DICCIONARIO MÉDICO
Almidón
El almidón es el polisacárido de reserva energética de la mayoría de los vegetales, compuesto exclusivamente por unidades de glucosa. Su molécula resulta de la mezcla de dos polímeros distintos: la amilosa (lineal, ≈20-25%) y la amilopectina (ramificada, ≈75-80%). Constituye la principal fuente dietética de hidratos de carbono complejos en la alimentación humana, presente en cereales, tubérculos, legumbres y, en menor cantidad, en algunas frutas y verduras. La digestión del almidón comienza en la boca con la α-amilasa salival y termina en el intestino delgado con la liberación de glucosa libre, que se absorbe y entra en el metabolismo energético. El almidón es un polisacárido vegetal que las plantas sintetizan a partir de la glucosa producida en la fotosíntesis y almacenan como reserva energética en gránulos compactos. La glucosa es la única unidad monomérica del polímero: el almidón no contiene otros azúcares en su estructura, a diferencia de otros polisacáridos vegetales heterogéneos como las hemicelulosas o las pectinas. Lo que cambia entre las dos formas del almidón es la manera en que las moléculas de glucosa se enlazan entre sí, lo que determina propiedades físicas, comportamiento digestivo y aplicaciones tecnológicas muy distintas. Pese a su apariencia, el término "almidón" no procede del árabe. La partícula inicial "al-" induce con frecuencia a esa confusión —existen muchas palabras españolas con "al-" de origen árabe, como aljibe, alcázar o albóndiga—, pero almidón pertenece al grupo de las que no lo son. Procede directamente del latín amylum, a su vez del griego ἄμυλος (ámylos), "que no se muele", referido al pan o la harina obtenidos sin molienda mecánica. La primera documentación en español de la palabra está fechada en 1488, en textos médicos y culinarios del castellano antiguo. La raíz indoeuropea subyacente es mel-, "moler" o "refinar", la misma que aparece en el verbo latino molere y en el español "moler", "molino", "molienda". El almidón está formado por dos polisacáridos distintos, ambos polímeros de glucosa pero con arquitecturas moleculares muy diferentes. La amilosa representa típicamente entre el 20% y el 25% del almidón nativo y es esencialmente lineal: una cadena de varios cientos a varios miles de moléculas de α-D-glucopiranosa unidas por enlaces α-(1→4)-O-glucosídicos. En disolución acuosa, esta cadena no permanece extendida sino que adopta una disposición helicoidal con seis monómeros por cada vuelta de hélice, configuración que la hace relativamente compacta y le permite albergar moléculas pequeñas en su interior, propiedad que sustenta la conocida reacción con el yodo. La amilopectina, mucho más abundante (75-80% del almidón), tiene una estructura ramificada. Su esqueleto está formado por las mismas cadenas lineales α-(1→4) que la amilosa, pero a esas cadenas se enganchan ramificaciones laterales unidas mediante enlaces α-(1→6), localizadas cada 24-30 unidades de glucosa. El resultado es una molécula con forma de árbol y peso molecular extraordinariamente elevado: las fracciones mayoritarias pueden alcanzar 200 millones de daltons, uno de los pesos moleculares más altos conocidos en la biología. Esta arquitectura ramificada confiere a la amilopectina una mayor solubilidad en agua, una accesibilidad enzimática más rápida (cada extremo no reductor de cada rama es un punto de ataque potencial para la amilasa) y, en consecuencia, un índice glucémico más alto cuando predomina en un alimento. La proporción amilosa:amilopectina no es fija. Varía entre fuentes vegetales y, dentro de una misma fuente, entre variedades. Los almidones "céreos" (waxy maize, waxy rice), por ejemplo, son casi exclusivamente amilopectina y se utilizan ampliamente en la industria alimentaria y en formulaciones de nutrición enteral por su rápida absorción. Los almidones de alta amilosa, en el extremo opuesto, contienen hasta un 70% de amilosa y se digieren más lentamente, con un comportamiento glucémico más parecido al de la fibra dietética. En la célula vegetal, el almidón no se encuentra disuelto sino organizado en gránulos compactos de tamaño y morfología característicos según la especie. Estos gránulos se localizan principalmente en dos compartimentos: los cloroplastos