DICCIONARIO MÉDICO
Epítopo
El epítopo —también denominado determinante antigénico— es la porción concreta de un antígeno que el sistema inmunitario reconoce y a la que se unen los anticuerpos o los receptores de los linfocitos T. Un mismo antígeno puede presentar varios epítopos distintos, cada uno capaz de desencadenar una respuesta inmunitaria independiente. Un epítopo es la región molecular de un antígeno que interacciona directamente con el sistema inmunitario adaptativo. Cuando una sustancia extraña —una proteína vírica, un polisacárido bacteriano, una toxina— entra en el organismo, los receptores de los linfocitos B y los de los linfocitos T no reconocen la molécula completa: se unen a zonas discretas de su superficie, los epítopos. La zona complementaria del anticuerpo que encaja con el epítopo recibe el nombre de paratopo. La palabra procede del griego ἐπί (epí), "sobre", y τόπος (tópos), "lugar": literalmente, "lo que está sobre un lugar" del antígeno. El término se acuñó en inglés en 1960 dentro de la nomenclatura inmunológica para distinguir las distintas superficies de una misma macromolécula antigénica reconocibles por anticuerpos diferentes. En español se emplea con tilde —epítopo— siguiendo las reglas de acentuación de las voces esdrújulas, aunque en textos de influencia anglófona no es raro encontrarlo sin ella. Una proteína de gran tamaño puede contener decenas de epítopos, y cada uno de ellos es reconocido por un anticuerpo distinto. La consecuencia práctica es que el sistema inmunitario no genera una respuesta única contra un patógeno, sino un repertorio de respuestas dirigidas a sus distintos determinantes antigénicos. Esa redundancia aumenta la eficacia de la defensa: si un epítopo muta, otros siguen siendo reconocidos. Epítopo y paratopo son las dos caras de una misma interacción. El epítopo pertenece al antígeno; el paratopo, al anticuerpo o al receptor del linfocito B. Funcionan por complementariedad espacial y de carga: la geometría tridimensional del paratopo encaja con la del epítopo de forma análoga a como una llave encaja en su cerradura, aunque la analogía es solo aproximada porque ambas superficies se deforman ligeramente al contactar (lo que se conoce como ajuste inducido). Los linfocitos T, por su parte, no reconocen el epítopo directamente sobre la molécula intacta. Necesitan que una célula presentadora de antígeno procese previamente la proteína, la fragmente en péptidos y exponga esos fragmentos acoplados a moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC). El epítopo que "ve" un linfocito T es, por tanto, un péptido lineal ya procesado, no la superficie tridimensional que reconoce el anticuerpo. La clasificación más habitual distingue dos grandes tipos. Los epítopos lineales (también llamados continuos o secuenciales) están formados por aminoácidos contiguos en la cadena polipeptídica. Su reconocimiento no depende del plegamiento tridimensional de la proteína: incluso cuando esta se desnaturaliza, el epítopo sigue siendo accesible. Son los que reconocen mayoritariamente los linfocitos T, porque el procesamiento intracelular del antígeno destruye la estructura terciaria y deja expuestos fragmentos lineales. Los epítopos conformacionales (discontinuos), en cambio, están constituidos por aminoácidos que ocupan posiciones alejadas en la secuencia primaria pero que quedan próximos en el espacio cuando la proteína se pliega en su configuración nativa. Son los que reconocen la mayoría de los anticuerpos en condiciones fisiológicas. Si la proteína se desnaturaliza, estos epítopos desaparecen porque sus aminoácidos constituyentes se dispersan. Este detalle tiene consecuencias prácticas directas: un anticuerpo generado frente a una proteína nativa puede no reconocerla en un Western blot convencional, donde la proteína se ha desnaturalizado con detergente. La identificación de epítopos inmunodominantes —aquellos que provocan la respuesta inmunitaria más potente— es uno de los pasos clave en el diseño racional de vacunas. En lugar de utilizar el patógeno completo (atenuado o inactivado), las llamadas vacunas epitópicas o de subunidad incorporan únicamente los fragmentos antigénicos capaces de inducir anticuerpos neutralizantes. Es el principio que subyace, por ejemplo, a las vacunas recombinantes frente a la hepatitis B, que emplean solo el antígeno de superficie del virus. En el ámbito de los anticuerpos monoclonales terapéuticos, el epítopo diana determina la eficacia y la especificidad del fármaco. Dos anticuerpos monoclonales dirigidos contra la misma proteína pero que reconocen epítopos diferentes pueden tener efectos clínicos muy distintos, porque la posición del epítopo condiciona si el anticuerpo bloquea una función, señaliza la destrucción de la célula que lo porta o interfiere en una interacción molecular concreta. El fenómeno de reactividad cruzada también depende del epítopo. Cuando dos antígenos de origen distinto comparten un epítopo estructuralmente similar, un mismo anticuerpo puede unirse a ambos. Esta circunstancia explica por qué ciertas infecciones generan anticuerpos que reaccionan con tejidos propios del organismo, un mecanismo implicado en algunas enfermedades autoinmunes. Del griego ἐπί (epí), "sobre", y τόπος (tópos), "lugar". Fue acuñada en inglés (epitope) en 1960, dentro de la terminología inmunológica, para designar cada una de las zonas de un antígeno reconocibles por anticuerpos distintos. En español se escribe con tilde: epítopo. No. Un antígeno es la molécula completa —una proteína, un polisacárido, una lipoproteína— que el sistema inmunitario reconoce como extraña. El epítopo es solo la porción concreta de ese antígeno a la que se une el anticuerpo o el receptor del linfocito. Un solo antígeno suele presentar múltiples epítopos distintos. El lineal está formado por aminoácidos consecutivos en la cadena y se mantiene accesible aunque la proteína pierda su estructura tridimensional. El conformacional depende del plegamiento nativo: sus aminoácidos están alejados en la secuencia primaria pero próximos en el espacio. Si la proteína se desnaturaliza, el epítopo conformacional desaparece. Generalmente no. Los anticuerpos reconocen epítopos sobre la superficie de la proteína intacta, a menudo conformacionales. Los linfocitos T, en cambio, reconocen péptidos lineales resultantes del procesamiento del antígeno, presentados sobre moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad en la superficie de células presentadoras. Si desea profundizar en conceptos asociados al epítopo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un epítopo
Diferencia entre epítopo y paratopo
Epítopos lineales y conformacionales
El epítopo en el diseño de vacunas y en los anticuerpos monoclonales
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «epítopo»?
¿Es lo mismo epítopo que antígeno?
¿Qué diferencia hay entre un epítopo lineal y uno conformacional?
¿Los linfocitos T reconocen los mismos epítopos que los anticuerpos?
Referencias
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