DICCIONARIO MÉDICO
Queloide
Un queloide es una cicatriz anómala, firme y elevada que crece más allá de los límites de la herida original por una producción excesiva de colágeno, y que no desaparece de forma espontánea. Cuando la piel sufre una lesión —ya sea un corte, una quemadura, una cirugía, un piercing o incluso un grano de acné—, el organismo pone en marcha un proceso de cicatrización para reparar el tejido dañado. En la mayoría de las personas, este proceso concluye con la formación de una cicatriz plana o ligeramente elevada que, con el tiempo, se vuelve menos visible. Sin embargo, en algunas personas, el mecanismo de reparación se descontrola y produce una cantidad excesiva de colágeno y tejido cicatricial, dando lugar a una masa firme, elevada y a menudo voluminosa que sobrepasa los límites de la herida original. Esta cicatriz anómala es lo que se denomina queloide. Los queloides pueden causar molestias físicas (dolor, picor, tirantez) y un impacto emocional significativo, especialmente cuando se localizan en zonas visibles del cuerpo. Comprender qué son, por qué se forman, cómo distinguirlos de otros tipos de cicatrices y qué opciones de tratamiento existen es fundamental para las personas que los padecen o que tienen predisposición a desarrollarlos. Un queloide (del griego chele, "pinza de cangrejo", término acuñado por Alibert en 1806 por la forma en que las lesiones se extienden lateralmente sobre la piel) es un tipo de cicatriz benigna que se caracteriza por un crecimiento excesivo y descontrolado del tejido cicatricial. A diferencia de una cicatriz normal, el queloide se extiende más allá de los bordes de la herida original e invade la piel sana circundante. Los queloides son lesiones firmes, elevadas, de superficie lisa y brillante, que pueden presentar un color que varía desde el rosado hasta el rojo oscuro o el marrón, según el tono de piel del paciente. Los queloides son tumores fibroproliferativos benignos de la dermis. No tienen potencial de transformación maligna, es decir, no se convierten en cáncer. Sin embargo, pueden crecer de forma progresiva durante meses o años, causar síntomas molestos y generar un impacto considerable en la calidad de vida del paciente, tanto por las molestias físicas como por las repercusiones estéticas y psicológicas. Es frecuente confundir los queloides con las cicatrices hipertróficas, ya que ambos son cicatrices elevadas y engrosadas. Sin embargo, existen diferencias fundamentales entre ambas entidades que tienen implicaciones directas en el pronóstico y el tratamiento: La formación de un queloide se produce por una alteración en el proceso normal de cicatrización. En condiciones normales, la reparación de una herida atraviesa tres fases: inflamatoria, proliferativa y de remodelación. En los queloides, la fase proliferativa se prolonga de forma descontrolada, con una producción de colágeno hasta 20 veces superior a la de la piel sana y 3 veces mayor que la de una cicatriz hipertrófica. Factores como el factor de crecimiento transformante beta (TGF-β) y el factor de crecimiento derivado de las plaquetas (PDGF) desempeñan un papel central en esta desregulación, estimulando la proliferación excesiva de los fibroblastos y la acumulación de colágeno y matriz extracelular. Los principales factores de riesgo para desarrollar queloides son: En raras ocasiones, los queloides pueden aparecer de forma espontánea, sin una lesión cutánea identificable. También se han descrito asociaciones con síndromes genéticos poco frecuentes como el síndrome de Rubinstein-Taybi. Los queloides se manifiestan como una masa elevada, firme y de superficie lisa que sobresale de la piel. Pueden adoptar formas diversas: desde un nódulo redondeado en el lóbulo de la oreja hasta una placa extensa que se extiende por el tórax o los hombros. Los síntomas más habituales incluyen: El dolor y el picor suelen disminuir cuando el queloide deja de crecer, aunque la lesión persiste de forma indefinida si no se trata. El diagnóstico del queloide es fundamentalmente clínico, basado en la observación de la lesión y en la historia del paciente (antecedente de una herida previa en la zona, evolución temporal de la cicatriz, antecedentes familiares). No suelen ser necesarias pruebas complementarias. Sin embargo, en determinadas situaciones puede indicarse una biopsia: La biopsia mostrará los