exploración: las causas centrales suelen acompañarse de hiperreflexia y espasticidad, mientras que las periféricas cursan con reflejos disminuidos y, con frecuencia, un área concreta de pérdida de sensibilidad en el dorso del pie. No. El pie caído es una debilidad muscular que impide levantar el pie de forma activa, pero que en su fase inicial suele ser corregible de forma pasiva. El pie equino es una deformidad ya fijada, con el tendón de Aquiles acortado, que no se corrige por completo aunque se mueva el pie desde fuera. El nervio peroneo común, en el punto donde discurre pegado al hueso, justo por debajo de la rodilla y en el lado externo de la pierna. Ahí carece de la protección muscular que tiene en el resto de su trayecto, lo que lo hace vulnerable a golpes, compresiones prolongadas o yesos mal acolchados. Sí, y con cierta frecuencia. Cruzar las piernas de forma habitual, permanecer arrodillado durante tiempo prolongado o adelgazar mucho en poco tiempo (la grasa que suele proteger el nervio a la altura de la rodilla desaparece) son situaciones cotidianas capaces de comprimirlo lo suficiente como para producir el cuadro, casi siempre de forma transitoria. Tiene nombre propio: la marcha en estepaje, que consiste en levantar la rodilla más de lo habitual para evitar que la punta del pie, incapaz de elevarse por sí sola, tropiece con el suelo. El diccionario médico dedica una entrada propia a este patrón de marcha, con sus variantes y causas. En muy raras ocasiones, sí. Se han descrito infartos corticales muy pequeños cuya única expresión clínica inicial fue un pie caído aislado, sin el resto del cortejo neurológico habitual en un accidente cerebrovascular. Es una presentación rara, pero explica por qué un pie caído de aparición brusca y sin antecedente traumático merece siempre valoración neurológica.Qué es el pie caído
Mecanismo
Clasificación según el nivel de la lesión
Diferenciación con otras alteraciones del pie
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo pie caído que pie equino?
¿Cuál es el nervio implicado con más frecuencia?
¿Puede aparecer sin ningún traumatismo evidente?
¿Existe una forma de andar característica?
¿Un ictus puede manifestarse únicamente como pie caído?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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