DICCIONARIO MÉDICO
Bota de Unna
La bota de Unna es un vendaje semirrígido impregnado en una pasta que contiene óxido de zinc, glicerina y gelatina, diseñado para ejercer compresión sostenida sobre la extremidad inferior. Se emplea sobre todo en el manejo de úlceras venosas crónicas y cuadros de dermatitis por estasis. Su nombre recuerda al dermatólogo alemán Paul Gerson Unna, que la introdujo en la práctica clínica a finales del siglo XIX. Se trata de un vendaje de gasa de algodón, habitualmente de unos diez centímetros de ancho, que viene impregnado de fábrica con una pasta medicada cuyo componente principal es el óxido de zinc. La mezcla suele incluir también gelatina, glicerina y, en algunas formulaciones, calamina o aceite de ricino. Al aplicarse sobre la pierna desde el pie hasta justo por debajo de la rodilla, la pasta se endurece parcialmente al contacto con el aire y genera una compresión no elástica que se mantiene de forma constante mientras el paciente camina o permanece de pie. El término proviene del apellido de Paul Gerson Unna (Hamburgo, 1850-1929), uno de los fundadores de la dermatopatología moderna. Unna estudió medicina en Heidelberg, interrumpió su formación para participar como voluntario en la guerra franco-prusiana de 1870 (resultó gravemente herido) y completó su doctorado en Estrasburgo en 1876 con una tesis sobre histología epidérmica. En 1884 abrió en Hamburgo el Dermatologikum, una clínica privada que se convirtió en centro de referencia europeo, y ese mismo año publicó su Histopathologie der Hautkrankheiten, obra que todavía se cita en dermatología. La pasta de zinc aplicada como vendaje compresivo fue una de sus múltiples contribuciones terapéuticas, junto con la introducción del ictiol y el resorcinol en 1886. En la insuficiencia venosa crónica, las válvulas de las venas de la pierna pierden competencia y la sangre refluye hacia los tejidos distales. Esa hipertensión venosa prolongada provoca extravasación de líquido, depósito de hemosiderina en la piel, inflamación crónica y, en último término, ulceración. La bota de Unna actúa sobre este mecanismo de dos maneras complementarias. Por un lado, la rigidez del vendaje genera una presión de trabajo alta durante la contracción muscular de la pantorrilla: al caminar, el músculo se expande contra una estructura que no cede, y esa resistencia impulsa la sangre venosa hacia arriba con mayor eficacia que una media elástica convencional. Por otro, la presión de reposo es baja, lo que permite al paciente tolerar el vendaje durante la noche sin comprometer la perfusión arterial. El óxido de zinc, además, aporta un efecto antiinflamatorio local y contribuye a mantener un microambiente húmedo sobre la herida, condición que favorece la migración de queratinocitos y la formación de tejido de granulación. La formulación clásica descrita por Unna combinaba óxido de zinc con gelatina y glicerina en proporciones variables. Las preparaciones actuales mantienen esa base, aunque algunos fabricantes añaden calamina para potenciar el efecto calmante sobre la piel periulceral, o sustituyen la glicerina por vaselina blanca para mejorar la adherencia en pieles muy secas. También existen versiones que incorporan acacia como agente espesante. En la práctica hospitalaria, la bota se aplica en espiral desde la base de los dedos hasta el hueco poplíteo, sin tensión excesiva, y se cubre con un vendaje elástico de contención exterior. El conjunto se mantiene entre cinco y siete días antes de retirarse para inspeccionar la úlcera y renovar el apósito. Es un dato que merece atención: a diferencia de los sistemas multicapa elásticos, la bota de Unna no requiere que el profesional calcule porcentajes de estiramiento ni superposiciones concretas, lo que simplifica su colocación en entornos con recursos limitados. La indicación más consolidada es la úlcera venosa de la extremidad inferior, es decir, la lesión cutánea que aparece como consecuencia de la estasis venosa mantenida. Estas úlceras representan entre el 