DICCIONARIO MÉDICO
Larva migrans
Larva migrans es el nombre que recibe el síndrome clínico producido cuando larvas de parásitos animales penetran en el ser humano —huésped accidental— y migran por sus tejidos sin alcanzar nunca la fase adulta. Según la localización del daño, se distinguen una forma cutánea, una visceral y una ocular. Se trata de una zoonosis ligada fundamentalmente a nematodos de perros y gatos. El término designa un grupo de síndromes —no una enfermedad única— que comparten un mismo fenómeno: larvas de helmintos cuyo huésped definitivo es un animal (generalmente un cánido o un félido) penetran de forma accidental en el organismo humano y, al encontrarse en un huésped que no les permite completar su ciclo biológico, deambulan erráticamente por la piel o por órganos internos. Esa migración sin destino es la que da nombre al cuadro. Etimológicamente, la expresión es un compuesto latino moderno formado por larva —que en su acepción biológica acuñó Linneo en 1746— y migrans, participio presente del verbo migrare, "desplazarse de un lugar a otro". El conjunto significa, literalmente, "larva que migra" o "larva errante". En la literatura médica anglosajona aparece como sinónimo el término creeping eruption ("erupción reptante"), acuñado por Robert Lee en 1874 para describir los trayectos serpiginosos cutáneos que producían las larvas al desplazarse bajo la epidermis, aunque hoy creeping eruption se reserva casi exclusivamente para la forma cutánea. En la forma cutánea, las larvas infectivas de anquilostomas animales —sobre todo Ancylostoma braziliense y Ancylostoma caninum— se desarrollan en suelos cálidos y húmedos contaminados con heces de perros o gatos. Cuando la piel descalza del ser humano entra en contacto con ese suelo, las larvas penetran a través de los folículos pilosos o las glándulas sudoríparas y comienzan a excavar túneles serpiginosos entre la epidermis y la dermis. Avanzan unos pocos milímetros al día —rara vez más de uno o dos centímetros— y mueren espontáneamente entre las dos y las ocho semanas siguientes, porque carecen de las colagenasas necesarias para atravesar la membrana basal y alcanzar tejidos más profundos en un huésped al que no están adaptadas. La forma visceral responde a otro mecanismo. Aquí, el ser humano —casi siempre un niño— ingiere accidentalmente huevos de Toxocara canis o Toxocara cati presentes en suelos, en verduras mal lavadas o, con menor frecuencia, en vísceras animales crudas. Los huevos eclosionan en el intestino, y las larvas atraviesan la pared intestinal para migrar por el torrente sanguíneo hacia hígado, pulmones, cerebro u ojos. Como tampoco pueden madurar, quedan atrapadas en los tejidos y desencadenan una reacción inflamatoria granulomatosa con eosinofilia intensa. La forma ocular —larva migrans ocular— se considera una variante clínica de la visceral en la que una sola larva se aloja en el polo posterior del ojo y puede confundirse con un retinoblastoma. Larva migrans cutánea. Es la más frecuente y la más benigna. Las lesiones aparecen como trayectos eritematosos, ligeramente elevados, serpiginosos e intensamente pruriginosos, habitualmente en pies, manos, nalgas o zonas que han estado en contacto directo con el suelo contaminado. Los agentes causales más habituales son A. braziliense, A. caninum, Uncinaria stenocephala y, con menor frecuencia, Bunostomum phlebotomum. La infección se resuelve espontáneamente en semanas, aunque las complicaciones por rascado —sobreinfección bacteriana— no son infrecuentes. Larva migrans visceral. Es más grave y sistémica. Causada fundamentalmente por Toxocara canis y T. cati, cursa con la formación de granulomas eosinófilos en hígado, pulmones y, en ocasiones, sistema nervioso central. Los niños con pica —ingestión compulsiva de tierra— constituyen el grupo de mayor riesgo. La toxocariasis es, en la práctica, el nombre clínico de este síndrome. Larva migrans ocular. Una larva única de Toxocara alcanza el ojo por vía hematógena y se enquista en la retina o en el vítreo, generando un granuloma intraocular. Es más frecuente en niños algo mayores que la forma visceral clásica y puede causar disminución de la agudeza visual o estrabismo. La larva currens ("larva que corre") es un cuadro cutáneo provocado por Strongyloides stercoralis, un nematodo cuyo huésped definitivo sí es el ser humano. La diferencia fundamental con la larva migrans cutánea está en la velocidad de progresión: mientras que las larvas de Ancylostoma avanzan uno o dos centímetros al día, las de Strongyloides se desplazan entre cinco y quince centímetros por hora, dejando trayectos urticariformes efímeros que desaparecen en horas. Además, Strongyloides puede provocar autoinfección, un fenómeno que no se da en la larva migrans clásica. La miasis, por su parte, es la infestación de tejidos por larvas de dípteros (moscas), no de nematodos. Aunque en sentido amplio algunos autores han incluido las miasis subcutáneas dentro del concepto de "larva migrans", el mecanismo, la etiología y el abordaje son distintos. Las miasis están causadas por larvas de insectos holometábolos —géneros Dermatobia, Hypoderma, Gastrophilus— y producen lesiones forunculoides, no los trayectos serpiginosos característicos de la larva migrans cutánea. Es una expresión latina moderna que se traduce como "larva errante" o "larva que migra". Describe el fenómeno por el cual larvas de parásitos animales penetran en el ser humano y deambulan por sus tejidos sin poder completar su ciclo vital. La acuñación del concepto clínico como creeping eruption se atribuye a Robert Lee en 1874, para las lesiones cutáneas serpiginosas. No exactamente. La toxocariasis es la enfermedad concreta causada por Toxocara canis o T. cati, y es la causa más frecuente de larva migrans visceral y ocular. Pero "larva migrans" es un concepto más amplio que incluye también la forma cutánea (causada por anquilostomas, no por Toxocara) y, en sentido estricto, cualquier migración de larvas parásitas en un huésped accidental. Es poco frecuente pero posible. La mayoría de los casos diagnosticados en Europa corresponden a viajeros que regresan de zonas tropicales o subtropicales. Sin embargo, los cambios climáticos y la presencia de animales domésticos sin desparasitar han generado casos autóctonos esporádicos en el sur de Europa, incluida la Península Ibérica. Sí, las larvas acaban muriendo en la epidermis entre las dos y las ocho semanas porque no pueden completar su ciclo en el ser humano. No obstante, el prurito intenso que provocan las lesiones suele requerir intervención, y el rascado puede causar sobreinfecciones bacterianas o fúngicas que complican el cuadro. Si desea profundizar en conceptos asociados a la larva migrans, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la larva migrans
El mecanismo de la migración larvaria
Formas clínicas principales
Diferenciación con la larva currens y con la miasis
Preguntas frecuentes
¿Qué significa exactamente "larva migrans"?
¿Es lo mismo larva migrans que toxocariasis?
¿Se puede contraer larva migrans cutánea en España?
¿La larva migrans cutánea se cura sola?
Referencias
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