DICCIONARIO MÉDICO
Hiperpigmentación
La hiperpigmentación es el oscurecimiento de la piel por acumulación de pigmento en cantidad mayor de la habitual. En la mayoría de los casos ese pigmento es la melanina, la sustancia que da color a la piel, aunque también pueden intervenir otros depósitos. El oscurecimiento puede afectar a una zona concreta o extenderse por amplias superficies, y su tonalidad depende de la profundidad a la que se sitúe el pigmento. El término une el prefijo griego hypér, «en exceso», con pigmento, del latín pigmentum, «sustancia colorante», emparentado con el verbo pingere, «pintar». Literalmente, un exceso de color. En la práctica designa cualquier zona de piel más oscura de lo que le correspondería, sin relación directa con un bronceado. El color de la piel resulta de la mezcla de varias sustancias, sobre todo de la melanina. Cuando esta se produce o se deposita en exceso, la piel se oscurece. Su opuesto es la hipopigmentación, la pérdida de color por defecto de pigmento. La melanina la fabrican los melanocitos, células dendríticas derivadas de la cresta neural que se alojan en la capa basal de la epidermis. Cada melanocito reparte sus melanosomas, los gránulos cargados de pigmento, entre unos treinta y seis queratinocitos vecinos, en lo que se conoce como unidad melánica epidérmica. El proceso químico que sintetiza el pigmento, la melanogénesis, depende de una enzima clave, la tirosinasa. Ese reparto explica dos maneras distintas de oscurecerse. La piel puede acumular más pigmento porque los melanocitos existentes trabajan de más, sin que su número cambie. O puede hacerlo porque hay más melanocitos activos de lo normal. La primera situación se denomina hiperpigmentación melanótica; la segunda, melanocítica. La radiación ultravioleta, ciertos cambios hormonales y la inflamación figuran entre los estímulos que activan la melanogénesis. Dónde se deposita la melanina determina el color que percibe el observador. Si se concentra en la epidermis, la mancha se ve marrón. Si alcanza la dermis, el tono vira hacia el gris azulado, un efecto óptico llamado fenómeno de Tyndall, la misma física que tiñe de azul el cielo. De ahí que a las pigmentaciones dérmicas se las conozca también como cerulodermias, del latín caeruleus, azul. No siempre el pigmento es melánico. Hay oscurecimientos que se deben al depósito en la piel de otras sustancias: hierro en forma de hemosiderina, caroteno de la dieta, o compuestos ajenos que se acumulan por distintas vías. La coloración anómala es la misma a simple vista; el origen, distinto. Una división práctica separa las hiperpigmentaciones circunscritas de las generalizadas. Las localizadas ocupan zonas delimitadas y suelen relacionarse con factores externos o con procesos de la propia piel: el melasma, el lentigo solar, las pecas o el oscurecimiento que queda tras una inflamación o una lesión cutánea, conocido como hiperpigmentación postinflamatoria. Las difusas son otra historia. Cuando la piel se oscurece de forma amplia, conviene mirar más allá de ella, porque suele ser el reflejo de una alteración interna. La insuficiencia suprarrenal primaria, o enfermedad de Addison, oscurece la piel de manera característica: al faltar cortisol, la hipófisis fabrica más de una molécula precursora, la proopiomelanocortina, de la que derivan a la vez la ACTH y un péptido estimulante de los melanocitos. La hemocromatosis, por acúmulo de hierro, y algunos medicamentos, como ciertos antipalúdicos o citotóxicos, también tiñen la piel. Y el embarazo produce el melasma gravídico, o cloasma, esa pigmentación simétrica del rostro que responde al cambio hormonal de la gestación. Por la profundidad del pigmento. La melanina situada en la epidermis se ve marrón; la que llega a la dermis se percibe gris azulada, por un efecto óptico llamado fenómeno de Tyndall. El color, por tanto, orienta sobre a qué nivel de la piel está el pigmento. No. El sol es un estímulo muy frecuente, porque activa la producción de melanina, pero no el único. Hay pigmentaciones de origen hormonal, inflamatorio, medicamentoso o ligadas a enfermedades internas. De hecho, el término se reserva para el oscurecimiento que no corresponde a un simple bronceado. Durante la gestación es común el melasma o cloasma, una pigmentación simétrica que aparece sobre todo en la frente, las mejillas y el labio superior. Se debe al influjo hormonal propio del embarazo sobre los melanocitos y suele atenuarse después, aunque no siempre desaparece del todo. Son fenómenos opuestos. En la hiperpigmentación sobra pigmento y la piel se oscurece; en la hipopigmentación falta, y la piel aclara, como ocurre en el vitíligo. Una añade color; la otra lo retira.Qué es la hiperpigmentación
Cómo se produce el pigmento
Pigmento superficial y pigmento profundo
Formas localizadas y formas difusas
Preguntas frecuentes
¿Por qué unas manchas son marrones y otras azuladas?
¿La hiperpigmentación siempre viene del sol?
¿Qué relación tiene con el embarazo?
¿En qué se diferencia de la hipopigmentación?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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