DICCIONARIO MÉDICO
Oreja
La oreja, o pabellón auricular, es la única parte del oído visible desde el exterior: una lámina de cartílago elástico revestida de piel, plegada en relieves y depresiones características (hélix, antehélix, trago, concha, lóbulo). Su función es captar las ondas sonoras y dirigirlas hacia el conducto auditivo externo, además de ayudar a situar el origen del sonido en el espacio. Se forma en el embrión a partir de seis prominencias de tejido mesenquimal alrededor del primer surco branquial. El término anatómico para esta estructura es pabellón auricular. En la nomenclatura latina se la designa como auricula, forma diminutiva de auris (oído u oreja); esa misma raíz diminutiva es el origen de la palabra castellana «oreja», y explica que el nombre aluda, en su sentido literal, a algo pequeño y curvado. La Terminologia Anatomica recoge también «pinna», del latín para ala o aleta, un término que en español apenas se usa fuera de la anatomía comparada y la veterinaria. Conviene no confundir la oreja con el oído externo en su conjunto. Este último incluye, además del pabellón, el conducto auditivo y la cara externa del tímpano; la oreja es, en sentido estricto, solo la parte que queda fuera del cráneo. El armazón de la oreja es una lámina de cartílago elástico plegada sobre sí misma en varias direcciones, con una piel muy fina y firmemente adherida en la cara externa. El borde que recorre todo el contorno superior y posterior se llama hélix; por dentro y en paralelo discurre el antehélix, una segunda cresta que delimita, entre ambas, un surco alargado. En la parte anterior, justo a la entrada del conducto auditivo, sobresale una pequeña lengüeta triangular, el trago. Frente a él, separado por una hendidura, aparece el antitrago. El centro de la oreja lo ocupa una depresión amplia, la concha, que funciona como embudo hacia el conducto auditivo. Solo el extremo inferior, el lóbulo, carece de cartílago: está formado por tejido graso y conjuntivo, lo que explica su blandura al tacto y que sea la zona habitual para la perforación ornamental. Cerca de la unión entre el tercio superior y el medio del hélix, una parte de la población presenta un pequeño reborde adicional, el ápex darwiniano. La sensibilidad de la piel del pabellón depende de varios nervios; el de mayor territorio es el nervio auricular mayor, rama del plexo cervical, mientras que el trago recibe fibras del nervio trigémino. Su geometría no es decorativa. Los pliegues cartilaginosos concentran las ondas sonoras y las conducen hacia el conducto auditivo, con una ganancia especialmente marcada en torno a los 3.000 hercios, la banda de frecuencias en la que el oído humano es más sensible. Al estar situadas a ambos lados de la cabeza, las dos orejas permiten comparar el instante y la intensidad con que un sonido llega a cada una: ese contraste es la base del cálculo que el cerebro hace para situar su origen en el plano horizontal. Los animales con pabellones móviles, como el perro o el gato, orientan la oreja hacia la fuente sonora. En el ser humano esa musculatura apenas conserva función. Entre la quinta y la sexta semana de gestación aparecen, alrededor del primer surco branquial, seis prominencias de tejido mesenquimal conocidas como colículos de His. Las tres anteriores derivan del primer arco branquial y dan lugar al trago, la raíz del hélix y el propio hélix; las tres posteriores, procedentes del segundo arco, forman el antehélix, el antitrago y el lóbulo. Hacia el quinto mes de embarazo el pabellón ya presenta su configuración definitiva, aunque el tamaño continúa aumentando durante la infancia hasta aproximarse al de un adulto en torno a los nueve años. Las anomalías de forma o posición del pabellón suelen detectarse en la primera revisión del recién nacido. Pueden ir desde variaciones sin ninguna trascendencia, como las orejas prominentes (llamadas coloquialmente «de soplillo»), hasta cuadros que sí precisan seguimiento, entre ellos la microtia y la criptotia, en los que el desarrollo del cartílago se ve alterado. Su formación coincide, en el tiempo embrionario, con la de otros órganos como el riñón; por ese motivo, algunas anomalías del pabellón llevan a explorar también la anatomía renal del recién nacido. Sí. «Oreja» es el término coloquial y «pabellón auricular», el anatómico; ambos designan la misma estructura visible del oído. Del latín auricula, diminutivo de auris (oído). Ese mismo término latino sigue empleándose hoy en la nomenclatura anatómica internacional. El relieve no es un rasgo estético: cada curva actúa como una pequeña superficie reflectante que modifica el sonido de manera distinta según el ángulo del que proceda. Ese filtrado acústico, mínimo pero medible, ayuda a distinguir si un sonido llega desde arriba, desde abajo, desde delante o desde detrás, algo que la simple comparación entre las dos orejas no explicaría por sí sola: un sonido situado exactamente delante o exactamente detrás de la cabeza llega a ambos oídos con el mismo retraso y la misma intensidad. Una superficie lisa perdería buena parte de esa información direccional. En cierta medida, sí. Los estudios de morfometría facial documentan cambios progresivos en las dimensiones del pabellón a lo largo de la vida adulta, atribuidos a la pérdida de elasticidad del cartílago con los años. Un pequeño reborde en el borde posterior del hélix, presente solo en una parte de la población (en torno al 10 % de los adultos españoles, según un estudio publicado en 2016). Charles Darwin lo describió como un vestigio evolutivo compartido con otros primates de orejas puntiagudas.Qué es la oreja
Anatomía: relieves y estructura
Función auditiva
Desarrollo embrionario
Anomalías frecuentes
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la oreja que el pabellón auricular?
¿De dónde viene la palabra oreja?
¿Por qué la oreja tiene tantos pliegues en lugar de ser una superficie lisa?
¿Cambia el tamaño de la oreja con la edad?
¿Qué es el ápex darwiniano?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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