DICCIONARIO MÉDICO
Betabloqueadores
Los betabloqueadores (o betabloqueantes) son un grupo de fármacos cuya acción consiste en bloquear los receptores beta-adrenérgicos, proteínas de membrana a las que se unen la adrenalina y la noradrenalina para estimular el corazón y los vasos sanguíneos. Al impedir esa unión, reducen la frecuencia cardíaca, la fuerza de contracción del miocardio y la presión arterial. En términos farmacológicos, los betabloqueadores son antagonistas de los receptores adrenérgicos de tipo beta. Estos receptores forman parte del sistema nervioso autónomo y median buena parte de las respuestas del organismo frente al estrés, el ejercicio o la percepción de peligro. Cuando las catecolaminas (adrenalina, noradrenalina) se unen a un receptor beta en el corazón, aumentan la frecuencia del latido, la velocidad de conducción eléctrica y la fuerza con la que se contrae el músculo cardíaco. Un betabloqueador ocupa ese mismo receptor sin activarlo, impidiendo que las catecolaminas ejerzan su efecto. El nombre del grupo es compuesto: «beta» alude al tipo de receptor adrenérgico descrito por Raymond Ahlquist en 1948, y «bloqueador» traduce la acción farmacológica de bloqueo competitivo. Ahlquist fue el primero en demostrar experimentalmente que las respuestas adrenérgicas no eran uniformes, sino que podían dividirse en dos familias (alfa y beta) en función del órgano y del fármaco utilizado. Esa distinción, inicialmente recibida con escepticismo por la comunidad científica, se convirtió en la base de toda la farmacología adrenérgica moderna. Existen al menos tres subtipos de receptores beta-adrenérgicos, y su distribución en el organismo explica tanto los efectos terapéuticos como los no deseados de estos fármacos. Los receptores beta-1 predominan en el miocardio: su estimulación acelera el ritmo cardíaco y aumenta la contractilidad. Los receptores beta-2 se concentran en el músculo liso bronquial y vascular, donde su activación provoca relajación (broncodilatación, vasodilatación). Bloquear los beta-2 puede estrechar los bronquios, lo que explica la precaución necesaria en personas con patología respiratoria. Se ha identificado también un receptor beta-3, presente sobre todo en el tejido adiposo, relacionado con la lipólisis y la termogénesis. Su relevancia clínica en el contexto de los betabloqueadores es menor, aunque ha suscitado interés en investigación metabólica. Los betabloqueadores se clasifican habitualmente en función de su afinidad relativa por los distintos subtipos de receptor. Los denominados cardioselectivos tienen una afinidad preferente por los receptores beta-1 del corazón: a dosis habituales, su efecto sobre los receptores beta-2 bronquiales y vasculares es menor (la selectividad, conviene recordarlo, nunca es absoluta y se pierde al aumentar la dosis). Los no selectivos bloquean tanto beta-1 como beta-2, con una acción más amplia pero también con un mayor riesgo de broncoespasmo. Una clasificación complementaria los ordena por generaciones. La primera generación corresponde a los no selectivos. La segunda agrupa a los cardioselectivos. La tercera generación incluye compuestos que, además de bloquear receptores beta, poseen propiedades vasodilatadoras por mecanismos adicionales: bloqueo de receptores alfa-1, liberación de óxido nítrico o actividad simpaticomimética intrínseca parcial. Estos fármacos de tercera generación han ampliado las posibilidades terapéuticas del grupo, particularmente en la insuficiencia cardíaca. Sir James Whyte Black (1924-2010), farmacólogo escocés formado en la Universidad de St Andrews, partió de una observación clínica concreta: la angina de pecho se produce cuando el corazón demanda más oxígeno del que las coronarias pueden suministrar. Si se lograba reducir esa demanda bloqueando la acción de la adrenalina sobre el corazón, cabría aliviar el dolor sin necesidad de actuar directamente sobre las arterias. En los laboratorios de ICI Pharmaceuticals, entre 1958 y 1964, Black sintetizó primero el pronethalol (retirado por toxicidad) y después el propranolol, el primer betabloqueador de uso clínico generalizado. El propranolol se patentó en 1962 y se aprobó para uso médico en 1964. Su llegada supuso, según se ha descrito con frecuencia, el avance más significativo en el abordaje de las enfermedades cardíacas desde el descubrimiento de la digital en el siglo XVIII. Black recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1988, compartido con Gertrude Elion y George Hitchings, por sus contribuciones al diseño racional de fármacos. Al ocupar los receptores beta-1 cardíacos, los betabloqueadores producen varios efectos simultáneos: disminuyen la frecuencia del latido (efecto cronotrópico negativo), reducen la fuerza de contracción (efecto inotrópico negativo) y enlentecen la conducción eléctrica a través del nodo auriculoventricular (efecto dromotrópico negativo). Todo ello se traduce en un menor consumo de oxígeno por parte del miocardio y en un descenso de la presión arterial. Fuera del corazón, el bloqueo de receptores beta en el aparato yuxtaglomerular del riñón disminuye la secreción de renina, lo que a su vez reduce la producción de angiotensina II y, secundariamente, de aldosterona. Este mecanismo contribuye al efecto antihipertensivo del grupo. En el ojo, el bloqueo de receptores beta-2 del cuerpo ciliar disminuye la producción de humor acuoso, un principio que se aprovecha en el abordaje del glaucoma mediante formulaciones tópicas. De la unión de «beta» (el tipo de receptor adrenérgico que bloquean, clasificado así por Raymond Ahlquist en 1948) y «bloqueador» (porque impiden la unión de la adrenalina al receptor). En español se emplean indistintamente las formas «betabloqueador» y «betabloqueante»; ambas son correctas. Sí, en la práctica clínica habitual se usan como sinónimos. Se dice cardioselectivo porque la selectividad se refiere a los receptores beta-1, que predominan en el corazón. Conviene tener presente que esa selectividad es relativa y depende de la dosis. Sí. Es una consecuencia directa de su mecanismo: al reducir la estimulación adrenérgica del nodo sinusal, la frecuencia del latido puede descender por debajo de los valores normales. Esa bradicardia suele ser leve y bien tolerada, pero en ciertos contextos clínicos constituye una contraindicación para el uso de estos fármacos. Los betabloqueadores actúan específicamente sobre la rama del sistema nervioso simpático que utiliza receptores beta. No bloquean toda la actividad simpática (los receptores alfa siguen respondiendo con normalidad), sino solo las respuestas mediadas por la vía beta-adrenérgica. Si desea profundizar en conceptos asociados a los betabloqueadores, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué son los betabloqueadores
Receptores beta-1, beta-2 y beta-3
Clasificación por selectividad y generación
De la angina de pecho al Nobel de Medicina: James Black
Mecanismo de acción sobre el corazón y los vasos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «betabloqueador»?
¿Son lo mismo «cardioselectivo» y «selectivo»?
¿Pueden los betabloqueadores provocar bradicardia?
¿Qué relación tienen con el sistema nervioso simpático?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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