DICCIONARIO MÉDICO
Mal de Pinto
El mal del pinto es una treponematosis endémica no venérea causada por Treponema carateum, una espiroqueta emparentada con la del agente de la sífilis. Es la única treponematosis que afecta exclusivamente a la piel, sin invasión ósea ni visceral, y produce lesiones cutáneas crónicas que evolucionan hacia una discromía permanente de varios colores. Endémica históricamente en Latinoamérica, hoy se considera prácticamente extinguida. Recibe también los nombres de pinta, carate y enfermedad azul. El mal del pinto es una enfermedad infecciosa crónica de la piel producida por Treponema carateum, una bacteria del género Treponema indistinguible al microscopio de las que causan la sífilis, el pian y el bejel. Pertenece al grupo de las treponematosis endémicas no venéreas y se contagia por contacto directo de piel con piel, a través de microabrasiones cutáneas, en condiciones de hacinamiento y déficit higiénico. A diferencia de las otras treponematosis, el mal del pinto no afecta ni a los huesos ni a las vísceras: toda su evolución se limita a la dermatosis cutánea, con cambios de pigmentación que pueden ser permanentes. No es mortal y no genera deformidades, pero sí afecta enormemente al aspecto físico de la persona afectada y, en consecuencia, a su vida social. El nombre español es transparente: pinto, como adjetivo popular, significa "manchado" o "moteado" —se aplica a caballos y otros animales con la piel de varios colores—, y pinta, como sustantivo, designa una mancha en cualquier superficie. El nombre tiene su origen exactamente ahí, en la forma en que el habla popular latinoamericana describió las manchas multicolores que la enfermedad deja sobre la piel. Otros nombres regionales completan el mapa: carate o cárate en Colombia y Venezuela; caracaracol, ya documentado por Fernández de Oviedo en el siglo XVI entre las poblaciones indígenas precolombinas; enfermedad azul en Chile y Perú, por la coloración azul-pizarra que adoptan las lesiones más antiguas; cute en Venezuela, tina en México, quirica en Panamá; empeines, lota, ccara y overía en distintas regiones andinas. El término pinta ha sido la voz preferida por la OMS y la literatura científica internacional; mal del pinto es la variante más utilizada en México, Cuba y el resto de Centroamérica, y es también la forma dominante en las búsquedas en español. La historia médica del mal del pinto refleja la dificultad de identificar su agente causal, oculto durante décadas tras la apariencia engañosa de una micosis. Las primeras descripciones europeas son del siglo XVI: el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, en su Historia general y natural de las Indias, describe entre las poblaciones indígenas del Caribe una dermatosis que llama carate. En 1881, Gabino Barreda Ruiz y Sandoval publica en la Gaceta Médica de México el primer estudio moderno de la enfermedad. Hasta los años veinte del siglo XX se consideró una infección fúngica. Fue Salvador González Herrejón quien, en 1926, planteó por primera vez que se trataba de una treponematosis emparentada con la sífilis y el pian. En agosto de 1938, Bruno Sáenz y otros investigadores cubanos, mediante microscopía de campo oscuro, demostraron la presencia de espiroquetas en lesiones de pinta. Émile Brumpt formalizó al año siguiente la descripción del agente y propuso el nombre de Treponema carateum; el cubano Ernesto León Blanco, en paralelo, lo bautizó también como Treponema herrejoni en homenaje al mexicano, y ambas denominaciones convivieron durante años en la literatura. Lo que distingue al mal del pinto del resto del grupo nosológico es su confinamiento estricto a la piel. Las otras tres treponematosis humanas —sífilis, pian y bejel— son invasivas: además de la afectación cutánea inicial, pueden alcanzar huesos, cartílagos y, en el caso de la sífilis, también el sistema nervioso central y el cardiovascular. El mal del pinto, en cambio, se queda en la dermatosis. No hay periostitis, ni gomas óseos, ni neurosífilis, ni aortitis. Tampoco transmisión vertical madre-hijo. La enfermedad evoluciona durante décadas en la piel, modificándola, pero sin trascender a otros órganos. Esta peculiaridad explica el lugar particular que T. carateum ocupa en la clasificación del género. Mientras los agentes del pian, el bejel y la sífilis se consideran subespecies de Treponema pallidum (subespecies pertenue, endemicum y pallidum, respectivamente, con identidad genómica superior al 99,8 %), T. carateum se mantiene como especie diferenciada, no como subespecie. La razón es genética: aunque morfológica y serológicamente indistinguible de los otros treponemas humanos, su material genético —caracterizado solo parcialmente, por la imposibilidad de cultivarlo en medios convencionales— sugiere una divergencia evolutiva mayor. En la literatura hispanohablante todavía aparece a veces como T. pallidum subespecie carateum, aunque la nomenclatura preferida hoy es T. carateum como especie propia. El mal del pinto evoluciona en tres estadios cutáneos, todos limitados a la piel y separados por intervalos largos. La progresión completa puede prolongarse durante décadas. Fase primaria. Tras un periodo de incubación de entre una semana y dos meses, aparece una pápula eritematosa indolora en el punto de inoculación —habitualmente en zonas expuestas: extremidades, cara, espalda—. La lesión crece lentamente y forma una placa rojiza o rosada, bien delimitada, que en ocasiones se acompaña de adenopatía regional. Estas lesiones iniciales se denominan a veces pintides primarios. Fase secundaria. Meses o años después aparecen lesiones diseminadas (los pintides secundarios), placas pigmentadas que evolucionan progresivamente cambiando de color: del rosado al rojo, al violáceo, al pardo, al azul-pizarra. Es esta paleta cambiante la que dio nombre a la enfermedad en cada región: enfermedad azul donde predomina la coloración profunda, mal del pinto