DICCIONARIO MÉDICO
Abrasión
La abrasión es una lesión superficial de la piel que se produce cuando esta se desliza o frota contra una superficie rugosa. Afecta sobre todo a la epidermis y, según su profundidad, puede extenderse a la dermis superior. Se trata de una de las heridas traumáticas abiertas más frecuentes en la práctica clínica. En medicina, la abrasión es la pérdida de sustancia cutánea causada por el roce o raspado de la piel contra una superficie áspera. A diferencia de lo que ocurre con un corte limpio, aquí no hay un borde nítido: la fricción arranca de forma irregular las capas más superficiales del tegumento y deja expuesto un lecho vivo, húmedo y a menudo salpicado de detritos —gravilla, tierra, fibras textiles— que quedan atrapados en el tejido dañado. La palabra procede del latín medieval abrasio, -onis, formado a partir del prefijo ab(s)- ("separación", "privación") y el verbo radere ("rascar", "raer"), con el sufijo -sio que indica acción. En su origen latino significaba "afeitado", y así aparece ya en textos médicos medievales con el sentido de eliminar tejido por raspado. La primera documentación en español se remonta a 1495, en la traducción castellana del Lilio de Medicina de Bernardo de Gordonio: "aquella llaga será por manera de alguna abrasión". Tres siglos más tarde, en 1829, Risueño la recoge en su Diccionario veterinario, y desde entonces su uso médico no ha dejado de ampliarse. Dentro de la clasificación general de las heridas, la abrasión pertenece al grupo de las heridas traumáticas abiertas, junto con la laceración, la incisión y la punción. Lo que la distingue de todas ellas es su mecanismo: mientras que la incisión se produce por un objeto cortante y la laceración por tracción o desgarro, en la abrasión es la fricción tangencial —la piel deslizándose contra el asfalto, la grava o el césped artificial— la que arranca las capas superficiales. La piel está organizada en dos compartimentos bien diferenciados. El exterior, la epidermis, es un epitelio estratificado cuyas células más superficiales —los corneocitos del estrato córneo— están queratinizadas y actúan como barrera. Debajo se encuentra la dermis, un tejido conjuntivo más grueso que alberga los vasos sanguíneos, las terminaciones nerviosas, los folículos pilosos y las glándulas sudoríparas. Cuando la piel roza contra una superficie rugosa, la fuerza de cizallamiento se distribuye en un plano amplio pero poco profundo. La epidermis, que carece de vasos, absorbe la mayor parte de la energía. Por eso las abrasiones superficiales apenas sangran: rezuman un líquido seroso que procede de la rotura de las células epidérmicas y de los capilares más superficiales de las papilas dérmicas. Solo cuando el roce es intenso o prolongado —lo que los anglosajones llaman road rash, la "quemadura de asfalto" de los accidentes de moto o bicicleta— la pérdida de sustancia alcanza la dermis y aparece un sangrado más evidente, aunque rara vez copioso. La clasificación habitual distingue tres grados según la profundidad del daño. En la abrasión de primer grado solo se afecta la epidermis: la piel aparece enrojecida, puede escocer al contacto con el agua o el sudor y la reparación se completa en pocos días sin dejar marca. Es el raspón común de una caída sobre las palmas de las manos o las rodillas. La de segundo grado alcanza la dermis superficial. Hay un sangrado leve —puntiforme, difuso— porque los capilares de las papilas dérmicas quedan expuestos, y la zona resulta más dolorosa porque las terminaciones nerviosas libres de la dermis papilar también se dañan. La cicatrización es algo más lenta, y en pieles con tendencia a la hiperpigmentación puede quedar una marca transitoria. Cuando el daño penetra hasta el tejido subcutáneo se habla de abrasión de tercer grado o avulsión. La denominación es engañosa, porque a esa profundidad la lesión deja de comportarse como un simple raspón: se pierde por completo la cubierta epidérmica y parte de la dermis, puede quedar expuesto el tejido de granulación o incluso la fascia, y la reparación exige un manejo especializado. La excoriación (o escoriación) comparte con la abrasión el hecho de ser una pérdida superficial de epidermis, pero el mecanismo difiere: en la excoriación la fuerza es lineal —el arañazo de una uña, el rascado compulsivo sobre una lesión pruriginosa—, mientras que en la abrasión la fricción actúa sobre un área más amplia y de forma tangencial. En la práctica forense la distinción tiene relevancia, porque el patrón de la lesión puede orientar sobre el mecanismo del traumatismo. Con la erosión cutánea cambia el criterio: designa cualquier pérdida de epidermis sin afectación de la dermis, pero no presupone fricción mecánica —puede ser consecuencia de una ampolla rota, de un proceso inflamatorio o de una reacción medicamentosa—. Y la laceración implica ya un desgarro del tejido con bordes irregulares, generalmente por impacto contra un objeto romo o por tracción, con una profundidad que la abrasión solo alcanza en su grado más extremo. Conviene señalar que el término "abrasión" se emplea también en oftalmología para referirse al raspado de la córnea —la abrasión corneal—, una lesión frecuente por cuerpos extraños, lentes de contacto o traumatismos directos sobre el ojo. El mecanismo es análogo: fricción sobre un epitelio superficial, en este caso el epitelio corneal en lugar de la epidermis. Del latín medieval abrasio, compuesto por el prefijo ab(s)- ("separación") y el verbo radere ("rascar"). Literalmente significa "acción de rascar separando". En los textos latinos medievales designaba el afeitado o raspado de una superficie, y en español se documenta por primera vez en 1495 con sentido médico, en la traducción del Lilio de Medicina de Bernardo de Gordonio. No. La abrasión se produce por fricción amplia contra una superficie rugosa —una caída sobre asfalto, por ejemplo—, mientras que la excoriación resulta de un trazo lineal, como un arañazo o el rascado repetido. Ambas afectan a la epidermis, pero el patrón de la lesión es distinto y, en medicina forense, esa diferencia ayuda a reconstruir cómo se produjo el daño. Depende de la profundidad. Las de primer grado curan sin marca visible. Las de segundo grado pueden dejar una hiperpigmentación transitoria, sobre todo si la herida se infecta o se expone al sol durante la fase de reparación. Solo las de tercer grado, que alcanzan la dermis profunda o el tejido subcutáneo, tienen un riesgo apreciable de producir una cicatriz permanente. Es un raspado del epitelio que recubre la córnea, la capa transparente situada en la parte anterior del ojo. Se produce cuando un cuerpo extraño —una partícula de polvo, arena, una pestaña— roza la superficie corneal, o por el uso prolongado de lentes de contacto. El mecanismo es el mismo que en la piel: fricción que arranca células epiteliales superficiales. Si desea profundizar en conceptos asociados a la abrasión, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la abrasión
Por qué la abrasión se limita a las capas superficiales
Grados de profundidad
Diferenciación con la excoriación, la erosión y la laceración
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "abrasión"?
¿Es lo mismo una abrasión que una excoriación?
¿Las abrasiones dejan cicatriz?
¿Qué es una abrasión corneal?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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