DICCIONARIO MÉDICO
Melasma
El melasma es un trastorno adquirido de la pigmentación que se manifiesta como manchas de color pardo o marrón grisáceo, de bordes irregulares y disposición más o menos simétrica, en las zonas de la cara expuestas a la luz. Se debe a un exceso de melanina fabricada por los melanocitos y depositada en la epidermis, en la dermis o en ambas. Afecta sobre todo a mujeres, se acentúa con el sol y guarda relación con la influencia hormonal. El melasma es una hipermelanosis adquirida: un aumento de pigmento que no existe al nacer y que se instaura con el tiempo. La palabra viene del griego μέλας (mélas), «negro» u «oscuro», la raíz que comparte con melanina, melanocito y melanoma. En su forma latina moderna se documenta hacia 1531, si bien la voz griega, con el valor de «mancha negra», ya circulaba en los escritos hipocráticos; el sentido dermatológico que hoy le damos se fija a mediados del siglo XIX. Conviene situarlo dentro de las hiperpigmentaciones, el grupo de trastornos en los que una parte de la piel se oscurece más que la de alrededor. El melasma es la variante que se localiza en el rostro y se asocia a factores hormonales. Muchos textos lo dan como sinónimo de cloasma. La diferencia es de uso, no de enfermedad: el término cloasma se reserva hoy para la forma ligada al embarazo, mientras que melasma sirve de nombre general. El color de la piel depende de la melanina, el pigmento que fabrican unas células especializadas, los melanocitos, y que actúa como filtro natural frente a la radiación. En el melasma esos melanocitos trabajan de más: sintetizan pigmento en exceso y lo entregan a las capas vecinas. La enzima que gobierna el proceso es la tirosinasa, cuya actividad se dispara ante varios estímulos. Entre todos ellos, el más constante es la luz solar, y no solo su componente ultravioleta (la luz visible también estimula la pigmentación, un matiz que explica por qué las manchas reaparecen pese a usar fotoprotección corriente). A la radiación se suma la influencia hormonal: el embarazo y algunos tratamientos hormonales favorecen su aparición, de ahí el nombre popular de «máscara del embarazo». Existe además una predisposición familiar clara, y en los varones, que suponen una minoría de los casos, se observa con frecuencia un antecedente de este tipo. Según la profundidad a la que se acumula el pigmento se describen tres variantes. En el melasma epidérmico el exceso de melanina se queda en las capas superficiales; en el dérmico desciende a planos más profundos, donde resulta más rebelde; el mixto combina los dos anteriores. La lámpara de Wood, que ilumina la piel con luz ultravioleta, ayuda a distinguirlos, porque el pigmento superficial se realza mientras que el profundo apenas cambia. Por su reparto en la cara suele hablarse de un patrón centrofacial, que ocupa frente, nariz, labio superior y mentón; de otro malar, centrado en las mejillas; y de uno mandibular, a lo largo del borde de la mandíbula. El centrofacial es el más habitual. No toda mancha oscura del rostro es un melasma. La hiperpigmentación postinflamatoria aparece después de un brote de acné, una quemadura o cualquier inflamación de la piel, y sigue el rastro de esa lesión previa. Los léntigos solares (véase lentigo) son manchas aisladas y de bordes netos, más ligadas a la edad y al sol acumulado que a las hormonas. Las efélides, es decir, las pecas, son pequeñas, numerosas y de tono más claro. El melasma, frente a todas ellas, dibuja placas amplias, simétricas y de límites difusos. Por su color. El nombre procede del griego mélas, «negro» u «oscuro», la misma familia de la que salen melanina y melanoma. Cloasma, su antiguo sinónimo, tiene en cambio una raíz que alude al verde (chloázein), un contrasentido que se ha perdido con el uso. No, aunque en ellas es mucho más frecuente. Los varones representan una minoría de los casos y presentan las mismas características. La marcada predilección femenina y su relación con etapas de cambio hormonal apuntan al peso de los estrógenos y la progesterona en su origen. Porque la cara es la zona más expuesta a la luz, y la luz es su principal desencadenante. Tanto la radiación ultravioleta como la luz visible activan a los melanocitos, de modo que los meses de más sol o las estancias prolongadas al aire libre suelen oscurecer las manchas. En pieles de fototipo intermedio (morenas claras) y en climas cálidos el fenómeno es más visible y persistente. No del todo. En la práctica designan el mismo trastorno de la pigmentación, pero la dermatología actual emplea melasma como término general y guarda cloasma para la variante que surge durante el embarazo, el llamado cloasma gravídico.Qué es el melasma
Cómo aparece el melasma
Tipos de melasma
Con qué se confunde
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama melasma?
¿Aparece solo en las mujeres?
¿Por qué se localiza en la cara y empeora en verano?
¿Es lo mismo el melasma que el cloasma?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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