DICCIONARIO MÉDICO
Celulitis orbitaria
La celulitis orbitaria es una infección de los tejidos blandos contenidos en la órbita, por detrás del tabique orbitario (septum orbitale). Constituye una urgencia oftalmológica y puede derivar en pérdida de visión, trombosis del seno cavernoso o extensión intracraneal si no recibe atención inmediata. Se trata de una infección que compromete la grasa orbitaria, los músculos extraoculares y las estructuras vasculares y nerviosas alojadas en la cavidad ósea que rodea el globo ocular. La clave anatómica para entender esta entidad es el septum orbitale, una lámina de tejido conectivo que se extiende desde el reborde óseo de la órbita hacia los tarsos palpebrales. Todo lo que queda por detrás de esa barrera pertenece al espacio retroseptal, y es ahí donde se localiza la celulitis orbitaria propiamente dicha. El nombre combina el término celulitis, del latín científico cellulitis (inflamación del tejido celular, documentado desde 1832), con el adjetivo «orbitaria», derivado del latín orbita (surco o huella de la rueda, aplicado por analogía a la cavidad ocular). La distinción respecto a la celulitis preseptal, que se limita a los párpados y la piel periocular sin traspasar el septum, es clínica y pronósticamente decisiva. Conviene detenerse en el septum orbitale porque su integridad determina si una infección periocular permanece superficial o se convierte en una emergencia. Se trata de una membrana fibrosa, más delgada en el párpado inferior que en el superior, insertada en el periostio del reborde orbitario. Actúa como frontera entre el compartimento preseptal (párpado, piel, tejido subcutáneo facial) y el compartimento retroseptal (grasa orbitaria, músculos oculomotores, nervio óptico, vasos). Una celulitis que no atraviesa este tabique es preseptal: produce edema y eritema palpebrales, pero no afecta a la motilidad ocular ni a la agudeza visual. Cuando la infección lo traspasa, accede a un espacio ricamente vascularizado, con comunicación venosa directa hacia el seno cavernoso (que las venas oftálmicas drenan sin válvulas que impidan el flujo retrógrado). Esa particularidad anatómica explica la gravedad potencial de la celulitis orbitaria. La causa más frecuente es la extensión directa de una sinusitis, especialmente la etmoidal. El seno etmoidal comparte con la órbita una pared ósea muy delgada, la lámina papirácea, que en niños puede presentar dehiscencias naturales a través de las cuales las bacterias acceden al espacio retroseptal. Los agentes implicados en estos casos suelen ser Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus, Streptococcus pyogenes y, en menores no vacunados, Haemophilus influenzae tipo b (cuya incidencia se ha reducido drásticamente con la vacunación sistemática). Traumatismos penetrantes de la órbita, cuerpos extraños retenidos (los de material orgánico, como fragmentos de madera, son especialmente peligrosos), cirugía orbitaria o sinusal previa y, más raramente, diseminación hematógena desde un foco distante completan las vías de llegada. En pacientes inmunodeprimidos se han descrito celulitis orbitarias por hongos, con agentes como Mucor y Aspergillus. En 1970, el otorrinolaringólogo J. R. Chandler y sus colaboradores propusieron una escala de cinco estadios para las complicaciones orbitarias de la sinusitis, que sigue siendo la referencia habitual en la práctica clínica. El grupo I corresponde a la celulitis preseptal; el grupo II, a la celulitis orbitaria difusa (edema e inflamación del contenido orbitario sin absceso organizado); el grupo III, al absceso subperióstico, colección purulenta entre el periostio y la pared ósea orbitaria; el grupo IV, al absceso orbitario propiamente dicho; y el grupo V, a la trombosis del seno cavernoso, la complicación más temida. Es un modelo útil, aunque la progresión no siempre es lineal: un paciente puede presentarse directamente en un estadio avanzado, y la frontera entre el grupo II y el III no siempre resulta nítida en la imagen radiológica. La localización respecto al septum orbitale. La preseptal afecta al párpado y la piel periocular sin comprometer el contenido de la órbita; la motilidad del ojo se conserva y la visión no se altera. La celulitis orbitaria, en cambio, produce proptosis (desplazamiento anterior del globo), limitación dolorosa de los movimientos oculares y, en casos avanzados, deterioro de la agudeza visual. La presencia de cualquiera de estos signos obliga a descartar afectación orbitaria. Sí. Ambas formas de celulitis periocular predominan en la edad pediátrica. La preseptal es la más común y aparece sobre todo en menores de cinco años. La orbitaria tiene una distribución de edad más homogénea, pero sigue siendo más habitual en la infancia, con un pico entre los cinco y los doce años, coincidiendo con la mayor incidencia de sinusitis complicadas. Depende de la rapidez con la que se actúe. La compresión del nervio óptico por el aumento de presión dentro de la órbita, la trombosis de la arteria central de la retina o la extensión intracraneal pueden producir pérdida visual permanente. La atención en las primeras 24 a 48 horas marca una diferencia sustancial en el pronóstico. Estrictamente, no. Son entidades con vías patogénicas distintas. La preseptal suele originarse en infecciones o traumatismos superficiales de la piel palpebral, mientras que la orbitaria se produce sobre todo por extensión de una sinusitis a través de la lámina papirácea del etmoides. Que una celulitis preseptal progrese a orbitaria es un evento infrecuente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la celulitis orbitaria, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la celulitis orbitaria
El septum orbitale como barrera anatómica
Origen de la infección
La clasificación de Chandler
Preguntas frecuentes
¿Qué la distingue de la celulitis preseptal?
¿Es más frecuente en niños?
¿Puede causar ceguera?
¿Es la celulitis preseptal un paso previo a la orbitaria?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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