DICCIONARIO MÉDICO
Peste negra
La peste negra es la denominación histórica de la pandemia de peste que asoló Eurasia y el norte de África entre 1346 y 1353, con su epicentro entre 1347 y 1351. Causada por Yersinia pestis, fue la pandemia más mortífera registrada en la historia humana: se estima que eliminó entre el 30% y el 60% de la población europea, con cifras absolutas que oscilan entre 75 y 200 millones de víctimas. Forma parte de la segunda de las tres grandes pandemias documentadas de peste. La peste negra fue una pandemia bacteriana causada por Yersinia pestis, el mismo agente que produce hoy los casos esporádicos de peste registrados en Madagascar, Perú o el suroeste de Estados Unidos. Sus manifestaciones clínicas fueron mayoritariamente las de la peste bubónica —fiebre alta, postración, aparición de bubones en ingles, axilas y cuello—, aunque las crónicas de la época y los estudios paleomicrobiológicos modernos indican que coexistieron también formas septicémicas y neumónicas. La transmisión principal fue vectorial, a través de pulgas infectadas, aunque la rapidez de propagación de algunas oleadas sugiere también un componente respiratorio interhumano en zonas urbanas densas. La pandemia constituyó la fase más virulenta de un episodio epidemiológico más amplio, conocido en historiografía médica como la segunda pandemia de peste, que se prolongó con rebrotes recurrentes desde el siglo XIV hasta principios del XIX. Episodios posteriores destacados de esta misma onda pandémica fueron la peste de Sevilla de 1647, la gran peste de Londres de 1665-1666 y la peste de Marsella de 1720. La irrupción inicial de 1347-1353 se distingue del resto por su carácter explosivo, su distribución geográfica multicontinental y su mortalidad sin precedentes ni equivalente posterior. El nombre "peste negra" no es contemporáneo de la pandemia. Los cronistas del siglo XIV utilizaron expresiones como magna mortalitas ("gran mortandad"), pestilentia, magna pestis o, en castellano, "la gran mortandad" o simplemente "la pestilencia". La denominación que hoy nos resulta familiar es una construcción retrospectiva, posterior a los hechos en al menos tres siglos. La filología histórica de la expresión es ilustrativa. El médico francés Gilles de Corbeil (siglos XII-XIII) había utilizado ya la expresión latina atra mors para referirse a una fiebre pestilencial inespecífica, sin vinculación específica con la peste por Y. pestis. En 1350, el astrónomo belga Simon de Covino emplea mors nigra en su poema astrológico-médico De judicio Solis in convivio Saturni, en referencia al pronóstico fatal de la enfermedad. Pero la expresión solo se consolida como denominación de la pandemia medieval en el siglo XVII, con el historiógrafo danés Johannes Pontanus, quien en 1631 escribe que la enfermedad vulgo et ab effectu atram mortem vocitabant ("comúnmente y por sus efectos la llamaban muerte negra"). Desde ahí pasa al sueco swarta döden, al danés sorte død, al alemán schwarze Tod y al inglés Black Death, donde se populariza durante el siglo XIX, especialmente a través de la obra de Elizabeth Penrose (Mrs. Markham, 1823) y del médico alemán Hecker en 1832. El adjetivo latino atra es polisémico: significaba a la vez "negra" y "terrible" o "espantosa". En la expresión atra mors, el sentido originario era probablemente "muerte terrible" más que "muerte negra" cromáticamente entendida. La asociación moderna con el color —comúnmente atribuida a las manchas oscuras de la peste septicémica avanzada o a la gangrena acral— es una reinterpretación tardía. Esa lectura cromática se afianzó precisamente porque encajaba bien con las descripciones macabras que las crónicas medievales habían dejado del cuadro clínico, pero no es la etimología filológicamente más probable del término. Durante la mayor parte del siglo XX la atribución de la peste negra a Y. pestis se basaba exclusivamente en la concordancia de las descripciones clínicas medievales con los cuadros modernos de peste bubónica, septicémica y neumónica. Algunos investigadores —destacadamente Samuel Cohn y Susan Scott a finales de los años noventa— pusieron en duda esta atribución, proponiendo que la mortandad medieval podría haber sido causada por un virus hemorrágico desconocido o por una entidad clínica hoy extinta. El debate se zanjó con el desarrollo de la paleomicrobiología molecular. El primer trabajo decisivo fue el de Michel Drancourt, Didier Raoult y colaboradores en 1998-2000, que identificaron ADN de Y. pestis en pulpa dental de esqueletos exhumados en Francia