DICCIONARIO MÉDICO
Erisipela
La erisipela es una infección bacteriana aguda de la dermis y los vasos linfáticos superficiales, causada en la mayoría de los casos por estreptococos betahemolíticos del grupo A (Streptococcus pyogenes). Se manifiesta como una placa roja, caliente, dolorosa y de bordes nítidamente elevados que la distinguen de otras infecciones cutáneas. Dentro de las infecciones cutáneas bacterianas, la erisipela se localiza en las capas más superficiales de la piel, con extensión al sistema linfático dérmico. Su rasgo clínico más reconocible es el borde neto y sobreelevado de la lesión: se percibe con claridad dónde termina la piel sana y dónde empieza la placa inflamada, algo que en la celulitis no ocurre, ya que allí los márgenes se difuminan hacia el tejido circundante. Etimológicamente, la palabra llega al castellano desde el latín erysipelas, tomado a su vez del griego ἐρυσίπελας (erysípelas). Existe debate entre los filólogos acerca de la composición exacta del vocablo: una corriente lo descompone en ἐρυθρός (erythrós), "rojo", y πέλας (pélas), "cerca" o "próximo", aludiendo a la rojez que se extiende por la piel de forma rápida. Otra interpretación relaciona el segundo elemento con πέλλα, "piel". Sea cual sea la lectura correcta, el término ya aparece en los escritos hipocráticos del siglo V a. C., donde se describe como un enrojecimiento superficial acompañado de fiebre. Las piernas son, con diferencia, la localización más frecuente y concentran cerca del 80 % de los casos en series europeas actuales. La cara ocupaba históricamente el primer lugar; en las primeras décadas del siglo XX, la erisipela facial era la forma predominante, pero desde mediados de ese siglo la distribución cambió sin que se conozca con certeza la razón. Para alcanzar la dermis, la bacteria necesita una solución de continuidad en la barrera cutánea. Pequeñas grietas, erosiones entre los dedos del pie (a menudo secundarias a micosis), heridas quirúrgicas, úlceras venosas o picaduras de insecto sirven como puerta de entrada. Varios factores predisponen a la infección: el linfedema crónico, la insuficiencia venosa, la obesidad y los antecedentes de un episodio previo. Precisamente, la tasa de recurrencia constituye uno de los problemas clínicos de esta entidad. Una vez que S. pyogenes coloniza la dermis, su avance se produce sobre todo por los vasos linfáticos superficiales, lo que explica dos rasgos distintivos: la rapidez con que se extiende la placa y la aparición de linfangitis satélite en forma de cordones rojos lineales. Las toxinas estreptocócicas (exotoxinas pirogénicas, estreptolisinas) inducen una respuesta inflamatoria intensa en la dermis con liberación de mediadores que provocan edema, rubor y calor local. Esa reacción tisular intensa es la responsable de que la placa se eleve por encima de la piel circundante. Esa misma afectación linfática explica la presencia frecuente de linfadenopatía regional dolorosa. Y algo más: que episodios repetidos de erisipela en la misma extremidad deterioren progresivamente el drenaje linfático, generando un círculo vicioso entre linfedema e infección recurrente. En la práctica clínica, la confusión entre erisipela y celulitis es frecuente. La clave reside en la profundidad y en los bordes. La erisipela se circunscribe a la dermis superficial y su placa presenta un margen bien delimitado, sobreelevado y palpable; la celulitis, en cambio, se extiende a la dermis profunda y al tejido subcutáneo, con límites mal definidos que se funden con la piel sana. Un dato útil: en la erisipela la superficie de la placa tiene un brillo tenso y, en ocasiones, aspecto anaranjado (textura de "piel de naranja"). Conviene no confundir tampoco la erisipela con el erisipeloide, una infección cutánea localizada causada por Erysipelothrix rhusiopathiae, bacteria Gram positiva que afecta habitualmente a manipuladores de pescado y carne cruda. El erisipeloide se presenta como una placa violácea en el dorso de la mano, de extensión lenta y sin afectación sistémica. Del griego ἐρυσίπελας (erysípelas), a través del latín. La interpretación etimológica más extendida la relaciona con ἐρυθρός, "rojo", y πέλας, "cerca", en referencia a la rapidez con que el enrojecimiento se extiende por la piel. El término se documenta ya en los textos hipocráticos, hace más de 2 400 años. No. Se distinguen por la profundidad y por el aspecto del borde de la lesión. La erisipela afecta la dermis superficial y sus bordes son nítidos, elevados y fácilmente palpables. La celulitis se asienta en capas más profundas y sus márgenes se difuminan sin una línea de demarcación clara. Sí, y con cierta frecuencia. Las recurrencias son habituales en pacientes con linfedema o insuficiencia venosa crónica en las piernas. Cada episodio agrava el daño linfático, lo que incrementa la probabilidad de nuevos brotes. Se estima que hasta un 30 % de los pacientes experimenta al menos una recaída. Depende del estado general del paciente. En la mayoría de las personas inmunocompetentes evoluciona favorablemente, pero en pacientes inmunodeprimidos, diabéticos o de edad avanzada puede complicarse con septicemia, fascitis necrotizante u otras complicaciones profundas que requieren atención hospitalaria urgente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la erisipela, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la erisipela
Localización habitual y puerta de entrada
Mecanismo de propagación linfática
Diferenciación con la celulitis y el erisipeloide
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra erisipela?
¿Es lo mismo erisipela que celulitis?
¿La erisipela puede repetirse?
¿Puede ser grave?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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