de las hojas verdes, donde almacenan transitoriamente el almidón sintetizado durante el día por la fotosíntesis, y los amiloplastos —plastos especializados sin clorofila— en las semillas, tubérculos y raíces, donde el almidón se acumula como reserva energética a largo plazo. Los granos de almidón de patata, trigo, maíz o arroz tienen morfologías reconocibles bajo el microscopio: ovoides, poligonales, lenticulares, según el origen. Cada gránulo presenta una alternancia de regiones cristalinas y amorfas. La cristalinidad procede del ordenamiento helicoidal de las ramificaciones cortas de la amilopectina, organizadas en haces paralelos; las regiones amorfas corresponden a los puntos de ramificación y a las cadenas de amilosa desordenadas. Esta organización radial y ordenada produce, bajo microscopio de luz polarizada, una característica cruz de polarización (cruz de Maltese o cruz blanca sobre fondo negro) centrada en el "hilum", el punto inicial de crecimiento del gránulo. La observación del patrón cristalino permite identificar el origen botánico de un almidón en aplicaciones forenses y de control de calidad alimentaria. La digestión del almidón comienza en la cavidad oral. La α-amilasa salival (AMY1), secretada por las glándulas parótida, submandibular y sublingual, hidroliza los enlaces α-(1→4) internos del almidón y empieza a romper las cadenas en fragmentos más cortos. Su actividad continúa durante los primeros minutos en el estómago, hasta que el pH ácido del jugo gástrico la inactiva. La digestión propiamente dicha tiene lugar en el duodeno, donde la α-amilasa pancreática (AMY2), de actividad mucho más intensa, hidroliza los enlaces α-(1→4) en cadenas más cortas, liberando maltotriosa, maltosa, dextrinas límite (fragmentos ramificados que contienen los enlaces α-(1→6) que la amilasa no puede romper) y oligosacáridos cortos. El paso final corre a cargo de las disacaridasas del borde en cepillo del enterocito en el intestino delgado: el complejo maltasa-glucoamilasa rompe la maltosa y las maltodextrinas en glucosa, y la isomaltasa (parte del complejo sacarasa-isomaltasa) hidroliza los enlaces α-(1→6) de las dextrinas límite. La glucosa resultante se absorbe activamente por el cotransportador SGLT1 (que aprovecha el gradiente de sodio) y, en menor medida, por GLUT2, alcanzando el torrente sanguíneo. Por cada molécula de almidón completamente hidrolizada se liberan tantas moléculas de glucosa como unidades contenía el polímero original. La velocidad y la magnitud de la respuesta glucémica posprandial dependen de la proporción amilosa/amilopectina del almidón consumido, del procesado térmico del alimento (cocción, horneado), del tamaño de las partículas, de la presencia simultánea de fibra, grasa o proteínas, y de factores individuales. El índice glucémico (IG), introducido por Jenkins en 1981, cuantifica esa respuesta sobre una escala comparativa: la glucosa pura tiene IG 100 y los alimentos se clasifican en función de cuánto se acercan a ese valor. No todo el almidón ingerido se digiere y absorbe en el intestino delgado. Una fracción variable, conocida como almidón resistente (AR), escapa a la hidrólisis enzimática y llega intacta al colon, donde la microbiota intestinal la fermenta produciendo ácidos grasos de cadena corta —acetato, propionato y butirato—. Funcionalmente, el almidón resistente se comporta como fibra dietética aunque químicamente sea almidón. Se distinguen varios tipos. El AR tipo 1 es almidón físicamente inaccesible a las enzimas por estar encerrado dentro de matrices vegetales intactas (granos enteros, legumbres mal masticadas). El AR tipo 2 es almidón nativo en forma cristalina muy compacta, típica de la patata cruda y del plátano verde. El AR tipo 3 es almidón retrogradado: cadenas que tras la cocción y posterior enfriamiento re-asocian sus hélices en estructuras cristalinas que las enzimas digestivas no reconocen (arroz cocido y enfriado, pasta del día anterior). El AR tipo 4 son almidones modificados químicamente con fines tecnológicos. El AR tipo 5 está formado por complejos amilosa-lípido. La cuantía de almidón resistente en un alimento puede modificarse por las técnicas de cocción y conservación. El comportamiento físico del almidón cambia drásticamente con la temperatura