datados en el siglo XIV mediante una técnica llamada "PCR suicida". El hallazgo se confirmó en sucesivos estudios independientes en Alemania, Reino Unido e Italia. En 2011, el equipo de Kirsten Bos publicó en Nature el primer genoma completo de Y. pestis medieval, obtenido a partir de restos de la fosa común de East Smithfield (Londres), datados entre 1348 y 1350. Dos años después, Wagner et al. confirmaron por la misma vía que también la primera pandemia (la plaga de Justiniano del siglo VI) había sido causada por Y. pestis, zanjando esa controversia paralela. Un trabajo aún más reciente, publicado por Maria Spyrou y colaboradores en Nature en 2022, localizó el origen geográfico de la peste negra en el Tian Shan kirguís, en Asia central, hacia 1338-1339. El análisis genómico identificó allí una diversificación bacteriana masiva —denominada por los autores el "Big Bang" filogenético— que generó las cepas que después se dispersaron por Asia, Europa y norte de África a través de las rutas comerciales. Las cepas medievales recuperadas resultaron filogenéticamente cercanas al biovar Orientalis, lo que matizó el modelo clásico de Devignat (1951) que asociaba la segunda pandemia con el biovar Medievalis. La peste negra se inscribe en una secuencia de tres pandemias históricas documentadas, todas causadas por Y. pestis pero protagonizadas por cepas distintas y separadas por largos intervalos de actividad enzoótica silenciosa. La primera pandemia, conocida como "plaga de Justiniano", se inició en torno al año 541 en Egipto o Etiopía, alcanzó Constantinopla ese mismo año y se extendió por el Imperio Bizantino, el Mediterráneo y partes de Europa occidental. La mortalidad estimada oscila entre 25 y 50 millones de víctimas a lo largo de los dos siglos de actividad pandémica (541-750 aproximadamente). El cronista Procopio de Cesarea dejó descripciones clínicas detalladas en su Historia de las Guerras que han permitido reconocerla como peste, aunque la confirmación molecular definitiva no llegó hasta los trabajos de Wagner et al. en 2013. La segunda pandemia, de la que la peste negra de 1347-1353 fue el episodio inaugural y más devastador, se prolongó con brotes recurrentes en Europa, Oriente Próximo y norte de África hasta principios del siglo XIX. Algunos rebrotes destacados fueron la peste italiana de 1629-1631 (gran peste de Milán), la peste de Sevilla de 1647, la gran peste de Londres de 1665-1666, la peste de Viena de 1679 y la peste de Marsella de 1720. La última epidemia significativa de esta segunda pandemia fue la peste de Caragea en Rumanía (1813-1814). La tercera pandemia comenzó en la provincia china de Yunnan hacia 1855 y se diseminó globalmente a través del transporte marítimo en las décadas finales del siglo XIX. Fue precisamente esta tercera pandemia el contexto en el que Alexandre Yersin identificó Y. pestis en Hong Kong en 1894, y el momento en que se descubrió el papel de las pulgas como vectores y de las ratas como reservorio urbano. Aunque oficialmente se considera concluida hacia 1959, varios focos enzoóticos establecidos durante esta tercera pandemia siguen activos en la actualidad. Una confusión muy extendida —reflejada en buena parte de las búsquedas web— equipara peste negra con peste bubónica. Conviene precisar la relación entre ambos términos. Peste negra es una denominación histórica que se aplica a la pandemia europea del siglo XIV, especialmente al episodio de 1347-1353, aunque por extensión se usa a veces para toda la segunda pandemia de peste. Peste bubónica, en cambio, es la forma clínica más frecuente de la enfermedad, identificable hoy igual que en la Edad Media, caracterizada por la aparición de bubones en los ganglios linfáticos. La pandemia medieval fue mayoritariamente bubónica en sus manifestaciones clínicas, pero no exclusivamente: las crónicas y los estudios paleomicrobiológicos confirman que coexistieron también casos septicémicos y neumónicos secundarios. Por tanto, la equivalencia popular "peste negra = peste bubónica" es comprensible pero conceptualmente imprecisa: la peste negra fue una pandemia (un episodio histórico-epidemiológico), mientras que la peste bubónica es una forma clínica (un patrón de presentación de la enfermedad que sigue existiendo hoy). Pese al impacto persistente en la memoria colectiva, la peste no representa hoy una amenaza pandémica equivalente a la medieval. Varias razones explican este cambio radical de escenario. En primer lugar, la disponibilidad de tratamiento antibiótico eficaz transforma una enfermedad de letalidad