hallazgos histopatológicos característicos: haces de colágeno queloidal (grueso, hialinizado y dispuesto de forma desordenada) con numerosos fibroblastos, que lo diferencian claramente de la cicatriz hipertrófica. En el examen histológico de la cicatriz hipertrófica, por el contrario, el colágeno se organiza en haces paralelos a la superficie cutánea, y se observan vasos sanguíneos orientados verticalmente, un hallazgo infrecuente en los queloides. En casos excepcionales, cuando el queloide es de gran tamaño o tiene una localización profunda, pueden emplearse técnicas de imagen como la ecografía para valorar la extensión de la lesión y planificar el tratamiento. El tratamiento de los queloides es un reto clínico considerable. Ningún tratamiento aislado es universalmente eficaz, y la combinación de varias modalidades suele ofrecer mejores resultados que la monoterapia. El dermatólogo diseña un plan terapéutico individualizado en función del tamaño, la localización, los síntomas, la antigüedad del queloide y la respuesta a tratamientos previos. Las inyecciones intralesionales de triamcinolona acetónido constituyen la primera línea de tratamiento para la mayoría de los queloides. El corticosteroide inhibe la proliferación de los fibroblastos y reduce la síntesis de colágeno. Se administran en series de inyecciones cada 4 a 6 semanas. Entre el 50 y el 80 % de los queloides reducen su tamaño tras las infiltraciones, aunque muchos pueden recidivar en un plazo de 5 años. Los efectos secundarios locales incluyen atrofia cutánea, telangiectasias e hipopigmentación. Las láminas de silicona y los geles de silicona son tratamientos no invasivos que se aplican directamente sobre la cicatriz. Actúan creando un entorno de oclusión e hidratación que modula la actividad de los fibroblastos. Son especialmente útiles como tratamiento preventivo tras cirugías en personas con predisposición a queloides y como complemento de otros tratamientos. La compresión sostenida con prendas de presión o pendientes de presión (en queloides del lóbulo auricular) reduce el aporte sanguíneo al queloide y favorece su aplanamiento. Se recomienda una presión de 15 a 45 mmHg durante más de 23 horas al día durante al menos 6 meses. Es un tratamiento que exige una adherencia elevada por parte del paciente. La crioterapia (aplicación de frío extremo con nitrógeno líquido) destruye el tejido del queloide por congelación. Puede utilizarse como tratamiento único en queloides pequeños o como complemento de las infiltraciones de corticosteroides. Es una técnica eficaz, con baja tasa de recurrencia, aunque puede producir cambios de pigmentación en la zona tratada. La extirpación quirúrgica del queloide es una opción cuando la lesión es grande o no responde a tratamientos conservadores. Sin embargo, la cirugía aislada presenta una tasa de recurrencia muy elevada (del 50 al 100 %), y el queloide recidivante puede ser incluso mayor que el original. Por este motivo, la escisión quirúrgica debe combinarse siempre con un tratamiento adyuvante: infiltraciones de corticosteroides, radioterapia, presoterapia o aplicación de silicona. La radioterapia superficial administrada inmediatamente después de la extirpación quirúrgica del queloide es una de las estrategias más eficaces para prevenir la recurrencia. La irradiación inhibe la proliferación de los fibroblastos queloidales. Se utiliza habitualmente en queloides recidivantes o en localizaciones de alto riesgo. Debe emplearse con precaución en niños y en zonas próximas a órganos sensibles (tiroides, mama). La prevención es el pilar más importante en el manejo de los queloides, especialmente en personas con antecedentes personales o familiares. Las medidas preventivas recomendadas por la Academia Americana de Dermatología (AAD) incluyen: Aunque los queloides son lesiones benignas desde el punto de vista médico, su impacto en la calidad de vida y el bienestar emocional del paciente puede ser considerable. Los queloides localizados en zonas visibles —como la cara, las orejas, el cuello o el escote— pueden provocar sentimientos de vergüenza, ansiedad social, baja autoestima y, en algunos casos, síntomas depresivos. Diversos estudios han documentado que los pacientes con queloides experimentan niveles de angustia psicológica comparables a los de otras enfermedades dermatológicas crónicas desfigurantes. Este