DICCIONARIO MÉDICO
Erisipeloide
El erisipeloide es una infección bacteriana de la piel causada por Erysipelothrix rhusiopathiae. Se adquiere a través de una herida, casi siempre en las manos, al manipular carne, pescado, marisco o aves, y por eso se considera una zoonosis de marcado carácter laboral. Su nombre significa «parecido a la erisipela». Se eligió justamente para separarlo de ella, ya que son enfermedades distintas producidas por bacterias diferentes. Es una zoonosis bacteriana: el ser humano la contrae de los animales o de sus productos, nunca de otra persona. El agente, Erysipelothrix rhusiopathiae, entra por un corte o un pinchazo y se instala en la profundidad de la dermis. La Clasificación Internacional de Enfermedades le reserva un código propio, el A26 en su décima revisión. La palabra une erisipela y el sufijo -oide, que expresa semejanza. Según el Diccionario histórico de la lengua española, el adjetivo erisipeloide, «semejante a la erisipela», se documenta en español desde 1883, y como nombre de esta infección concreta aparece por primera vez en 1917, en el diccionario de Alemany Bolufer. Hay un rastro todavía anterior, y bastante pintoresco: en 1875 los «erisipeloides» ya figuraban en anuncios de la prensa madrileña, entre las dolencias que prometían curar ciertos depurativos. También se la conoce como enfermedad de Rosenbach, erisipeloide de Rosenbach o erisipelotricosis, término formado sobre el nombre del género bacteriano. Algunas obras sobre zoonosis recogen además la denominación erythema migrans, que hoy designa la lesión inicial de la borreliosis de Lyme y que conviene no aplicar a esta infección. En 1873 William Morrant Baker, del hospital londinense de San Bartolomé, publicó con el título de erythema serpens una serie de casos que aparecían solo en las manos de cocineros y carniceros, y en las de quienes manejaban piezas de caza o pieles de conejo. Ese mismo año Tilbury Fox había dado una breve noticia de dos casos similares. El nombre que perduró fue el del alemán Friedrich Julius Rosenbach. Lo acuñó en 1884 con una intención muy precisa, distinguir este cuadro de la erisipela estreptocócica, y volvió sobre él en un artículo de 1887. Años más tarde, en 1909, publicó un estudio conjunto sobre los microorganismos del mal rojo porcino, del erisipeloide y de la septicemia del ratón en el que creó el nombre del género Erysipelothrix. Todo empieza con una puerta de entrada. La bacteria habita en las amígdalas de muchos cerdos sanos, en el moco que recubre a peces y crustáceos y en toda clase de restos animales, y alcanza la piel a través de una erosión, un corte o un pinchazo (una espina, una esquirla de hueso, el borde de una concha). Las manos y los dedos son, lógicamente, lo más expuesto. Ya dentro, el microorganismo se sitúa en las capas profundas de la piel y no en la superficie. Rara vez pasa a la sangre. Cuando lo hace, lo más frecuente es que se trate de una infección primaria y no de la extensión de una lesión cutánea previa, un matiz poco intuitivo. Se reconocen tres formas. La cutánea localizada es, con diferencia, la más común: queda confinada a la zona de inoculación, habitualmente el dorso de la mano o los dedos, y suele resolverse por sí sola. Es la que tradicionalmente se asocia al nombre de Rosenbach. Rara es la forma cutánea generalizada, o difusa, con lesiones a distancia del punto de entrada y, por lo general, sin afectación del estado general. La forma sistémica es la menos frecuente y la de mayor gravedad. Consiste en la invasión de la sangre, con bacteriemia, y puede complicarse con una endocarditis infecciosa que afecta sobre todo a la válvula aórtica, incluso en corazones sin lesión valvular previa, o con artritis bacteriana. Se da sobre todo en personas con inmunodepresión. Algunos textos la llaman forma de Klauder, por Joseph Victor Klauder, autor en 1926 de una revisión clásica sobre el erisipeloide y el mal rojo porcino en el ser humano. Su distribución es mundial y su perfil, marcadamente laboral. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo vincula el riesgo con la ganadería porcina, ovina y avícola, la pesca y la acuicultura, los mataderos y la industria cárnica, el procesado y la venta de pescado y marisco, las actividades veterinarias, los parques zoológicos y el curtido de pieles. Por eso se estudia dentro de la enfermedad profesional de origen biológico. Un dato antiguo lo ilustra bien. En 1904, T. C. Gilchrist reunió 329 casos, de los cuales 323 se debían a picaduras o heridas producidas por cangrejos. Las series clásicas describen además más casos en verano y otoño. En España no es una enfermedad de declaración obligatoria, y su frecuencia real se desconoce. La literatura microbiológica considera probable que esté infradiagnosticada, tanto por su parecido con otras infecciones de la piel como por las dificultades para aislar e identificar la bacteria. Del parecido con la erisipela queda poco más que el nombre. La erisipela es una infección de la dermis superficial y de los vasos linfáticos, producida casi siempre por Streptococcus pyogenes y sin relación con el contacto con animales. El erisipeloide se debe a otra bacteria, afecta a planos más profundos de la piel y exige casi siempre una exposición animal. La forma localizada se describe en los manuales como una celulitis de evolución lenta. El erisipeloide es, en ese sentido, un tipo particular de celulitis, definido por su agente y por su origen zoonótico. El mal rojo, o erisipela porcina, es la misma infección vista desde el lado veterinario: la enfermedad que E. rhusiopathiae produce en el cerdo y en otros animales, cuyo nombre popular alude al color que adquiere la piel de los animales afectados. En medicina veterinaria se usa también el término erisipelosis. Precisamente para dejarlo claro. Rosenbach eligió en 1884 un nombre que reconociera el parecido, pero que al mismo tiempo separara la infección de la erisipela causada por estreptococos. Sí, aunque es mucho menos habitual. Se han descrito casos tras la mordedura de un perro o de un gato, en personas que manipulan pescado o carne en su propia cocina y, como caso más llamativo, en 2022 se publicó el de una mujer que se infectó en el agua de un estanque donde se bañaban cerdos y, más tarde, su propio perro. No. El contagio procede siempre de animales, de sus productos o de un entorno contaminado por ellos. Es la misma bacteria, pero no el mismo nombre ni el mismo hospedador. Mal rojo designa la enfermedad en el cerdo y en otros animales; erisipeloide, su versión humana. Para profundizar en conceptos relacionados con el erisipeloide, puede consultar:Qué es el erisipeloide
Primeras descripciones y origen del nombre
Cómo se adquiere la infección
Formas clínicas
Frecuencia y personas expuestas
Diferencias con la erisipela y la celulitis
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama erisipeloide si no es una erisipela?
¿Puede contraerse fuera del trabajo?
¿Se transmite de una persona a otra?
¿Es lo mismo que el mal rojo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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