elevada en una infección curable cuando se diagnostica precozmente. En segundo lugar, las mejoras sanitarias y urbanísticas han reducido drásticamente las poblaciones de ratas comensales que actuaron como reservorio urbano durante las pandemias históricas. En tercer lugar, los sistemas de vigilancia epidemiológica internacional permiten detectar y contener brotes locales antes de que escalen a niveles pandémicos. La cuarentena —cuya denominación deriva precisamente del periodo de cuarenta días de aislamiento impuesto a las naves en los puertos italianos durante la peste negra, especialmente en Venecia y Ragusa desde mediados del siglo XIV— sigue siendo, en forma modernizada, una de las herramientas de gestión epidemiológica frente a brotes. Los aproximadamente 1.000 a 3.000 casos humanos anuales que la Organización Mundial de la Salud registra hoy en el mundo se concentran en focos enzoóticos rurales de Madagascar, República Democrática del Congo, Perú y el suroeste de Estados Unidos, con una letalidad global próxima al 7% cuando se aplica tratamiento adecuado, frente al 30-100% sin tratamiento. El nombre no es contemporáneo de la pandemia, sino posterior. Los cronistas del siglo XIV la llamaban "gran mortandad" o "pestilencia". La denominación "peste negra" se consolidó en el siglo XVII a partir de la expresión latina atra mors, donde el adjetivo atra significaba a la vez "negra" y "terrible". El sentido original era probablemente "muerte terrible", no "muerte de color negro". La asociación cromática con la gangrena y las manchas hemorrágicas de la peste septicémica es una reinterpretación tardía. No exactamente, aunque popularmente se usen como sinónimos. La peste negra es la denominación histórica de la pandemia europea del siglo XIV (1347-1353). La peste bubónica es la forma clínica más frecuente de la peste, vigente hoy día. La pandemia medieval fue mayoritariamente bubónica, pero también incluyó casos septicémicos y neumónicos. Toda peste negra fue peste, pero no toda peste bubónica es peste negra: hoy se diagnostican casos de peste bubónica cada año sin que estemos ante una nueva peste negra. Yersinia pestis, una bacteria gramnegativa del orden Enterobacterales. La identificación se basó inicialmente en la concordancia clínica entre las descripciones medievales y los casos actuales de peste. La confirmación molecular definitiva llegó a partir de 1998-2000, con la identificación de ADN de Y. pestis en pulpa dental de esqueletos medievales, y se consolidó con la publicación del primer genoma completo de la cepa medieval en 2011. Algunas hipótesis alternativas (virus hemorrágicos, ántrax) propuestas en los años noventa han quedado descartadas por las evidencias moleculares. Las cifras son estimativas, dada la ausencia de registros demográficos sistemáticos en la Europa del siglo XIV. Los cálculos contemporáneos sitúan la mortalidad entre 75 y 200 millones de personas en Eurasia y norte de África entre 1347 y 1353, lo que equivale aproximadamente a entre un tercio y la mitad de la población europea. Algunas regiones perdieron más del 60% de sus habitantes, mientras que otras —Finlandia, el norte de Polonia, partes de Bohemia— se mantuvieron casi indemnes por razones que aún no están del todo aclaradas. La pandemia peste negra como tal pertenece al pasado: terminó en torno al siglo XIX con el final de la segunda pandemia. La enfermedad que la causó, en cambio, sigue presente como zoonosis endémica en focos rurales de varios continentes. La Organización Mundial de la Salud registra entre 1.000 y 3.000 casos humanos anuales en el mundo, principalmente en Madagascar, República Democrática del Congo y Perú. Los casos esporádicos de Arizona y California de 2025 recordaron que la enfermedad sigue activa también en países desarrollados, aunque sin capacidad de generar pandemias en las condiciones actuales. Si desea profundizar en conceptos asociados a la peste negra, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué fue la peste negra
Por qué se llama "peste negra"
Agente etiológico confirmado por ADN antiguo
Las tres pandemias documentadas de peste
Diferenciación entre peste negra y peste bubónica
Por qué la peste negra no es una amenaza pandémica actual
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llamó "peste negra" a esta pandemia?
¿Es lo mismo peste negra que peste bubónica?
¿Qué bacteria causó realmente la peste negra?
¿Cuántas personas murieron en la peste negra?
¿Existe la peste negra en la actualidad?
Referencias
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