DICCIONARIO MÉDICO
Estrabismo inconcomitante
El estrabismo inconcomitante es aquel en el que el ángulo de desviación entre los ejes visuales cambia según la dirección de la mirada. En el estrabismo concomitante, la magnitud de la desviación permanece constante; en la forma inconcomitante, la desalineación se acentúa o se reduce dependiendo de hacia dónde se dirijan los ojos. El término inconcomitante (también escrito incomitante) procede del latín in- (negación) y comitans, participio de comitari, «acompañar». La denominación alude a una desviación que no acompaña de manera uniforme al movimiento ocular: cambia de magnitud, y a veces incluso de dirección, según la posición de los ojos en la órbita. Desde un punto de vista clínico, se acepta que un estrabismo es inconcomitante cuando la diferencia del ángulo de desviación entre las distintas posiciones de la mirada supera las 5 a 8 dioptrías prismáticas. Por debajo de ese umbral, el comportamiento se considera concomitante. La variabilidad del ángulo es precisamente lo que convierte a este tipo de desalineación en un reto durante la exploración, porque el clínico necesita medir la desviación en múltiples posiciones (posición primaria, lateralidad, elevación y depresión) para caracterizar el cuadro. Hay dos grandes mecanismos capaces de producir un estrabismo inconcomitante. El primero, y más frecuente, es la parálisis o paresia de uno o varios nervios craneales que inervan la musculatura extraocular: el nervio oculomotor (III par), el nervio troclear (IV par) o el nervio abducens (VI par). Cuando un músculo no recibe correctamente la señal nerviosa, pierde fuerza en su campo de acción, y la desviación se hace máxima justo en la dirección en la que ese músculo debería actuar. El estrabismo paralítico representa, de hecho, el prototipo de inconcomitancia. El segundo mecanismo es la restricción mecánica. En estos casos el músculo o los tejidos orbitarios impiden físicamente que el ojo alcance determinadas posiciones. Los síndromes restrictivos (como el síndrome de Duane o el síndrome de Brown) y las fracturas del suelo de la órbita con atrapamiento muscular entran en esta categoría. No hay déficit nervioso primario, pero el efecto final es el mismo: la desviación varía con la dirección de la mirada. Las formas inconcomitantes se subdividen según su origen en dos grandes grupos. Los estrabismos paralíticos o paréticos obedecen a una lesión neurogénica (supranuclear, nuclear o infranuclear) y producen limitación del movimiento del ojo en el campo de acción del músculo afectado. Pueden ser congénitos o adquiridos, y en el adulto obligan a descartar causas vasculares, inflamatorias, tumorales o traumáticas. Los estrabismos restrictivos se caracterizan por una resistencia mecánica al movimiento. Un ejemplo muy conocido en la práctica pediátrica es el síndrome de Duane, en el que la inervación anómala del músculo recto lateral produce retracción del globo al intentar la aducción. La prueba de ducción forzada (tracción pasiva del ojo con una pinza) permite al oftalmólogo distinguir entre ambos mecanismos, algo con relevancia directa para decidir el abordaje. En el estrabismo concomitante, la desviación es igual en todas las posiciones de la mirada. Los movimientos oculares suelen estar conservados y la causa reside generalmente en un desequilibrio del tono muscular sin lesión neural focal. Es la forma predominante en la infancia y se asocia con frecuencia a errores refractivos. En la forma inconcomitante, la asimetría del ángulo es el rasgo cardinal. Suele provocar diplopía en el adulto (los niños desarrollan mecanismos de supresión cortical) y puede inducir un tortícolis compensador, ya que el paciente gira o inclina la cabeza para colocar los ojos en la posición de menor desviación. La existencia de tortícolis de causa ocular en un niño obliga siempre a investigar una inconcomitancia subyacente. Del latín comitari, «acompañar», con el prefijo negativo in-. Describe una desviación que no mantiene un valor constante, sino que varía con la posición de la mirada. Las formas incomitante e inconcomitante se usan indistintamente en la literatura oftalmológica. No exactamente. El estrabismo paralítico es el tipo más frecuente de estrabismo inconcomitante, pero no el único. Los estrabismos restrictivos (por fibrosis muscular, atrapamiento en fracturas orbitarias o anomalías congénitas como el síndrome de Duane) también son inconcomitantes sin que exista una parálisis nerviosa propiamente dicha. Depende de la causa. Los síndromes restrictivos congénitos se manifiestan desde la infancia. Las parálisis adquiridas de nervios craneales, en cambio, son más frecuentes en adultos, especialmente en pacientes con factores de riesgo vascular (diabetes, hipertensión) o tras traumatismos craneoencefálicos. Si desea profundizar en conceptos relacionados con el estrabismo inconcomitante, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el estrabismo inconcomitante
Mecanismos que originan la variación del ángulo
Clasificación de las formas inconcomitantes
Diferenciación con el estrabismo concomitante
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término inconcomitante?
¿Es lo mismo estrabismo inconcomitante que estrabismo paralítico?
¿Es más frecuente en niños o en adultos?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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