DICCIONARIO MÉDICO
Acrodinia
La acrodinia es un síndrome que aparece tras la exposición prolongada al mercurio, sobre todo en niños, y se manifiesta con dolor intenso en manos y pies, coloración rosada de la piel distal e irritabilidad marcada. Conocida también como enfermedad rosa o pink disease, fue un cuadro frecuente en la primera mitad del siglo XX y prácticamente ha desaparecido desde que se retiraron del mercado los polvos dentales con calomelanos. Se trata de un síndrome de base tóxica provocado por la exposición crónica a compuestos de mercurio inorgánico. Dentro del espectro de la intoxicación mercurial ocupa un lugar propio: afecta de forma predominante a lactantes y niños pequeños, cursa con un componente cutáneo que no pasa desapercibido y, según se documentó durante las grandes epidemias del siglo XX, solo aparecía en una fracción reducida de los individuos expuestos. El término procede del griego ἄκρος (ákros, 'extremo', 'punta') y ὀδύνη (odýnē, 'dolor'), con el sufijo -ία que indica cualidad. La palabra se acuñó en francés en 1828, cuando el médico A. Chardon describió una enfermedad epidémica con hormigueo intenso en las extremidades que se extendió por París ese mismo año. Durante más de un siglo, el cuadro recibió nombres diversos: eritredema, eritredema polineurítico, enfermedad de Feer, enfermedad de Swift-Feer, enfermedad de Selter o, en el mundo anglófono, pink disease por la coloración rosada oscura que adquirían los dedos y la punta de la nariz de los niños afectados. Al unirse a grupos sulfhidrilo de proteínas celulares, el mercurio inorgánico altera la función enzimática y genera estrés oxidativo en múltiples tejidos. En la acrodinia, el daño se concentra en el sistema nervioso periférico y en el sistema nervioso autónomo, produciendo una polineuropatía sensitiva con trastornos vasomotores prominentes. Esa combinación explica la coexistencia de dolor distal, eritema acral y sudoración profusa en palmas y plantas. No todos los niños expuestos al mercurio desarrollaban acrodinia. Los estudios epidemiológicos de mediados del siglo XX estimaron que solo uno de cada 500 niños en contacto con calomelanos (cloruro mercuroso) llegaba a presentar el síndrome. Esa proporción tan baja hizo pensar a muchos investigadores en una susceptibilidad idiosincrásica, una especie de vulnerabilidad individual que el propio Warkany, pionero en vincular la enfermedad con el mercurio, prefirió describir como una disminución transitoria de la tolerancia al metal. El mecanismo exacto sigue sin aclararse. La vía de entrada más habitual durante las epidemias del siglo XX fue la ingestión repetida de polvos para la dentición infantil que contenían calomelanos. También se documentaron casos por contacto cutáneo con cremas mercuriales, inhalación de vapores en el hogar y, de forma más esporádica, por pinturas con fungicidas organomercuriales. Desde la descripción original de Chardon en 1828, la acrodinia se registró como un cuadro esporádico durante casi un siglo. A partir de la década de 1920, sin embargo, los casos se multiplicaron en países industrializados (Reino Unido, Australia, Estados Unidos) coincidiendo con la popularización de polvos dentales a base de calomelanos. El pico de mortalidad en el Reino Unido se produjo entre 1939 y 1948, un período en el que se contabilizaron centenares de fallecimientos pediátricos atribuidos a la enfermedad. En 1948, Josef Warkany y Douglas Hubbard publicaron un hallazgo que resultaría decisivo: de 20 niños con sospecha de acrodinia, 18 presentaban concentraciones elevadas de mercurio en orina. Los dos casos negativos habían sido catalogados ya como atípicos. Fue la primera demostración sólida del vínculo causal, y obligó a replantearse décadas de hipótesis previas que habían atribuido el cuadro a infecciones, avitaminosis o reacciones alérgicas inespecíficas. La retirada progresiva de los calomelanos de los productos infantiles comenzó a principios de la década de 1950. En el Reino Unido, la tasa de mortalidad por acrodinia se redujo a la mitad en 1954 y volvió a dividirse por dos en 1955. Para finales de esa década, el cuadro había desaparecido casi por completo de la práctica clínica pediátrica. Los casos contemporáneos son raros y suelen relacionarse con exposiciones accidentales a termómetros rotos, cosméticos con mercurio o fuentes ocupacionales. Mercurialismo crónico general. La intoxicación crónica por mercurio en adultos produce temblor intencional, alteraciones del comportamiento y gingivitis, pero rara vez presenta el componente cutáneo rosado ni la distribución acral tan característica de la acrodinia infantil. En el adulto predomina la afectación del sistema nervioso central; en la acrodinia, el sistema nervioso autónomo periférico lleva la delantera. Enfermedad de Kawasaki. Comparte con la acrodinia el eritema palmoplantar, la descamación distal y la irritabilidad en niños pequeños. La fiebre prolongada, la afectación de las arterias coronarias y la ausencia de exposición mercurial permiten distinguirlas, pero la similitud clínica fue señalada ya en la literatura toxicológica del siglo XX. Acrocianosis. Produce coloración azulada (no rosada) de manos y pies, sin el dolor intenso ni la hiperestesia propios de la acrodinia, y no guarda relación con la exposición a metales pesados. Conviene recordar que la RANM recoge también una acepción más amplia de acrodinia como dolor distal por polineuritis sensitiva de cualquier causa, incluyendo la enfermedad de Fabry y el ergotismo, si bien en la práctica el término se asocia casi exclusivamente al síndrome mercurial pediátrico. Del griego ἄκρος ('extremo', 'punta') y ὀδύνη ('dolor'). Literalmente significa 'dolor en las extremidades'. El término se introdujo en la literatura médica francesa en 1828 para nombrar un brote epidémico con dolor y hormigueo intenso en los dedos que afectó a la población de París. Como cuadro epidémico, no. Desapareció tras la retirada de los calomelanos de los productos infantiles en la década de 1950. Los casos que se describen hoy son aislados y se asocian a exposiciones accidentales al mercurio: termómetros rotos, cremas para aclarar la piel o contaminación doméstica. No exactamente. La intoxicación por mercurio abarca un espectro amplio de cuadros clínicos que dependen de la forma química del metal, la dosis y la vía de entrada. La acrodinia es una manifestación concreta, predominantemente infantil, con un patrón cutáneo y neurovegetativo específico. Solo una minoría de los niños expuestos al mercurio la desarrollaban, lo que apunta a un componente de susceptibilidad individual. Por la coloración rosada oscura, a veces descrita como rosa empolvado, que adquirían las puntas de los dedos de manos y pies, la nariz y, en ocasiones, las mejillas de los niños afectados. El nombre en inglés, pink disease, se popularizó en la literatura médica anglosajona precisamente por ese signo tan visible. Estudios realizados décadas después de las epidemias encontraron que algunos varones supervivientes de acrodinia infantil presentaban azoospermia obstructiva e infecciones sinopulmonares recurrentes, un cuadro conocido como síndrome de Young. La hipótesis más aceptada es que la exposición temprana al mercurio pudo dañar el epitelio de los conductos deferentes, aunque la relación causal no se ha demostrado de forma concluyente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la acrodinia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la acrodinia
Fisiopatología y vías de exposición
Contexto histórico y desaparición del cuadro
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra acrodinia?
¿La acrodinia sigue existiendo?
¿Es lo mismo acrodinia que intoxicación por mercurio?
¿Por qué se la llamaba enfermedad rosa?
¿Qué relación tiene con el síndrome de Young?
Referencias
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