DICCIONARIO MÉDICO

Antihistamínico

Un antihistamínico es un fármaco que actúa bloqueando los receptores de la histamina, una molécula implicada en las reacciones alérgicas, la inflamación local y diversas funciones del sistema nervioso. El término se aplica en sentido estricto a los antagonistas del receptor H1, que son los empleados con mayor frecuencia en la práctica clínica frente a cuadros alérgicos como la rinitis, la urticaria o el angioedema.

Qué es un antihistamínico

Un antihistamínico es, en su acepción farmacológica, cualquier sustancia capaz de antagonizar los efectos de la histamina al competir con ella por la unión a sus receptores celulares. La Real Academia Española lo define como aquello «que limita la producción de histamina y sus efectos», si bien desde el punto de vista farmacológico es más preciso hablar de bloqueo del receptor que de inhibición de la producción. La histamina sigue fabricándose y almacenándose en mastocitos y basófilos; lo que el fármaco impide es que esa histamina liberada encuentre un receptor libre sobre el que actuar.

La palabra procede del prefijo griego ἀντί (antí, «contra») y del sustantivo histamina, acuñado a principios del siglo XX a partir de ἱστός (histós, «tejido») y amina, porque la sustancia fue aislada inicialmente de tejidos animales. En español, la primera documentación lexicográfica del adjetivo aparece en el Diccionario de Cardenal de 1952, si bien el concepto circulaba ya en la literatura farmacológica desde la década de 1940.

Del laboratorio al uso clínico: Bovet, Staub y la primera generación

El camino hacia los antihistamínicos comenzó en 1910, cuando Henry Dale y Patrick Laidlaw demostraron que la histamina provocaba contracción del músculo liso, vasodilatación y caída de la presión arterial en animales de experimentación. Nadie supo bloquearlos durante casi tres décadas.

Fue en el Instituto Pasteur de París donde Daniel Bovet y Anne-Marie Staub describieron en 1937 el primer compuesto con actividad antihistamínica demostrable: una etilendiamina sustituida (el compuesto 929 F) que protegía a cobayos frente a dosis letales de histamina. El compuesto resultaba demasiado tóxico para el ser humano, pero abría una línea de investigación que produciría resultados clínicos en pocos años. En 1942 Bernard Halpern ensayó en pacientes el Antergan, primer fármaco antihistamínico administrado a personas, y dos años después el propio Bovet obtuvo el maleato de pirilamina (Neoantergan), considerablemente más selectivo. Bovet recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1957 por sus trabajos sobre compuestos sintéticos capaces de inhibir la acción de determinadas sustancias corporales.

Aquella primera generación de fármacos era eficaz frente a los cuadros alérgicos, pero atravesaba con facilidad la barrera hematoencefálica y producía somnolencia, un efecto que durante años limitó su empleo ambulatorio. La necesidad de conservar la eficacia sin la sedación impulsó el desarrollo, a partir de finales de la década de 1970, de una segunda generación con menor penetración en el sistema nervioso central.

Mecanismo de acción a nivel del receptor H1

La histamina ejerce sus efectos a través de cuatro tipos de receptores (H1, H2, H3 y H4), cada uno con distribución tisular y funciones propias. Los receptores H1 se encuentran sobre todo en el endotelio vascular, la musculatura lisa bronquial, las terminaciones nerviosas sensitivas de la piel y la mucosa nasal. Cuando la histamina liberada por mastocitos o basófilos se une a ellos, desencadena vasodilatación local, aumento de la permeabilidad capilar, contracción del músculo liso bronquial y estimulación de las fibras nerviosas que transmiten la sensación de picor.

El antihistamínico H1 se une al mismo receptor antes o después de que lo haga la histamina y lo estabiliza en su conformación inactiva. No destruye la histamina circulante ni impide su liberación. El mecanismo es más sutil: ocupa el sitio de unión e impide que la molécula ejerza su efecto. Esta ocupación competitiva explica por qué la eficacia del fármaco depende de la proporción entre la cantidad de antihistamínico y la de histamina presente en los tejidos: cuando la liberación de histamina es masiva (como en una reacción anafiláctica), el bloqueo del receptor resulta insuficiente por sí solo.

Primera y segunda generación de antagonistas H1

Los antagonistas H1 se dividen convencionalmente en dos generaciones. Los de primera generación, disponibles desde la década de 1940, son moléculas lipófilas que cruzan la barrera hematoencefálica con relativa facilidad. Su unión a receptores H1 centrales produce somnolencia, y muchos de ellos bloquean además receptores colinérgicos muscarínicos, lo que añade sequedad bucal, visión borrosa o retención urinaria al perfil de efectos no deseados. Esa misma capacidad sedante los hizo útiles, paradójicamente, como componentes de preparados contra el mareo por movimiento o como inductores leves del sueño (un uso secundario que persiste en algunos preparados de venta libre).

