DICCIONARIO MÉDICO
Oído externo
El oído externo es la primera de las tres divisiones del oído. Lo forman el pabellón auricular (la oreja) y el conducto auditivo externo, y su función es captar la onda sonora del ambiente y conducirla hasta el tímpano. Es la única porción del oído visible y accesible a la exploración directa. La Real Academia Española define el oído externo como la parte del oído que comprende el pabellón auricular, el conducto auditivo y el tímpano. En la práctica anatómica y en el resto de este diccionario, sin embargo, el tímpano se trata como la frontera compartida entre el oído externo y el oído medio, con entrada propia: el oído externo termina, estrictamente, en la cara externa de esa membrana. El adjetivo "externo" no tiene aquí mayor complicación etimológica: procede del latín externus, "de fuera", derivado a su vez de exter. Lo relevante no es la palabra, sino la posición: de las tres divisiones del oído, es la única que se puede ver e inspeccionar sin instrumental, lo que la convierte en el punto de partida habitual de cualquier exploración otológica. Formado por cartílago elástico cubierto de piel, el pabellón auricular (también llamado oreja) es la primera pieza. Su lóbulo es la excepción: carece de cartílago y está formado por tejido adiposo. Su relieve (hélix, antihélix, trago, concha) no es decorativo: cada pliegue contribuye a recoger la onda sonora y a dirigirla hacia el conducto. La anatomía detallada de esos relieves tiene entrada propia en este diccionario y no se repite aquí. El conducto auditivo externo nace en el fondo de la concha y termina en el tímpano. Mide unos 2,5 centímetros en el adulto y tiene forma de S, con un tercio lateral cartilaginoso y dos tercios mediales óseos. Su piel produce cerumen, una secreción que atrapa partículas y mantiene un ambiente poco favorable para las infecciones. Estos dos elementos (pabellón y conducto) son las únicas piezas del oído externo; no hay huesecillos ni cavidades aéreas en esta primera división. La misión primaria del oído externo es mecánica y muy simple en apariencia: recoger la energía acústica dispersa en el aire y concentrarla sobre una superficie pequeña, el tímpano. El pabellón auricular añade a esa captación un componente de dirección. Sus pliegues alteran de forma distinta el sonido según el ángulo de procedencia, y esas alteraciones son las que el cerebro utiliza para calcular si un sonido viene de arriba, de abajo, de delante o de detrás, algo que la simple diferencia de tiempo entre ambos oídos no explica por completo. A eso se suma una función protectora. El propio recorrido en S del conducto auditivo externo dificulta que cuerpos extraños alcancen el tímpano en línea recta, y el cerumen, además de lubricar la piel del conducto, atrapa polvo y microorganismos antes de que lleguen más adentro. El oído externo no participa en la amplificación mecánica del sonido, tarea que corresponde al oído medio. El oído externo y el oído medio se diferencian tanto en contenido como en función. El externo es un espacio abierto al exterior, recorrido por aire ambiente y limitado por piel; el oído medio es una cavidad cerrada, tapizada por mucosa, que solo se ventila a través de la trompa de Eustaquio. El externo capta y conduce; el medio amplifica mecánicamente mediante los huesecillos. La frontera entre ambos es la membrana timpánica, que pertenece funcionalmente a los dos y tiene entrada propia en este diccionario. Las alteraciones que afectan al oído externo se agrupan, según su naturaleza, en varias categorías. Existen malformaciones congénitas del pabellón, como la microtia, un desarrollo incompleto del cartílago auricular presente desde el nacimiento. Hay procesos inflamatorios que afectan al cartílago del pabellón, como la pericondritis auricular. El conducto óseo puede desarrollar crecimientos benignos de hueso, las exostosis, típicas de la exposición repetida al agua fría. Y la piel del pabellón puede formar cicatrices hipertróficas, los queloides, tras perforaciones o heridas. Cada una de estas entidades tiene entrada propia en el diccionario. No exactamente. La oreja es el pabellón auricular, la parte visible en el lateral de la cabeza. El oído externo la incluye, pero añade el conducto auditivo externo, el canal interno que no se ve desde fuera y que conduce el sonido hasta el tímpano. Unos 2,5 centímetros en el adulto, medidos desde el fondo de la concha hasta el tímpano. En los recién nacidos es notablemente más corto y más recto, lo que facilita la exploración pero también expone el tímpano con mayor facilidad a objetos introducidos desde fuera. Aunque el pabellón humano apenas tiene movilidad propia, su relieve sigue cumpliendo una función activa: modifica el sonido de forma distinta según el ángulo de llegada, y esas diferencias son la principal pista que usa el cerebro para saber si un sonido procede de arriba o de abajo. En otros mamíferos, con orejas móviles, esa misma función se refuerza además con la orientación activa del pabellón. No, no de forma relevante. Concentra y dirige la onda sonora, pero la amplificación mecánica propiamente dicha ocurre en el oído medio, a través de la relación de superficies entre el tímpano y la platina del estribo. Si desea profundizar en conceptos asociados al oído externo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el oído externo
Partes del oído externo
Función: captación, direccionalidad y protección
Diferenciación con el oído medio
Alteraciones más frecuentes
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo oreja que oído externo?
¿Cuánto mide el conducto auditivo externo?
¿Para qué sirven los pliegues de la oreja si en el ser humano no se mueve?
¿El oído externo amplifica el sonido?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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