y la disponibilidad de agua, fenómeno con consecuencias relevantes tanto para la cocina como para la industria alimentaria y la formulación de medicamentos. La gelatinización es el proceso por el cual los gránulos de almidón, sumergidos en agua y calentados por encima de una temperatura crítica (50-70 °C según la fuente botánica), absorben agua, se hinchan, pierden su organización cristalina y liberan parcialmente la amilosa en disolución. El resultado es un aumento marcado de la viscosidad y la formación de un gel translúcido. La gelatinización explica el espesamiento de las salsas con maicena (almidón de maíz), la textura del pan o la consistencia de las papillas. La retrogradación es el proceso inverso. Cuando un almidón gelatinizado se enfría o se conserva durante tiempo, las cadenas de amilosa y amilopectina vuelven a asociarse mediante puentes de hidrógeno, formando una red semicristalina más densa que la del gránulo original. La retrogradación es responsable del endurecimiento del pan al envejecer, de la sinéresis de natillas mal conservadas y de la generación de almidón resistente tipo 3. En tecnología farmacéutica, el control de la gelatinización y la retrogradación es crítico en la formulación de excipientes y vehículos de liberación controlada. Tres polisacáridos formados exclusivamente por glucosa coexisten en la biología y suelen confundirse: el almidón, el glucógeno y la celulosa. Las tres macromoléculas tienen el mismo monómero, pero la geometría del enlace cambia sus propiedades por completo. El glucógeno es el análogo animal del almidón: polisacárido de reserva energética, formado también por enlaces α-(1→4) y α-(1→6), pero con una densidad de ramificación mucho mayor —una rama cada 8-12 residuos, frente a las 24-30 de la amilopectina—. Esta ramificación más densa permite una movilización más rápida de la glucosa, adecuada al ritmo metabólico animal, y se almacena especialmente en hígado y músculo esquelético. Los defectos hereditarios del metabolismo del glucógeno (las glucogenosis) son cuadros clínicos bien caracterizados pero ajenos al metabolismo del almidón, que el organismo humano solo procesa como nutriente exógeno. La celulosa, en cambio, tiene la misma estequiometría que el almidón pero con enlaces β-(1→4) en lugar de α. La diferencia parece sutil pero es decisiva: las enzimas digestivas humanas reconocen los enlaces α pero no los β. Por eso el almidón se digiere y la celulosa no, motivo por el que esta última forma la fracción más abundante de la fibra dietética insoluble en la alimentación humana. Solo algunos microorganismos (bacterias y protozoos del rumen de los herbívoros, y en menor medida algunos miembros de la microbiota colónica humana) disponen de celulasas capaces de romper esos enlaces. Un dato evolutivo notable conecta el almidón con la historia de nuestra especie. El gen AMY1, que codifica la α-amilasa salival, presenta en humanos una variación inusual en el número de copias: la mayoría de mamíferos tiene dos copias de este gen, mientras que los humanos podemos tener entre dos y dieciocho. El trabajo de George Perry y Nathaniel Dominy, publicado en 2007, demostró que el número de copias se correlaciona con la dieta ancestral: las poblaciones humanas con tradición de alimentación rica en almidón (agrícolas, especialmente las basadas en cereales) tienen un número medio de copias significativamente mayor que las de tradición pastoral o cazadora-recolectora con menor consumo de almidón. La consecuencia funcional es directa: más copias de AMY1 significa más amilasa salival, una digestión inicial más eficiente del almidón y un mejor aprovechamiento calórico del alimento. Este hallazgo es uno de los ejemplos paradigmáticos de evolución metabólica reciente y rápida en la especie humana, vinculado al cambio de modo de vida tras la revolución agrícola del Neolítico (hace aproximadamente 10.000 años). Aunque la humanidad lleva cultivando y consumiendo plantas ricas en almidón desde el inicio de la agricultura, la caracterización química del polisacárido es relativamente reciente. En 1811, el químico alemán Gottlieb Sigismund Constantin Kirchhoff descubrió que el almidón de patata tratado con ácido sulfúrico diluido se transformaba en un compuesto dulce, identificado