DICCIONARIO MÉDICO
Queloide
El queloide es una cicatriz benigna que se extiende más allá de los límites de la herida original, invadiendo la piel sana circundante, como consecuencia de una proliferación descontrolada de fibroblastos y colágeno en la dermis. Se trata de un tumor fibroproliferativo benigno de la dermis, sin potencial de transformación maligna, que se forma como respuesta anómala a una lesión cutánea. A diferencia de una cicatriz ordinaria, que permanece confinada al trazado de la herida, el queloide crece por encima y alrededor de ese margen, invadiendo tejido que nunca estuvo lesionado. Se presenta como una placa o nódulo firme, de superficie lisa y brillante, con un color que oscila entre el rosado y el marrón oscuro según la pigmentación de la piel del paciente. El término procede del griego χηλή (chēlē), "pinza de cangrejo", y del sufijo -oide, del griego εἶδος (eidos, "forma"). Fue el dermatólogo francés Jean-Louis Alibert quien, a comienzos del siglo XIX, dio nombre a la entidad tras haber ensayado antes la denominación "cancroide", que descartó para no sugerir una relación con el cáncer que la lesión no tiene. La imagen que motivó el nombre son las prolongaciones laterales con las que algunos queloides se extienden sobre la piel adyacente, a la manera de las pinzas de un crustáceo. Cuando los queloides son múltiples o recidivantes, algunos autores emplean el término queloidosis. La cicatrización normal atraviesa tres fases sucesivas: inflamatoria, proliferativa y de remodelación. En el queloide, la fase proliferativa no se apaga en el momento esperado. Los fibroblastos de la lesión muestran una actividad proliferativa aumentada y una tasa de apoptosis (muerte celular programada) más baja de lo habitual, de manera que continúan sintetizando colágeno mucho después de que la herida debería haber cerrado. En esta desregulación intervienen sobre todo dos familias de factores de crecimiento: el factor de crecimiento transformante beta (TGF-β), cuyas isoformas 1 y 2 promueven la fibrosis mientras que la isoforma 3 actúa como antagonista con efecto contrario, y el factor de crecimiento derivado de las plaquetas (PDGF). El resultado es una síntesis de colágeno hasta 20 veces superior a la de la piel sana y unas 3 veces mayor que la de una cicatriz hipertrófica. Al microscopio, el queloide muestra haces de colágeno hialinizado, gruesos y dispuestos sin orden aparente (el llamado colágeno queloidal), junto con un número elevado de fibroblastos. El queloide y la cicatriz hipertrófica se confunden con frecuencia porque ambos son cicatrices engrosadas y elevadas, pero constituyen entidades distintas. La cicatriz hipertrófica no sobrepasa los bordes de la herida original: crece hacia arriba, no hacia los lados. El queloide, en cambio, invade piel que nunca sufrió la lesión inicial. También difiere el ritmo de aparición. Una cicatriz hipertrófica suele hacerse evidente en las primeras semanas tras la herida y, con el paso de los meses, tiende a aplanarse por sí sola. El queloide sigue un curso distinto: puede tardar meses o incluso años en manifestarse, crece de forma lenta y progresiva, y no remite de manera espontánea. Histológicamente, mientras el colágeno queloidal se organiza en haces gruesos y desordenados, el de la cicatriz hipertrófica se dispone en bandas paralelas a la superficie cutánea, más próximas a la arquitectura de una cicatriz normal. Los queloides aparecen con mayor frecuencia entre los 10 y los 30 años, y su incidencia aumenta durante la pubertad y el embarazo, lo que apunta a una influencia hormonal en su desarrollo. La pigmentación cutánea es el factor de riesgo mejor establecido: las personas de piel más oscura, de ascendencia africana, asiática o hispana, desarrollan queloides hasta 15 veces más a menudo que las de piel clara, con una incidencia que en estas poblaciones se sitúa entre el 4,5 % y el 16 % tras una lesión cutánea. Existe además un componente hereditario apreciable: en torno a un tercio de las personas con queloides tiene un familiar de primer grado que también los padece. Las zonas del cuerpo sometidas a mayor tensión mecánica de la piel (esternón, hombros, parte alta de la espalda, lóbulos de las orejas) concentran la mayoría de los casos. En raras ocasiones, el queloide se asocia a síndromes genéticos poco frecuentes, como el síndrome de Rubinstein-Taybi. Del griego χηλή (chēlē), "pinza de cangrejo". Alibert lo acuñó a comienzos del siglo XIX tras descartar el nombre "cancroide", que había propuesto primero y que abandonó precisamente para evitar cualquier asociación con el cáncer. La comparación con la pinza del crustáceo alude a las prolongaciones con las que la lesión avanza sobre la piel sana circundante. No. Es un tumor fibroproliferativo benigno, sin potencial de malignización, aunque su crecimiento sostenido y su tendencia a recidivar puedan recordar, solo en apariencia, al comportamiento de una neoplasia. Sí, aunque es poco frecuente. Se conoce como queloide espontáneo y suele aparecer en personas con una predisposición marcada, a veces tras un traumatismo tan leve que pasa inadvertido o no llega a recordarse. No, aunque el ojo no entrenado las confunda con facilidad. La clave está en el margen: la hipertrófica respeta los límites de la herida y suele mejorar con el tiempo; el queloide los desborda y no regresa de forma espontánea.Qué es un queloide
Mecanismo de formación
Diferenciación con la cicatriz hipertrófica
Epidemiología y factores asociados
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el nombre queloide?
¿Un queloide es un tipo de cáncer?
¿Puede aparecer un queloide sin que haya existido una herida previa?
¿Es lo mismo que una cicatriz hipertrófica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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