DICCIONARIO MÉDICO
Conducto auditivo externo
El conducto auditivo externo (meatus acusticus externus en la nomenclatura anatómica internacional) es el canal tubular que conecta el pabellón auricular con la membrana timpánica. Mide aproximadamente 2,5 cm en el adulto, tiene forma de S y está constituido por una porción cartilaginosa externa y una porción ósea interna. Forma parte del oído externo. Se trata de un tubo osteocartilaginoso revestido de piel que nace en el fondo de la concha del pabellón auricular y termina en la cara externa del tímpano. La denominación latina meatus acusticus externus combina meatus ("paso, vía"), del verbo meare ("pasar, discurrir"), con acusticus, tomado del griego ἀκουστικός (akoustikós, "relativo a la audición"), derivado a su vez de ἀκούειν (akoúein, "oír"). En español conviven los términos "conducto auditivo externo" y "meato acústico externo"; el primero predomina en la práctica clínica habitual, mientras que el segundo se ajusta con mayor exactitud a la Terminologia Anatomica. A diferencia del conducto auditivo interno, que es un canal óseo situado en la profundidad del peñasco temporal y por el que discurren nervios craneales, el externo es accesible a la inspección directa mediante otoscopia. Esa accesibilidad ha hecho de él una vía habitual para la exploración y la cirugía del oído medio. Aproximadamente el tercio lateral del conducto tiene un esqueleto de cartílago elástico, continuación del cartílago del pabellón auricular. En esta zona el cartílago presenta unas hendiduras transversales rellenas de tejido fibroso, las incisuras de Santorini, que le confieren flexibilidad y permiten rectificar parcialmente la curvatura del conducto cuando se tracciona la oreja hacia arriba y hacia atrás durante la otoscopia. Las glándulas ceruminosas y las glándulas sebáceas se concentran aquí, junto con folículos pilosos que forman una barrera física frente a partículas y pequeños insectos. Los dos tercios mediales son óseos. Esta porción está formada por la unión del hueso timpánico con la escama del hueso temporal, y la piel que la recubre es mucho más fina que en la zona cartilaginosa, carece de glándulas y se adhiere con firmeza al periostio subyacente. Cualquier inflamación en esta zona ósea resulta especialmente dolorosa precisamente porque la piel apenas dispone de espacio para distenderse. Las glándulas ceruminosas (un tipo modificado de glándula sudorípara apocrina) segregan una sustancia amarillenta y viscosa que, al mezclarse con la secreción de las glándulas sebáceas y con células epiteliales descamadas, forma el cerumen. La película resultante atrapa partículas de polvo y microorganismos, mantiene un pH ligeramente ácido que dificulta el crecimiento bacteriano y lubrica la piel del conducto para evitar sequedad y descamación. En condiciones normales, el cerumen migra de forma espontánea hacia el exterior gracias al movimiento de la mandíbula al masticar y a la renovación natural del epitelio. Un dato que muchos pacientes desconocen: el uso de bastoncillos de algodón empuja el cerumen hacia dentro en lugar de extraerlo, y puede compactarlo contra el tímpano hasta formar un tapón que reduce la audición. La misión principal del conducto auditivo externo es canalizar las ondas sonoras captadas por el pabellón auricular hasta la membrana timpánica, donde la energía acústica se transforma en vibración mecánica. El conducto no se limita a transportar el sonido: por su longitud y diámetro actúa como un tubo resonante que amplifica selectivamente las frecuencias situadas en torno a los 3 kHz, un rango que coincide con la banda de frecuencias más relevante para la discriminación del habla humana. Esa amplificación natural puede llegar a los 10-15 dB en la franja de 2 a 4 kHz. Del latín meatus, "paso" o "vía", derivado del verbo meare ("discurrir"), y del griego ἀκουστικός (akoustikós), "relativo a la audición". La nomenclatura anatómica internacional prefiere meatus acusticus externus, pero en la clínica diaria en español sigue siendo mucho más frecuente "conducto auditivo externo". Unos 2,5 cm en el adulto si se mide desde el fondo de la concha. En los niños es más corto y relativamente recto, lo que facilita la exploración pero también hace que las infecciones del oído medio repercutan con más facilidad sobre el conducto. No. Son dos estructuras completamente distintas. El externo conecta el pabellón auricular con el tímpano y transporta ondas sonoras. El interno es un canal óseo excavado en el peñasco del hueso temporal por el que discurren el nervio facial (VII par) y el nervio vestibulococlear (VIII par), junto con vasos laberínticos. No se comunican entre sí; entre ambos se interponen la membrana timpánica, la caja del oído medio y las estructuras del oído interno. Porque la piel de la porción ósea del conducto (los dos tercios internos) es extraordinariamente fina y está firmemente adherida al hueso, sin tejido subcutáneo que amortigüe la inflamación. Cualquier edema, por leve que sea, comprime las terminaciones nerviosas contra una superficie rígida. De ahí que la simple presión sobre el trago o la tracción del pabellón auricular provoque dolor intenso en la otitis externa, un signo clínico que permite distinguirla de la otitis media. Si desea profundizar en conceptos asociados al conducto auditivo externo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el conducto auditivo externo
Porción cartilaginosa y porción ósea
El cerumen y su papel protector
Función acústica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término meato acústico?
¿Cuánto mide el conducto auditivo externo?
¿Es lo mismo conducto auditivo externo que conducto auditivo interno?
¿Por qué duele tanto la otitis externa?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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