DICCIONARIO MÉDICO
Celulitis
La celulitis es una infección bacteriana aguda de la piel y el tejido celular subcutáneo. Está causada principalmente por estreptococos betahemolíticos del grupo A y por Staphylococcus aureus. Afecta con mayor frecuencia a las extremidades inferiores y se manifiesta como un área enrojecida, caliente y dolorosa de bordes mal definidos. En medicina, el término celulitis designa una infección difusa del tejido conectivo laxo situado bajo la piel, que se extiende a lo largo de los planos subcutáneos sin respetar compartimentos anatómicos definidos. No debe confundirse con la llamada «celulitis estética», una alteración del contorno cutáneo por protrusión del tejido adiposo en la dermis que, pese a compartir nombre, carece de componente infeccioso. La palabra procede del latín científico cellulitis, documentada por primera vez hacia 1832 en textos médicos anglófonos. Se formó a partir de cellula, diminutivo del latín cella («habitación pequeña, celdilla»), y el sufijo griego -itis (de -ῖτις), que en la nomenclatura médica moderna indica inflamación. Littré y Robin recogieron el término en la 12.ª edición de su Dictionnaire de Médecine en 1873, ya con el sentido de inflamación del tejido celular. El adjetivo «celular» aplicado al tejido conectivo laxo se remonta al anatomista suizo Albrecht von Haller, que en el siglo XVIII describió la tela cellulosa como la red de pequeñas cavidades o celdillas que constituye el estroma subcutáneo. Las bacterias responsables penetran a través de soluciones de continuidad en la barrera cutánea: heridas, abrasiones, úlceras, picaduras de insecto, intertrigo micótico o incluso fisuras tan imperceptibles como las del pie de atleta. Una vez en el tejido subcutáneo, la infección progresa con rapidez porque los estreptococos del grupo A producen enzimas (estreptocinasa, hialuronidasa, desoxirribonucleasas) que degradan la matriz extracelular e impiden que el organismo confine el foco. El resultado es un área de inflamación extensa, con bordes difuminados que la distinguen de la erisipela, infección más superficial de la dermis cuyos bordes están nítidamente sobreelevados. No siempre se identifica la puerta de entrada. En pacientes con linfedema o insuficiencia venosa crónica, la piel edematosa ofrece un terreno especialmente propicio para la colonización bacteriana, y la recurrencia es frecuente. Streptococcus pyogenes y Staphylococcus aureus causan la mayoría de los casos. La proporción de celulitis por S. aureus resistente a meticilina (SARM) ha crecido en las últimas décadas, sobre todo en infecciones adquiridas en la comunidad con componente purulento. En contextos específicos participan otros microorganismos: Pasteurella multocida tras mordedura de gato, Vibrio vulnificus cuando la herida contacta con agua de mar templada, Pseudomonas aeruginosa en pacientes neutropénicos o usuarios de bañeras de hidromasaje. Condiciones como la diabetes, la obesidad, el edema crónico de las extremidades (tanto de origen venoso como linfático), la inmunosupresión y la presencia de dermatosis previas incrementan el riesgo. La propia celulitis previa es uno de los factores predictivos más sólidos de nuevos episodios: el daño residual sobre el drenaje linfático genera un círculo que se autoalimenta. La erisipela comparte agente causal (estreptococos del grupo A) pero se limita a la dermis superficial y presenta un borde sobreelevado y bien delimitado, a menudo con aspecto de «piel de naranja» más marcado. Es un matiz relevante: la celulitis afecta planos más profundos y sus márgenes se desvanecen progresivamente hacia la piel sana. En el otro extremo del espectro se sitúa la fascitis necrosante: la infección alcanza la fascia profunda y provoca necrosis tisular rápida con compromiso vital. Dolor desproporcionado respecto a los hallazgos cutáneos visibles, crepitación a la palpación y deterioro sistémico acelerado son señales de alarma. La trombosis venosa profunda también puede simular una celulitis en la pierna, y la ecografía Doppler permite descartarla. La localización más habitual son las piernas, que concentran la mayoría de los episodios en adultos. En niños predomina la afectación facial. Existen formas topográficas con entidad propia, como la celulitis orbitaria, infección de los tejidos situados por detrás del tabique orbitario (septum orbitale) que puede comprometer la visión, y la celulitis preseptal (también llamada celulitis periorbitaria), restringida a los párpados y la piel circundante sin afectar el contenido orbitario. Otras variantes topográficas son la celulitis periamigdalina y la angina de Ludwig, formas cervicofaciales donde la infección compromete los espacios profundos del cuello, con riesgo de obstrucción de la vía aérea. Cada localización impone matices en el abordaje, pero el mecanismo fisiopatológico es el mismo: invasión bacteriana del tejido conectivo laxo con propagación difusa. Del latín cellula («celdilla pequeña»), que se aplicó al tejido conectivo laxo por su aspecto reticular de pequeñas cavidades, y el sufijo griego -itis («inflamación»). El término aparece en la literatura médica a partir de 1832 y se consolidó en los diccionarios franceses de medicina del último cuarto del siglo XIX. No. En el uso coloquial, «celulitis» suele referirse a la lipodistrofia ginecoide, una alteración del contorno de la piel por acumulación de grasa subcutánea que da aspecto de piel de naranja. Esa condición no tiene componente infeccioso ni inflamatorio bacteriano. La celulitis médica es una infección que requiere antibioterapia y que, sin ella, puede derivar en complicaciones graves. No se transmite de persona a persona por contacto directo. Las bacterias causantes (estreptococos, estafilococos) forman parte de la flora habitual de la piel y las mucosas; la infección se produce cuando encuentran una vía de entrada al tejido subcutáneo a través de una rotura cutánea, no por contagio interpersonal. Sí, y con frecuencia. Hasta un tercio de los pacientes sufre al menos un nuevo episodio. El edema residual, el daño linfático producido por el episodio previo y la persistencia de factores predisponentes (micosis interdigital, insuficiencia venosa, diabetes) contribuyen a la recurrencia. En pacientes con episodios repetidos, se puede valorar la profilaxis antibiótica a largo plazo. Si desea profundizar en conceptos asociados a la celulitis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la celulitis
Cómo se produce la infección
Microbiología y factores predisponentes
Diferenciación con otras infecciones cutáneas
Formas topográficas de la celulitis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «celulitis»?
¿Es lo mismo celulitis que celulitis estética?
¿La celulitis es contagiosa?
¿Puede repetirse?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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