más tarde como glucosa: era la primera demostración experimental de que el almidón era una macromolécula compuesta por unidades de un azúcar simple. En las décadas de 1940 y 1950, los químicos suizos Kurt Heinrich Meyer y Thomas John Schoch caracterizaron por separado los dos polímeros del almidón —la amilosa lineal y la amilopectina ramificada—, sentando las bases de la comprensión moderna de su estructura. Más recientemente, la identificación del gen AMY1 y de su variación en número de copias ha aportado una dimensión genético-evolutiva al estudio del almidón. Procede directamente del latín amylum, a su vez del griego ἄμυλος (ámylos), "que no se muele". La partícula "al-" inicial puede inducir a pensar erróneamente en un origen árabe, pero no lo es: el término entró al español por vía culta a través del latín tardío y medieval. La primera documentación en español está fechada en 1488. La raíz indoeuropea subyacente es mel-, "moler" o "refinar", la misma de la que proceden "moler" y "molino". En la práctica son sinónimos. Ambos términos designan la misma sustancia química y la RAE los define cruzadamente: la fécula es "almidón pulverizado". La diferencia es de uso: "almidón" predomina en el lenguaje bioquímico, médico y nutricional general, mientras que "fécula" es más frecuente en contextos culinarios y alimentarios, especialmente referida al almidón obtenido de tubérculos y raíces (fécula de patata, fécula de mandioca). La harina de maíz altamente refinada, popularmente "maicena", es esencialmente almidón de maíz. Son los dos polímeros que componen el almidón. La amilosa es esencialmente lineal: cadenas de glucosa unidas por enlaces α-(1→4) que adoptan una disposición helicoidal en disolución; supone el 20-25% del almidón. La amilopectina es ramificada: las mismas cadenas α-(1→4) con ramificaciones α-(1→6) cada 24-30 residuos; supone el 75-80% restante. La diferencia estructural se traduce en propiedades distintas: la amilopectina es más soluble, se digiere más rápido y tiene mayor índice glucémico; la amilosa es menos soluble, retrograda con más facilidad y aporta una fracción mayor de almidón resistente. Por la geometría del enlace glucosídico entre las moléculas de glucosa. En el almidón, las uniones son α-(1→4) y α-(1→6), reconocidas y rotas por las amilasas y las disacaridasas humanas. En la celulosa, las uniones son β-(1→4), una configuración que el ser humano no tiene enzimas para hidrolizar. La diferencia parece menor pero es decisiva: el almidón es nuestra principal fuente energética; la celulosa, en cambio, atraviesa el aparato digestivo prácticamente intacta y constituye la fracción mayoritaria de la fibra dietética insoluble. Algunos microorganismos del intestino sí poseen celulasas y fermentan parcialmente la celulosa colónica. Es la fracción de almidón que no se digiere ni se absorbe en el intestino delgado y llega íntegra al colon, donde la microbiota intestinal la fermenta. Funcionalmente se comporta como fibra dietética. Su origen es variado: almidón físicamente inaccesible (granos enteros, legumbres), almidón crudo en forma cristalina (patata cruda, plátano verde), almidón retrogradado tras enfriamiento (arroz o pasta cocidos y enfriados), almidones modificados químicamente y complejos amilosa-lípido. La fermentación colónica produce ácidos grasos de cadena corta —acetato, propionato y butirato—, que tienen relevancia nutricional y para la salud intestinal. Si desea profundizar en conceptos asociados al almidón, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el almidón
Composición: amilosa y amilopectina
Gránulos de almidón: arquitectura supramolecular
Digestión del almidón en el organismo humano
Almidón resistente: la fracción que actúa como fibra
Gelatinización y retrogradación
Diferenciación con celulosa, glucógeno y otros polisacáridos de glucosa
El gen AMY1 y la evolución de la dieta humana
Contexto histórico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra almidón?
¿Es lo mismo el almidón que la fécula?
¿Qué diferencia hay entre amilosa y amilopectina?
¿Por qué el almidón se digiere y la celulosa no, si los dos están hechos de glucosa?
¿Qué es el almidón resistente?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
© Clínica Universidad de Navarra 2026