70 % y el 80 % de todas las úlceras de pierna y afectan con mayor frecuencia a mujeres a partir de la sexta década de la vida. La terapia compresiva es el pilar del abordaje, y la bota de Unna constituye una de las opciones no elásticas con mayor trayectoria de uso. También se utiliza en la dermatoesclerosis lipoesclerótica, en el linfedema leve de la pierna y, ocasionalmente, como soporte posquirúrgico tras intervenciones sobre el sistema venoso superficial. Conviene recordar que no debe aplicarse cuando existe sospecha de compromiso arterial significativo: un índice tobillo-brazo inferior a 0,8 obliga a descartar enfermedad arterial periférica antes de colocar cualquier sistema compresivo. La bota de Unna pertenece al grupo de vendajes de compresión no elástica (también llamada inelástica), y ahí reside su principal diferencia con las medias de compresión graduada y con los sistemas multicapa elásticos. Mientras que una media elástica ejerce presión continua tanto en reposo como en actividad, el vendaje de Unna apenas comprime cuando el paciente descansa y alcanza su máxima eficacia durante la deambulación. Esta propiedad lo hace especialmente útil en pacientes ambulatorios con úlceras activas. Frente al apósito compresivo convencional, que suele consistir en una venda elástica aplicada sobre un apósito de contacto, la bota de Unna añade el componente farmacológico de la pasta de zinc y genera una contención más rígida. Los sistemas multicapa de cuatro componentes (como el Profore) combinan capas elásticas e inelásticas y alcanzan niveles de compresión más altos, pero requieren mayor entrenamiento para su colocación correcta. El nombre responde a su aspecto una vez colocada: la pasta de zinc se endurece parcialmente y forma una estructura que recuerda a una bota rígida alrededor de la pierna. No se trata de calzado ortopédico ni de un dispositivo prefabricado, sino de un vendaje que, al fraguar, adquiere consistencia semisólida. No. La diferencia principal está en la pasta medicada y en el tipo de compresión que genera. Un vendaje elástico estándar ejerce presión constante; la bota de Unna, al ser inelástica, solo comprime de forma eficaz durante la contracción muscular. Eso implica una presión de trabajo alta y una presión de reposo baja, un perfil hemodinámico distinto. Habitualmente se cambia cada cinco a siete días. Durante ese periodo, el paciente puede caminar con ella puesta y realizar sus actividades cotidianas, pero debe mantener el vendaje seco. Si aparece dolor intenso, mal olor o aumento del exudado, conviene adelantar la revisión. Un dermatólogo hamburqués nacido en 1850 que transformó la dermatología de su época. Fundó el Dermatologikum de Hamburgo, describió por primera vez el estrato granuloso de la epidermis, acuñó el término acanthosis nigricans en 1889 y colaboró estrechamente con el farmacéutico Paul Beiersdorf en el desarrollo de preparados tópicos. Falleció en 1929 en la misma ciudad donde había nacido. Sí. A pesar de que han aparecido sistemas multicapa más sofisticados, la bota de Unna sigue presente en guías clínicas internacionales como opción de compresión no elástica para úlceras venosas. Su bajo coste, su facilidad de aplicación y la larga experiencia acumulada la mantienen vigente, sobre todo en entornos donde los recursos materiales son limitados. Si desea profundizar en conceptos asociados a la bota de Unna, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la bota de Unna
Mecanismo de acción de la compresión no elástica
Composición y variantes comerciales
Indicaciones principales y contexto clínico
Diferenciación con otros sistemas compresivos
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama «bota» si es un vendaje?
¿Es lo mismo la bota de Unna que un vendaje compresivo cualquiera?
¿Cuánto tiempo se mantiene colocada la bota de Unna?
¿Quién fue Paul Gerson Unna?
¿Se sigue utilizando hoy la bota de Unna?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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