DICCIONARIO MÉDICO
Cojera
La cojera es cualquier alteración del patrón normal de la marcha que se manifiesta como una asimetría visible al caminar. No constituye una enfermedad en sí misma, sino un signo clínico que puede traducir patología musculoesquelética, neurológica o vascular. Se clasifica en antálgica (causada por dolor) y no antálgica (resultado de una disfunción mecánica o neuromuscular). El verbo «cojear» procede del latín claudicāre, derivado de claudus (cojo). Del mismo étimo se originan la palabra «claudicación», habitual en el lenguaje médico formal, y el antropónimo romano Claudius, que en su origen era un apodo referido a quien cojeaba. La RAE define cojera como «defecto de cojo», pero en el ámbito clínico el término abarca un espectro más amplio: designa toda perturbación de la simetría de la marcha, sea por dolor, debilidad muscular, acortamiento de una extremidad, rigidez articular o déficit neurológico. Un dato que conviene tener presente: la cojera puede aparecer a cualquier edad, desde el niño que acaba de empezar a caminar hasta el anciano con artrosis avanzada. En pediatría constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en urgencias, con una incidencia estimada de 1,8 por cada 1.000 niños. La distinción entre estas dos formas es el primer paso en la evaluación clínica, porque orienta hacia categorías de causas muy diferentes. Cojera antálgica. Es la forma más frecuente. El paciente acorta la fase de apoyo sobre el miembro que duele para reducir la carga; el resultado es un paso desigual, con la pierna sana soportando más tiempo el peso del cuerpo. La marcha antálgica es, en cierto modo, una estrategia de defensa: el propio organismo modifica el patrón de la marcha para proteger la zona dolorida. Fracturas, artritis, lesiones de menisco, bursitis y cuerpos extraños en el pie producen este tipo de cojera. En la cojera no antálgica la causa no es el dolor, sino una alteración estructural o neurológica que impide la mecánica normal del paso. El paciente puede no sentir molestia alguna y, aun así, caminar con una asimetría llamativa. Dentro de este grupo se encuadran situaciones tan diversas como la displasia de cadera no diagnosticada en la infancia, la parálisis de un nervio periférico o la debilidad muscular progresiva de ciertas miopatías. Cada una genera un patrón de marcha reconocible: la marcha de estepaje delata un pie caído por lesión del nervio peroneo; la marcha miopática o en balanceo revela debilidad de la cintura pélvica. La distribución de causas cambia de forma notable con la edad. En el niño menor de 3 años predomina la sinovitis transitoria de cadera (la llamada «cadera irritable»), la displasia evolutiva y las fracturas inadvertidas del tipo toddler's fracture. Entre los 4 y los 10 años se añaden la enfermedad de Legg-Calve-Perthes y las infecciones osteoarticulares. El adolescente que cojea sin trauma claro obliga a descartar un deslizamiento epifisario de la cabeza femoral, que requiere intervención urgente. En el adulto y el anciano las causas dominantes son la artrosis de cadera o rodilla, la claudicación intermitente de origen vascular, la lumbalgia con radiculopatía y las fracturas por insuficiencia ósea. La claudicación neurógena por estenosis del canal lumbar merece mención aparte: produce una cojera que empeora al caminar y mejora al sentarse o al inclinarse hacia delante, un rasgo que la diferencia de la claudicación vascular. Ambos términos comparten raíz latina (claudicāre, cojear), pero en la práctica médica se han especializado. «Cojera» se emplea como término descriptivo general, equivalente al inglés limp. «Claudicación» se reserva habitualmente para la cojera de origen vascular o neurógeno que aparece con el ejercicio y cede con el reposo. Es una de esas curiosidades del vocabulario médico: dos palabras nacidas del mismo verbo latino que han terminado señalando realidades clínicas distintas. De «cojo», que a su vez procede del latín claudus. El verbo claudicāre (cojear) dio en español «claudicar» y, por evolución popular, «cojear». El propio nombre romano Claudius se originó como apodo para alguien que cojeaba. No. La claudicación intermitente es un tipo concreto de cojera, provocada por insuficiencia arterial en las piernas: el paciente puede caminar una distancia determinada antes de que el dolor muscular le obligue a detenerse. Toda claudicación intermitente produce cojera, pero no toda cojera es claudicación intermitente. Siempre. La mayoría de las cojeras infantiles son benignas y se resuelven solas, pero algunas ocultan infecciones osteoarticulares o enfermedades que requieren atención precoz. Si la cojera dura más de 48 horas, se acompaña de fiebre o el niño se niega a cargar peso sobre la pierna, la consulta no debe demorarse. Sí, es lo que define la cojera no antálgica. Una diferencia de longitud entre las piernas, una parálisis muscular o una rigidez articular pueden provocar asimetría al caminar sin que el paciente sienta dolor alguno. Si desea profundizar en conceptos asociados a la cojera, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cojera
Cojera antálgica y cojera no antálgica
La cojera según la edad del paciente
Relación entre cojera y claudicación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cojera?
¿Es lo mismo cojera que claudicación intermitente?
¿Cuándo hay que consultar si un niño cojea sin causa aparente?
¿Se puede cojear sin dolor?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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