DICCIONARIO MÉDICO
Antiprurítico
Un antiprurítico es cualquier sustancia o procedimiento capaz de aliviar o suprimir el prurito, la sensación cutánea que desencadena el deseo de rascarse. El término abarca desde preparados de aplicación tópica hasta compuestos de acción sistémica, y cubre mecanismos farmacológicos muy distintos entre sí. La palabra se construye con el prefijo griego ἀντί (antí, "contra") y el adjetivo prurítico, derivado del latín prurītus, participio de prurīre, que significaba "picar, sentir comezón". El verbo latino ya aparece en textos médicos romanos, incluido Celso, para describir la sensación que acompaña a diversas afecciones cutáneas. El uso del compuesto antiprurítico en la literatura médica se consolidó en la segunda mitad del siglo XIX, en paralelo a la identificación de los primeros agentes capaces de calmar el picor sin limitarse a la analgesia general. Conviene distinguir este término de antihistamínico. Todo antihistamínico con acceso cutáneo actúa como antiprurítico cuando la histamina es la causa del picor, pero no todos los antipruríticos son antihistamínicos. El prurito puede estar mediado por otros mecanismos (serotonina, proteasas, neuropéptidos, citocinas, opioides endógenos), y frente a ellos se emplean agentes de familias farmacológicas diferentes. El paraguas que los reúne es, precisamente, el concepto de antiprurítico: la diana no es un receptor concreto, sino un síntoma. Para entender el alcance de los antipruríticos es necesario situar el prurito en su contexto fisiológico. Durante décadas se consideró una forma atenuada de dolor, pero desde finales del siglo XX se ha establecido que el picor dispone de fibras nerviosas propias (fibras C pruriceptivas) y de una vía espinal diferenciada. Los nociceptores que transmiten dolor y los pruriceptores comparten tramos del recorrido nervioso, lo cual explica que el rascado alivie momentáneamente el picor al activar la señal dolorosa sobre la misma área, pero son poblaciones neuronales distintas. Esa separación tiene consecuencias prácticas. Un analgésico convencional puede no aliviar el prurito, y ciertos opioides incluso lo empeoran (el picor inducido por morfina es un fenómeno bien conocido en la práctica clínica). Los antipruríticos, en cambio, actúan sobre la vía pruriceptiva o sobre los mediadores que la activan en la periferia. Los antipruríticos pueden agruparse, de manera esquemática, en función del nivel en el que interrumpen la señal de picor. Los que bloquean la liberación o la acción de mediadores periféricos (histamina, serotonina, proteasas) forman el grupo más numeroso; la familia de los antihistamínicos es su representante más conocido. Existe un segundo grupo que actúa sobre la propia fibra nerviosa, reduciendo su excitabilidad: los anestésicos locales tópicos y algunos compuestos que modulan los canales iónicos de la membrana neuronal pertenecen a esta categoría. Un tercer mecanismo opera a nivel central, modificando la percepción del picor en la médula espinal o en el cerebro; agentes de este tipo se reservan para formas de prurito resistentes al abordaje periférico. A estos se añaden los emolientes y los preparados barrera, que, sin ser fármacos en sentido estricto, ejercen un efecto antiprurítico indirecto al restaurar la función de barrera de la epidermis y reducir la sequedad cutánea, una de las causas más frecuentes de picor crónico en personas de edad avanzada. Del griego ἀντί (antí, "contra") y el latín prurītus ("picazón"), derivado de prurīre ("picar"). El verbo latino se empleaba ya en la medicina romana clásica para describir la sensación de comezón cutánea. No. Los antihistamínicos son una de las familias de antipruríticos, eficaces cuando el picor está mediado por histamina (como en la urticaria). Pero muchas formas de prurito dependen de mediadores distintos a la histamina, y frente a ellas se emplean antipruríticos de otros mecanismos. Comparten parte de la vía nerviosa, pero se trata de señales diferentes. Desde la década de 1990 se sabe que el prurito tiene fibras aferentes propias, distintas de las del dolor. Esa diferencia explica por qué un analgésico puede no calmar el picor y por qué ciertos opioides incluso lo provocan. Sí. La sequedad cutánea (xerosis) es una de las causas más comunes de picor, sobre todo en personas mayores. La pérdida de lípidos en la capa córnea activa los pruriceptores epidérmicos sin necesidad de que exista una dermatosis subyacente. En estos casos, la hidratación de la piel actúa como el antiprurítico más sencillo y eficaz. Si desea profundizar en conceptos asociados a los agentes antipruríticos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antiprurítico
El prurito como señal sensorial
Categorías según el mecanismo de acción
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra antiprurítico?
¿Un antiprurítico es lo mismo que un antihistamínico?
¿El prurito y el dolor son la misma sensación?
¿La piel seca puede causar prurito sin enfermedad cutánea?
Referencias
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