A finales de los años setenta y durante la década de 1980 se introdujeron los antagonistas H1 de segunda generación, diseñados para actuar preferentemente sobre los receptores periféricos sin penetrar de forma relevante en el sistema nervioso central. El resultado fue un perfil con mucha menor sedación y menos interacciones con el receptor anticolinérgico, lo que facilitó su uso continuado en pacientes que necesitaban mantener la concentración o conducir vehículos. La mayoría de estos compuestos se administran en una sola toma diaria, frente a las varias tomas que exigían los de primera generación.

Diferenciación con los antagonistas del receptor H2

Conviene no confundir los antihistamínicos H1 con los antagonistas del receptor H2. Estos últimos actúan sobre un receptor distinto, localizado principalmente en las células parietales del estómago, y su función es reducir la secreción de ácido clorhídrico. No intervienen en las reacciones alérgicas y pertenecen a un grupo terapéutico diferente. Cuando en el lenguaje corriente se dice «un antihistamínico», casi siempre se está hablando de un antagonista H1.

Existen también receptores H3 (con funciones de autorregulación en el sistema nervioso central) y H4 (implicados en la quimiotaxis de células inflamatorias), pero los fármacos dirigidos contra ellos se encuentran aún en fases tempranas de desarrollo o tienen aplicaciones muy restringidas.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra antihistamínico?

Del griego ἀντί (antí, «contra») y del término histamina, que a su vez deriva de ἱστός (histós, «tejido»). Literalmente, «contra la histamina del tejido». El nombre se acuñó en la literatura farmacológica anglosajona en la década de 1930 y llegó al español médico durante los años cuarenta.

¿Un antihistamínico elimina la histamina del organismo?

No. El fármaco no destruye la histamina ni impide que los mastocitos la fabriquen. Lo que hace es bloquear el receptor sobre el que la histamina necesita actuar para producir sus efectos, de modo que la molécula queda libre en el espacio extracelular pero sin capacidad de provocar la respuesta alérgica. La degradación posterior de esa histamina corre a cargo de enzimas propias del organismo.

¿Son lo mismo un antihistamínico y un antialérgico?

Depende del contexto. En el habla coloquial ambos términos se usan como sinónimos, pero en farmacología no son equivalentes. Los antihistamínicos constituyen un grupo concreto de fármacos que bloquean los receptores H1 de la histamina; los antialérgicos abarcan un espectro más amplio que incluye, entre otros, estabilizadores de mastocitos, corticoides tópicos o inmunoterapia específica. Todo antihistamínico H1 es un antialérgico, pero no todo antialérgico es un antihistamínico.

¿Por qué algunos antihistamínicos producen somnolencia y otros no?

La diferencia radica en la capacidad de la molécula para cruzar la barrera hematoencefálica. Los de primera generación son lipófilos y penetran con facilidad en el sistema nervioso central, donde bloquean receptores H1 que participan en la regulación de la vigilia. Los de segunda generación se diseñaron con menor liposolubilidad precisamente para evitar ese paso, de modo que actúan sobre los receptores periféricos sin afectar de forma apreciable al nivel de alerta. En la práctica, la ausencia total de sedación no puede garantizarse en todos los pacientes, pero la probabilidad es considerablemente menor con los compuestos más recientes.

Referencias

  1. MedlinePlus, Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Antihistamínicos para las alergias.
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Generalidades sobre los trastornos alérgicos y atópicos.
  3. Fundación BBVA y Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Los antihistamínicos. En: Libro de las enfermedades alérgicas.
  4. Real Academia Española. Antihistamínico. Diccionario de la lengua española, 23.ª edición.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al término antihistamínico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Histamina: molécula producida por mastocitos y basófilos, mediadora de las reacciones alérgicas e inflamatorias.
  • Antagonista de los receptores H2: fármaco que bloquea el receptor H2 de la histamina, localizado en las células parietales gástricas.
  • Alergia: respuesta inmunitaria exagerada frente a sustancias habitualmente inocuas.
  • Mastocito: célula del tejido conectivo que almacena y libera histamina y otros mediadores inflamatorios.
  • Urticaria: erupción cutánea pruriginosa de origen alérgico o no alérgico, mediada en gran parte por la histamina.
  • Rinitis: inflamación de la mucosa nasal, frecuentemente de causa alérgica.
  • Alérgeno: sustancia capaz de desencadenar una respuesta alérgica en individuos sensibilizados.
  • Anticolinérgico: fármaco que bloquea los receptores de acetilcolina; efecto secundario frecuente de los antihistamínicos de primera generación.
  • Prurito: sensación cutánea que induce el deseo de rascarse, mediada en parte por la histamina.

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