aspecto refuerza la importancia de un abordaje integral del queloide que no se limite al tratamiento físico de la lesión, sino que contemple también el apoyo psicológico cuando sea necesario. El dermatólogo debe preguntar activamente al paciente sobre el impacto que el queloide tiene en su vida cotidiana y, si es preciso, derivar a un profesional de la salud mental. Las personas que saben que tienen tendencia a desarrollar queloides (por antecedentes personales o familiares) deben adoptar una serie de precauciones a lo largo de toda su vida: Se recomienda consultar con un dermatólogo en las siguientes situaciones: No. Los queloides son lesiones benignas y no tienen potencial de transformación maligna. No se convierten en cáncer de piel. Sin embargo, en casos excepcionales, una lesión que se confunde clínicamente con un queloide puede ser en realidad una neoplasia cutánea (como un dermatofibrosarcoma). Por este motivo, ante cualquier cicatriz de aspecto inusual, crecimiento rápido o características atípicas, el dermatólogo puede indicar una biopsia para confirmar el diagnóstico. No es recomendable. Hacerse un tatuaje implica una lesión cutánea repetida (las agujas perforan la piel miles de veces), lo que supone un riesgo elevado de desencadenar la formación de un queloide en personas predispuestas. Las guías dermatológicas aconsejan evitar los tatuajes y los piercings en personas con antecedentes personales o familiares de queloides. Si a pesar de esta recomendación se desea hacer un tatuaje, conviene consultarlo previamente con un dermatólogo, que podría proponer realizar una prueba en una zona pequeña y vigilar la respuesta de la piel durante varios meses. No. A diferencia de las cicatrices hipertróficas, que tienden a aplanarse y mejorar espontáneamente con el paso de los meses o años, los queloides no regresan de forma espontánea. Sin tratamiento, un queloide puede permanecer estable o continuar creciendo lentamente. Para reducir su tamaño, mejorar los síntomas o aplanar la lesión, es necesario un tratamiento específico pautado por un dermatólogo. Sí, existen medidas que pueden reducir significativamente el riesgo de queloides tras una cirugía. Lo más importante es informar al equipo quirúrgico de la predisposición a queloides antes de la intervención. El cirujano puede adoptar técnicas que minimicen la tensión en la herida (como la orientación de la incisión a lo largo de las líneas de tensión natural de la piel y el uso de suturas subcuticulares). Tras la cirugía, la aplicación precoz de láminas o gel de silicona, el uso de tiras adhesivas de estabilización de la herida durante varias semanas y, en casos de alto riesgo, las infiltraciones profilácticas de corticosteroides pueden reducir la probabilidad de que se forme un queloide. En la actualidad, no existe un tratamiento curativo definitivo para los queloides. Todos los tratamientos disponibles buscan reducir el tamaño de la lesión, aliviar los síntomas y prevenir la recurrencia, pero ninguno garantiza la eliminación permanente del queloide. La combinación de varias modalidades terapéuticas (por ejemplo, escisión quirúrgica seguida de radioterapia o infiltraciones de corticosteroides) ofrece las mejores tasas de éxito. La investigación en este campo continúa avanzando, con enfoques dirigidos a inhibir de forma selectiva las vías moleculares implicadas en la formación de queloides, lo que podría dar lugar a tratamientos más eficaces en el futuro. © Clínica Universidad de Navarra 2026Qué es un queloide
Diferencia entre queloide y cicatriz hipertrófica
Causas y factores de riesgo
Síntomas del queloide
Diagnóstico del queloide
Tratamiento del queloide
Infiltraciones de corticosteroides
Láminas y geles de silicona
Terapia de presión
Crioterapia
Escisión quirúrgica
Radioterapia adyuvante
Otros tratamientos
Prevención de los queloides
Impacto psicológico del queloide
Precauciones para personas con predisposición a queloides
Cuándo acudir al médico
Preguntas frecuentes
¿Los queloides pueden convertirse en cáncer?
¿Se puede hacer un tatuaje si se tiene tendencia a los queloides?
¿Los queloides desaparecen solos con el tiempo?
¿Se pueden prevenir los queloides después de una cesárea o una cirugía?
¿Existe un tratamiento definitivo que cure los queloides para siempre?
Referencias para el paciente
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