donde llama la atención la mezcla. Las lesiones suelen ser bilaterales y simétricas, con preferencia por las zonas expuestas al sol. Fase tardía o discrómica. Tras varios años, las lesiones evolucionan a su forma final: áreas de hipopigmentación y zonas de hiperpigmentación coexisten en el mismo paciente —cuadro conocido como leucomelanodermia—. Las manchas blancas, con frecuencia indistinguibles del vitíligo, son permanentes incluso después de un tratamiento eficaz: la bacteria desaparece, pero las cicatrices pigmentarias permanecen. En esta fase la enfermedad deja de ser contagiosa. La confusión entre las manchas tardías del mal del pinto y el vitíligo es frecuente, y la distinción tiene implicaciones clínicas y sociales relevantes. La causa es la diferencia esencial: el mal del pinto es una infección bacteriana crónica, mientras que el vitíligo es una enfermedad autoinmune por destrucción de los melanocitos. La contagiosidad también las separa: el mal del pinto puede transmitirse de persona a persona en sus fases primaria y secundaria; el vitíligo no es contagioso en ninguna circunstancia. La distribución de las lesiones es también orientativa: el vitíligo tiende a afectar zonas periorificiales, de presión y dorso de manos, sin patrón geográfico ni epidemiológico, mientras que el mal del pinto afecta zonas expuestas y aparece en personas procedentes de áreas endémicas latinoamericanas. La coexistencia de hipopigmentación e hiperpigmentación en un mismo paciente, finalmente, es característica del mal del pinto y muy poco frecuente en el vitíligo, que suele ser homogéneamente acrómico. El mal del pinto fue endémico en casi toda la Latinoamérica tropical: México, Centroamérica, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, las Guayanas y las Antillas mayores. En México se concentraba en las cuencas de los ríos Balsas, Grijalva y Usumacinta. Hasta mediados del siglo XX, en algunas comunidades rurales aisladas, podía afectar a más del 70 % de la población. La campaña masiva contra las treponematosis endémicas que la OMS y UNICEF llevaron a cabo entre 1952 y 1964 —en la que se trataron alrededor de cincuenta millones de personas en cuarenta y seis países— redujo drásticamente su prevalencia en Latinoamérica. En México, el descenso fue espectacular y la enfermedad pasó de ser un problema sanitario nacional a desaparecer prácticamente del mapa epidemiológico. Hoy el mal del pinto se considera una enfermedad casi extinguida. Las series modernas describen casos residuales muy aislados en focos amazónicos de Brasil, Colombia y Perú, y en algunas comunidades indígenas de Cuba donde se creía erradicada. Es objeto de un programa de vigilancia de la Organización Panamericana de la Salud, integrado dentro del marco de las enfermedades tropicales desatendidas de la OMS. En países no endémicos los casos son excepcionales y suelen detectarse en personas migrantes de Latinoamérica con lesiones discrómicas crónicas, lo que mantiene al mal del pinto como elemento del diagnóstico diferencial dermatológico y serológico en medicina del viajero. Del adjetivo popular español pinto, que significa "manchado" o "moteado" y se aplica tradicionalmente a animales con la piel de varios colores. El nombre describe el aspecto multicolor que adoptan las lesiones cutáneas de la enfermedad, especialmente en su fase tardía. En distintas regiones latinoamericanas recibe nombres equivalentes: pinta a secas en la mayor parte del continente; carate o cárate (de origen indígena caribeño) en Colombia y Venezuela; enfermedad azul en Chile y Perú; cute, tina, quirica, empeines, lota y otros nombres locales. No, aunque las manchas blancas de la fase tardía pueden ser muy parecidas. El mal del pinto es una infección bacteriana crónica causada por Treponema carateum y es contagiosa en sus primeras fases; el vitíligo es una enfermedad autoinmune por destrucción de los melanocitos y no es contagioso. El mal del pinto suele combinar manchas blancas e hiperpigmentadas en el mismo paciente; el vitíligo es típicamente homogéneamente acrómico. Sí, aunque a una escala mínima. Las campañas de control de las treponematosis endémicas que la OMS llevó a cabo a mediados del siglo XX redujeron drásticamente su prevalencia. Hoy quedan focos residuales muy aislados en zonas amazónicas de Brasil, Colombia y Perú, y se ha redocumentado en algunas comunidades indígenas cubanas. Es una enfermedad considerada casi extinguida pero todavía vigilada por la Organización Panamericana de la Salud. No. Esta es la diferencia más importante con las otras treponematosis. El mal del pinto se limita exclusivamente a la piel: no afecta huesos, articulaciones, corazón, cerebro ni ningún órgano interno. Tampoco se transmite de la madre al feto. Es, por tanto, la treponematosis menos peligrosa desde el punto de vista médico, aunque sus secuelas estéticas pueden ser permanentes. Sí. Las pruebas serológicas convencionales para sífilis (VDRL, RPR, FTA-ABS, TPHA) dan positivo también en el mal del pinto, en el pian y en el bejel, porque las cuatro treponematosis humanas comparten los mismos antígenos. Solo las técnicas moleculares permiten identificar con certeza la especie causante. En zonas o pacientes con antecedentes de mal del pinto, una serología positiva no implica necesariamente sífilis. Si desea profundizar en conceptos asociados al mal del pinto, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el mal del pinto
Una treponematosis exclusivamente cutánea
Evolución clínica en tres fases discrómicas
Diferenciación con el vitíligo
Distribución histórica y situación actual
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "mal del pinto"?
¿Es lo mismo el mal del pinto que el vitíligo?
¿El mal del pinto sigue existiendo?
¿Afecta a los órganos internos?
¿Las pruebas de sífilis detectan el mal del pinto?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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