DICCIONARIO MÉDICO
Migraña sin aura
La migraña sin aura es la forma más frecuente de migraña: representa aproximadamente el 60-75 % de todos los casos. Se caracteriza por crisis recurrentes de cefalea pulsátil, generalmente unilateral, de intensidad moderada a grave, que se agrava con la actividad física y se acompaña de náuseas, fotofobia y fonofobia, pero sin los fenómenos neurológicos focales transitorios que definen el aura. Se conocía anteriormente como migraña común. La migraña sin aura se define, en cierto modo, por lo que no tiene. A diferencia de la migraña con aura, en la que la cefalea viene precedida o acompañada de escotomas centelleantes, fotopsias, hormigueo progresivo u otros fenómenos neurológicos focales, la migraña sin aura presenta la crisis dolorosa directamente, sin esa señal de aviso. El paciente pasa de encontrarse bien —o de notar los signos inespecíficos del pródromo: bostezos, irritabilidad, antojos de comida, rigidez cervical— al dolor propiamente dicho. Conviene no confundir el pródromo con el aura. El pródromo puede aparecer horas o incluso uno o dos días antes de la cefalea y consiste en cambios difusos del estado general —cansancio, cambios de humor, hambre excesiva—, sin focalidad neurológica. El aura, en cambio, es un fenómeno focal, gradual y breve (entre cinco y sesenta minutos), que refleja la depresión cortical propagada descrita por Leão. La migraña sin aura carece de esta fase focal, pero comparte con la migraña con aura el mismo mecanismo trigeminovascular subyacente que genera el dolor. La denominación "migraña sin aura" es la vigente en la Clasificación Internacional de Cefaleas (ICHD-3, código 1.1). Antes de 1988, cuando se publicó la primera edición de esta clasificación, se la conocía simplemente como "migraña común", un nombre acuñado por el Ad Hoc Committee on Classification of Headache en 1962 para distinguirla de la "migraña clásica" (la que cursaba con aura). El cambio terminológico no fue solo cosmético: el término "común" sugería que la forma sin aura era menos interesante clínicamente, cuando en realidad es la que genera la mayor parte de la carga de discapacidad asociada a la migraña, precisamente porque al carecer de una señal de aviso tan llamativa como el aura, tiende a infradiagnosticarse y a confundirse con otros tipos de cefalea. El diagnóstico de migraña sin aura según la ICHD-3 requiere que el paciente haya presentado al menos cinco crisis que cumplan simultáneamente cuatro condiciones. La primera es la duración: cada crisis debe prolongarse entre 4 y 72 horas sin respuesta al manejo habitual (en niños y adolescentes menores de 18 años, la duración mínima se reduce a 2 horas). La segunda se refiere al dolor, que debe reunir al menos dos de cuatro características: localización unilateral, carácter pulsátil, intensidad moderada o grave, y agravamiento con la actividad física habitual. La tercera exige que, durante el dolor, se presente al menos uno de estos acompañantes: náuseas o vómitos, o bien fotofobia y fonofobia conjuntas. La cuarta, como en toda la clasificación, es que el cuadro no se explique mejor por otro diagnóstico. El requisito de cinco crisis tiene una razón: una sola crisis, o dos o tres, podrían obedecer a una cefalea secundaria o a una coincidencia. Solo la recurrencia permite establecer con confianza el diagnóstico de migraña. Cuando un paciente cumple todos los criterios pero con menos de cinco episodios, la ICHD-3 lo clasifica como "migraña sin aura probable" (código 1.5.1), un estadio de vigilancia diagnóstica. La confusión más frecuente en la práctica clínica se da con la cefalea tensional. En los criterios de la ICHD-3, la cefalea tensional se define por exclusión de las características de la migraña: dolor bilateral (no unilateral), opresivo (no pulsátil), de intensidad leve a moderada (no moderada a grave), que no se agrava con el ejercicio y que no se acompaña de náuseas ni de fotofobia y fonofobia simultáneas. En teoría, la separación es nítida. En la práctica, no tanto. Muchas crisis de migraña sin aura, sobre todo las leves, no cumplen todos los criterios de forma completa: pueden ser bilaterales, o tener un carácter más opresivo que pulsátil en su inicio. Esas crisis acaban diagnosticadas como cefalea tensional. Algunos neurólogos, de hecho, sostienen que la cefalea tensional no es una entidad independiente sino una forma atenuada de migraña, un extremo del espectro migrañoso en el que la activación trigeminovascular no alcanza el umbral necesario para producir todas las características típicas. Esta discusión sigue abierta y tiene consecuencias prácticas, porque un paciente mal etiquetado como "tensional" no recibe la misma atención que uno diagnosticado de migraña. La distinción con la migraña con aura es conceptualmente sencilla: presencia o ausencia de los fenómenos neurológicos focales transitorios. Ambas formas comparten el mismo mecanismo trigeminovascular en la fase dolorosa; la diferencia estriba en que en la migraña con aura se produce además la depresión cortical propagada que genera los fenómenos visuales, sensitivos o del lenguaje. No es raro que un mismo paciente presente crisis con aura y crisis sin ella a lo largo de su vida. Frente a las cefaleas secundarias —las causadas por una enfermedad subyacente—, la migraña sin aura carece de una señal tan distintiva como el aura para orientar el diagnóstico. La ICHD-3 establece banderas rojas que obligan a descartar patología secundaria: inicio después de los 50 años, cefalea de instauración brusca, empeoramiento progresivo, fiebre, rigidez de nuca, déficit neurológico persistente o cambio drástico en el patrón habitual de las crisis. Que la crisis de dolor aparece sin ir precedida de fenómenos neurológicos focales transitorios como escotomas, fotopsias, hormigueo progresivo o dificultad para hablar. El dolor puede estar precedido por un pródromo (bostezos, cansancio, irritabilidad), pero este no es lo mismo que un aura: el pródromo es difuso y puede durar horas, mientras que el aura es focal y dura entre cinco y sesenta minutos. Sí. "Migraña común" es la denominación antigua, utilizada desde 1962 por el Ad Hoc Committee on Classification of Headache. La terminología vigente de la ICHD-3 (2018) la llama "migraña sin aura". Ambos nombres designan la misma entidad. Sí, y es relativamente habitual. Un paciente puede presentar la mayoría de sus crisis sin aura y experimentar alguna crisis aislada con aura visual, o al revés. La presencia de un tipo no excluye la aparición del otro. No necesariamente. La intensidad del dolor, la frecuencia de las crisis y la discapacidad asociada pueden ser iguales o mayores en la migraña sin aura. De hecho, al carecer de una señal de aviso tan reconocible como el aura visual, la migraña sin aura tiende a infradiagnosticarse y a confundirse con cefalea tensional, lo que puede retrasar su manejo adecuado. Consulte también la información clínica completa sobre las cefaleas Si busca información sobre el abordaje y el manejo de la migraña sin aura y otras cefaleas, puede consultar la ficha completa de cefaleas elaborada por el Departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la migraña sin aura, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la migraña sin aura
Los criterios de la ICHD-3
El problema de la frontera con la cefalea tensional
Diferenciación con la migraña con aura y con las cefaleas secundarias
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que una migraña sea «sin aura»?
¿Es lo mismo migraña sin aura que migraña común?
¿Puede un mismo paciente tener crisis con aura y sin aura?
¿Es la migraña sin aura menos grave que la migraña con aura?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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